BORGES AND PUSHKIN

BORGES AND PUSHKIN

Juan Navarro

by Manuel Lasso, PERU

The last time I spoke with Jorge Luis Borges was at the Chapel of la Madonna della Strada, at the University of Loyola, by the shore of the Lake Michigan, a few months before his demise.
He was very advanced on his evolution, so he had to be carried to the podium and within that diverse audience he seemed like a honorable Ancient. He had the appearance of a gentleman of the beginning of the XX century and because of that reason he reminded me of my grandfather Nicanor, who used the same hair style and the same necktie, as it was the fashion during those times. Even his colloquial expressions seemed similar to the ones I had observed on my ancestor.
I remember with unusual clearness the greeting he gave to one of the attendees. So lucid is that reminiscence that it seems to me that I am listening to him at this moment, smiling and holding the handle of his bright cane.
“How well we are doing, aren’t we?”
I made all possible efforts to be near him because I knew there would not be another chance. I remember him talking about “The sound and the fury” which for some unknown reason seemed to be of his liking. However, what I remember most is the answer he gave to one of the students.
“Borges, what advice can you give to the young students?”
With a fragile and soft voice, he answered:
“The same advice my father gave me: Don’t rush for publication. You may die by the print.”
Some time afterwards, perhaps several years later, when I was reading a short story by Pushkin, I had the sensation of perceiving Borges style. It seemed incredible to pore over the lines of Pushkin and have the impresion that I was reading Borges. Undoubtedly that was something impossible, because Aleksander Pushkin was born a hundred years earlier, in 1799 and died in a duel, still young, in 1837. Therefore it had to be the reverse. When I was reading Borges I had to have the sensation of reading Pushkin.
Jorge Luis Borges always considered the Russian poet as one of the authors who had influenced on his artistic development.

BORGES EN EL RECUERDO 

La  única y última  vez que hablé con Jorge Luis Borges fue en la Capilla de laMadonna della Strada en la Universidad de Loyola, a orillas del Lago Michigan, pocos años antes de su muerte. Se encontraba bastante avanzado en su evolución humana de modo que lo tuvieron que llevar casi cargando a la mesa de conferencias y en medio de esa audiencia tan variada se le veía como a un gigante ancianísimo.
Tenía la apariencia de un caballero de los comienzos del siglo XX y por tal razón me hacía recordar de mi abuelo Nicanor porque llevaba el mismo estilo de peinado, hacia atrás, como se usaba en esos tiempos y se apoyaba en un bastón, levantando el mentón. Aun sus expresiones coloquiales eran similares a las que yo había observado en el padre de mi progenitor.
Traigo a la memoria con mucha claridad el saludo que le dio a uno de los asistentes y es tan nítida esta reminiscencia que hasta me parece estarlo escuchando en este momento, sonríendo y apoyando las manos sobre el mango de su brillante bastón:
“Que bien que estamos, ¿verdad?”
Hice todo esfuerzo posible por aproximarme y hablarle porque sabía que no habría otra oportunidad. Lo rememoro platicando sobre The sound and the fury de William Faulkner que por alguna razón parecía despertarle una inmensa satisfacción; pero lo que evoco con más nitidez es la respuesta que dio a una pregunta de los estudiantes:
“Borges, ¿qué consejos le podría dar a los jóvenes de hoy?”
Y él, con una voz muy frágil y apagada, casi como si le estuviese hablando al oído, respondió:
“El mismo consejo que me dio mi padre. No se apresuren por publicar… Recuerden que por la imprenta perecerán…”
Cierto tiempo después, luego de algunos años, cuando me encontraba leyendo un cuento de Pushkin tuve la sensación de estar percibiendo a Borges. Me pareció algo inusitado e increíble, en ese instante, pasar por las líneas de Pushkin y tener la impresión de estar leyendo a Borges. Indudablemente era algo imposible, porque Aleksander Pushkin nació cien años antes, en 1799 y murió en un duelo, siendo muy joven, en 1837. Por lo tanto tenía que ser al revés. Cuando se leía a Borges se tenía que tener la impresión de estar leyendo a Pushkin.
Jorge Luis Borges siempre reconoció al narrador ruso como a uno de los autores que más habían influenciado en su desarrollo artístico. Ahí entonces se encontraba la explicación.

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