El llamado del abismo – José Revello

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El llamado del abismo

(Comparto las primeras paginas hallado en los documentos de Laureano Owen. Publicados en “El llamado del abismo”- Recomiendo leer la contratapa de la imagen antes de su lectura)

CANTO SEGUNDO
(¡Legsana!)
NAVEGACION. VIERNES, 9 DE ENERO. (1981)
Todo comenzó aquella apacible tarde. El “Islas del sur” Navegaba sobre mar calmo. Aunque abierto en nuestro rumbo, no divisamos la franja de tierra. Mientras caminaba por uno de sus bandas (tal como solía hacerlo cuando el tiempo y la distribución de la carga sobre cubierta lo permitían) de pronto advertí algo se movía en las aguas. Alcance a divisar un cuerpo. Un escalofrió me atravesó. Me acerque rápidamente a la borda. Se me cruzo la posibilidad algún compañero se precipito al océano. Procure no perder de vista el punto de contacto. Si bien registre los pasos a seguir (en teoría conocía las reglas ante la dramática situación de hombre al agua) (1-A) (Nota final del capítulo) y aunque se cruzó el arrogar un salvavidas, no atine a movilizarme; me quede ahí, incapaz de reaccionar, petrificado y lleno de asombro, pues comencé a percibir una criatura nadando a la par igualando nuestra marcha. Algo atrajo mi atención (tal vez la causa de mi estupor) aquel cuerpo poseía una rareza como jamás vi en los mares. No hallo las palabras. Quizás nunca las tenga. Solo resta decir tuve ante mis ojos lo que parecía ser una SIRENA DE MAR ¡Dios! ¿Cómo asimilar tal descubrimiento? jamás supe sí existí en esos instantes, si fui yo realmente. No pude dar crédito a lo que veían mis ojos. Pero todo fue vertiginoso. La visualice sobre la planicie oceánica. Pese a la distancia -quizás unos cincuenta metros- la distinguí con nitidez. De pronto una sensación me estremeció. Me pareció fuera “interceptado” (?) por su “mirada” (?) ejerciendo una “influencia” (?) en mi persona y quizás mi voluntad (?) cómo bajo efectos de un “poder hipnótico”. Preso de esta fuerte impresión que me causo -que no hubo de abandonarme largo tiempo- quede petrificado ante esa presencia irreal y desconocida surgida de los abismos…
Pero creo llegue a límites de mi asombro, cuando de súbito percibí una “voz” venir de alguna parte ¡como si esa criatura tratara de comunicarse conmigo! El efecto que me causo fue como descarga eléctrica a mi cuerpo, quizás a mí ser interior.
“!Hombre que cruzas él Mar!… !Escucha!… ¡escucha!… Soy LEGSANA. Hace MURES vengo siguiendo al JUDRUL sondeando cuanto pude. Fue mi voluntad este acercamiento porque deseo conocerte. Es necesario sea. (?) Pon atención y escucha. Hablo a lo íntimo de tu ser, lo que desees decirme tan solo piénsalo…”

José Revello

José Revello

Tan azorado me halle de “oír” esas palabras (tan claras y nítidas como el azul de los cielos) que no omití sonido alguno. Atine a comprender algo debía hacer, experimente una imperiosa necesidad de gritar, dar la alarma. Pero fui incapaz de ordenar mis ideas. Esa criatura permaneció un tiempo sobre la superficie. Fue dando saltos girando sobre sí misma. Sé zambullo y reaparecía jugando con espacios encumbrados, casi rendido a sus encantos. En eso quedo “abstraída” por la visión del firmamento, profundo como el océano, perdió toda atención y en esa “ausencia” se fue alejando y de pronto, desapareció… (1)
Poco después la visualice. Pareció volver de su “éxtasis” y acercándose se zambullo en las aguas, emergiendo ora más cerca, ora más lejos, aquí y allá exaltando su primacía. No sé cuánto duro aquel espectáculo, perdí noción del tiempo. Volvi a perderla de vista. Circunvale la planicie. El silencio fue su presagio. ¿Se desplazó por otra banda? ¿Se fugó a los abismos? en medio de mi desazón me sacudió su “voz” y escuche.
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(1) Con el beneficio del tiempo y la perspectiva, hurgando mis notas, cuesta entender esa extrañeza. Cuando desapareció lo creí algo definitivo, a suerte y verdad quedando su etérea imagen y sentí desolación. Experimente irracional deseo de volver a verla. Y afloro esa sensación: Algo se “gesto” tras su aparición. Pero debo seguir fiel al orden de los acontecimientos que me tocó vivir y presenciar en aquel viaje (Nota de L Owen)
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“!Hombre que cruzas el mar, escucha. Pon atención y escucha. Deseo oigas los CANTOS DE MI AYHISAY por ellos fui consagrada en los CIRCULOS DE LA ECUACION DE NESH antes de partir de mi INOWA, hace ya varios MURES. Es mi deseo fluyan. Estos dilectos CANTOS son sagrados para mis Nan-tules. Nunca fue percibido por oídos humanos. Pero es mi deseo lo recibas como ofrenda de comunión entre tus especies y la mía…”
Se hizo silencio. De pronto surgió ese canto inmemorial. Semejaba ser una “sinfonía” venida de todas partes y ninguna a la vez (¡Cómo faltan las palabras!) Aquel canto espectral tuvo la virtud -pese a mi congoja emocional- de conmoverme a tal punto que brotaron mis lágrimas esa tarde de mi vida. Este arranque de emoción fue bálsamo liberador a la tensión que venía soportando. Pero lejos de asumir el suceso. Lo único tangible y real fue esa criatura “asomada” a las planicies oceánicas. Por minutos siguió ese profundo “canto” hasta diluirse con las olas (costo discernir si estuviese sonando a mis oídos) entonces resonó su “voz”: “Estos CANTOS son partes primordiales de mis NAN-THULES. Aunque su primosidad es adoptada por la totalidad de mis especies, son emanados en frecuencias que tienden al infinito por LAS MAS RECONDITAS (como fuimos llamadas desde lejanos ON-MURES) Si bien no significa asumir custodia predilecta de sus cantos pocas asumen sus designios primordiales. A mi fue transmitido su revelación en los círculos de LA ECUACION DE NESH, en tramos finales de mi AYHISAY. Hombre que cruzas el Mar. Provengo de las profundidades. De un Ani-thu (“lugar” “territorio” seria su traducción aproximada) Conocida por mis Nan-thules como LOS UMBRALES DE INOWA. Pertenece a los dominios de mis especies desde lejanos On-Mures.
Es un lugar donde sé reúnen y congregan por largos periodos miles de mis YHE-SAYS. En esos dominios reside los gigantescos MUROS del OR–MUL DE LEGSAN-THU. Del Ani-Thu parten las más recónditas en sus exploraciones. Pero necesario es lo sepas, en la consagración a los CANTOS DEL AYHISAY pocas son autorizadas a emprender una de las expediciones más peligrosas: Las realizadas a superficies de la GRAN-MADRE-YHI–MUL (1) donde se desarrollaron las razas humanas. No todas reúnen condiciones necesarias para emprender estas exploraciones, un privilegio pocas veces otorgado. Aunque cruzan grandes distancias migratorias durante toda su existencia mis Nan-Thules raras veces abandonan las profundidades. Solo algunas -de las que hayan sido conocidas y recordadas a través de los On-Mures- han conseguido abordar las superficies de la GRAN-MADRE y hasta donde sabemos, pocas retornaron. Pero los épicos designios que realzaron grandes sus búsquedas (como originarias de las más recónditas) fueron veneradas como “minorías del primer orden” y registrado en anales de On-Mures como ”exploradoras de los émulos finales”. Poco puedo revelar de sus historias. Al recibir los fundamentos de mi Ayhisay, una vez descubierto MIS DESIGNIOS PRIMIGENIOS, fui venerada con el lus-mil de LEGSANA. Así consagrada como una de “las más recónditas” y siendo mi voluntad, accedí a ese privilegio pocas veces otorgado, fui enviada en las “exploraciones de los émulos finales”. Por eso estoy lejos de mis reinos naturales. Así debió ser”
Se hizo otro crudo silencio. De pronto la intercepte en el horizonte. Fue cuando ocurrió algo majestuoso que tan solo
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(1) Es necesario hacer una aclaración. Las frases que designaron cosas durante estos mensajes telepáticos (¡jamás lo entendí de otra manera!) otorgados por Legsana esa tarde, fueron dichos en lenguaje original, pero anotado ficticiamente por mí. Me explico. Tanto INOWA, LEGSAN-THU, AYHISAY son “etimologías” tal cual sonaron a mis oídos y así lo transcribí. Ignoro si es correcto su manera de escribir como pronunciar, pero así lo escuche. Sin embargo definieron cosas que esta criatura quiso “filtrar” cuanto “diálogo” sostuvo con este incauto testigo. Si bien tuve la inverosímil oportunidad de estudiar “signos” y “figuras geométricas” conservado por estas dilectas hijas del Mar, lejos estuve de saber su origen. Pero el haber tenido un infinitesimal contacto con raíces de un lenguaje oculto y perdido en los abismos, fue algo mágico. Pero será mejor no adelantar los acontecimientos. Aclarado el punto, sigamos con lo acontecido esa confina tarde en el Atlántico. (N de O)
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en su ostentación, desarticulo los factores conceptuales, hoy sobrecoge mi corazón el recordarlo. Hizo brusco giro en su desplazamiento ¡y se lanzó en vertiginosa carrera en línea recta a donde estaba! En eso se sumergió, pero pronto emergió (tan bruscamente que di un respingo) ¡nadando cerca del buque!. Y de esta forma sin precedentes, se produjo su mayor acercamiento y por unos sublimes, pero escalofriantes momentos, la tuve ahí debajo mio, a escasos tres metros que separaba la borda de la línea de flotación. ¿Cómo describir lo que vieron mis ojos? La visión de esa belleza singular, exótica y desconocida. En su intención de permanecer en parte la obligo a campear las aguas desplazadas por el avance del buque. Fue arduo focalizar mi vista. Atisbe su hábil despliegue anatómico. En esos momentos giro sobre su perfil izquierdo y descubrí sus grandes ojos, profundamente azules y animados (¡esos ojos que se “fijaron” en la distancia!) descubrí el fulgor de su exótica mirada, oculta en su estrecha melena. Lo segundo que llamo mi atención. Este derroche de sus cabellos –negros, tupidos y extrañamente sedosos a mi vista- semejaba ser un manto que la cubría (quizás la protegía) hasta más abajo de su cintura, donde comenzaba aquella “trastocacion” de su ser que la definía como criatura de hábitos acuática (aunque dio la impresión de respirar el aire de la superficie sin dificultad) pero con singulares rasgos humanos…
Continué mis observaciones. Note su cuerpo escamado enalteciendo su belleza. De pronto percibí una “opalescencia” visible a mis ojos -quizás surgida en esos instantes- sé “desprendió” de su alrededor. Dio la sensación de no ser efecto causado por su roce físico con las aguas, sino algo surgido como el éter y la fuerza de una vida inconmensurable y antiquísima, atrapada por siempre en las profundidades. Esa confina claridad se hizo de “ella” brevemente. (1) alerta a mis observaciones a su vez
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(1) Declaro haberlo visto. Pero no sé explicarlo. Puede sugerirse una ilusión óptica. En ese caso, debe darse una propiedad aleatoria en la zona donde se registró: Es decir el mar. Algo abierto sin más que horizonte y cielo. Pero fue claro y radiante para ser una ilusión óptica. (Quizás tres minutos) fue lo presenciado y nada anormal sucedió en la
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me escudriñaba, indagaba, mi inquiría. De pronto se colocó de espaldas siguiendo esa posición. Busque escrutar su rostro, imposible oculto en la estrecha melena. Solo se insinuó la “hendija” de su luminosa mirada. Sus movimientos dificulto la visión. De pronto se arrimó al borde del casco (en ese “tramo” crea un “pasadizo”, el agua bordea pero no toca el casco siendo quizás un metro de ancho) surgió uno de sus brazos y con largos dedos acaricio la superficie carcomido por el óxido. Venia soportando una fuerte aceleración cardiaca. Toda “ella” era la imagen del asombro y el desconcierto “jugando” libre en planicies oceánicas. De pronto pareció satisfecha. Guardo sus brazos y se desplazó cruzando la turbulencia. A los metros giro en redondo y se situó de frente a mi nadando de espaldas. Fue cuando me me “lanzo” aquella mirada que no podré olvidar. ¿Qué “mensajes” quiso transmitir? No hubo más tiempo. (1) Dio un giro y se alejó sin poder equilibrar mis esquemas mentales. Sé había esfumado de mi vista. Sufrí entonces una paradójica reacción. Me invadió una imperiosa necesidad de salir del trance, apartar (¡las palabras no me ayudan!) su presencia de mis pensamientos. Fue algo desequilibrante. Me sentí desdibujado de cubierta, desplazado a otro plano dimensional.

(1) Esto fue observado el tiempo que permaneció cerca (quizás unos cinco minutos) Lo suficiente para hacer un reconocimiento del buque y quizás de mi persona. Yo registre rasgos de su fisonomía. Pero me sentí cautivado al ser “filtrado” por esa criatura. Pero ahí mismo sin yo intuirlo, fui transportado a la quintaesencia de sus afectividades más puras, a sus instintos seguidores, su virtuosidad. Debo confesar también nunca la mencione que no sea “ELLA” o LEGSANA, a lo sumo hija del mar. Es que bajo esa condición sé manifestó como algo más allá de si misma. Sé descubrió como la inteligencia más sublime que jamás haya existido en los mares, en un plano casi humano sin serlo propiamente. Legsana se “personalizo” de este modo porque fue como quiso ser conocida y recordada. (N de O)
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atmósfera (al menos conocido) que justificara otra causa. Esa radiación se proyectó en volumen y espacio a su alrededor, es como apretar un botón y prender la luz de un cuarto oscuro. Fue luminoso “candil” que “prendió” a la luz del día. Lo siento. Mas no puedo decir, desconocí su origen. (N de O)
Preso de esta inquietud, confusa e inamisible pero real y persistente quise hallar el medio de recuperar mi equilibrio. Pero volé al horizonte donde esa inmensidad pareció abrazarme sin retorno ¿Cómo asimilar cuanto había visto? ¿Cómo digerir tamaña locura? No tome conciencia de lo sucedido desde que percibí su profunda “voz” resonó en mi confundido interior ¿Cómo saber si no había caído en un delirio, perdiendo mi raciocinio y la noción de la realidad? busque justificar esa pastosa sensación de irrealidad, dándole una explicación más lógica a la visión de esa criatura alucinante surgida de los abismos.
Mire a mí alrededor. Mi aturdimiento contrasto con la normalidad de esa tarde. El Islas Del Sur surcaba a toda máquina dejando una estela. El cielo era de celeste profundo y soleado, cubierto por extraviadas nubes. Sobre el puente divise los hombres apostados en su guardia (un oficial y marinero) detrás de los ventanales vigilando el horizonte. De pronto me estremecí ¡Oteando el horizonte! ¡Vigilando cualquier cosa surgida! no lo tuve en cuenta hasta esos instantes ¡los hombres allí apostados! ¡Tendrían que haberla visto! Preste toda atención a ese estratégico sector de la nave. Trate de captar algo indujera tal posibilidad. Pero no advertí el menor movimiento. De haberse producido hubiese reclamado mi atención frente al fenómeno registrado. Nunca se abandona la vigilancia. Sin embargo estaban en su tediosa vigilia. Eso multiplico mi confusión. ¿Cómo no la vieron? Por el panorama abarcado por ahí es prácticamente imposible pasar desapercibida, con mayor razón cuando se produjo ese prodigioso acercamiento a la banda por donde me encontraba, es decir, en directa visión de esos hombres. No podía explicarlo. No tenía el menor sentido. Me percate los radares tampoco funcionaban, dado la lejanía de las costas, la visibilidad optima y ausencia de barcos en nuestro rumbo. El océano mecía su quietud, la brisa nos envolvía en placentera navegación. Todo era rutinario y normal. Eso me produjo un extraño efecto, tranquilizador y angustiante a la vez; saber que estaban mis compañeros, cumpliendo tareas o descansando, reflejaba un equilibrio, un hecho real del cual formaba parte. Pero a su vez parecía equilibrar al borde de un “abismo” sobre un puente tendido entre mi realidad vivida y la brusca irrealidad persistente ante mis ojos. Fui legando a límites de mi comprensión.
-“!Hombre que cruza él Mar! -volvió a sacudirme su “voz”- Escucha, escucha. Voy asimilando la índole de tus dudas. ¿Por qué recelas y desconfías? ¿Por qué vacilas de lo visto? ¿Por qué no asumir cuanto han captado? No debes temer. Mi lus-mil es LEGSANA. Soy real y existo. Cuanto has visto y oído son verdades de mis Nan-Thules. Ahora pon atención y escucha. Debí abandonar los dominios de INOWA, donde convergen grandemente mis especies. Gradualmente me fui internando en los dominios inhóspitos, descubriendo Yha-sias desconocidas. Fui sorteando distancias ascendentes. Las condiciones fueron aceradas e interminables. Pero continué porque mi existencia son los “cantos de mi Ayhesay”. Padecí penosas adaptaciones a depresiones y densidades en hendiduras de tu mundo, donde me encuentro, donde, sin embargo, urge seguir. En ocasiones creí no sobrevivir pero mi Ayhisay prevaleció. Finalmente atravesé meridianos pocas veces abordados llegando a las “exploraciones de los émulos finales”. Soy una de las pocas que lograron sobrevivir a tal objetivo. En estas alturas ciertos MURES deberé permanecer. Aquí en estos niveles supremos (con relación a altura, distancia y densidad) habitan infinidad de especies en sus habitad naturales. Raras veces se producen invasiones de territorios no conocidos, salvo por amenaza de peligros. Nunca se entrecruzan diversidad de especies a través de los on-mures. Cada uno evoluciono en nivel de la gran-madre-yhi-mul por instintos de supervivencia tendientes a mejorar sus patrones evolutivos. Pero para las MÁS RECONDITAS eso siempre fue una excepción. Hombre que cruzas el mar. Como fue estimado en los cantos de mi ayhisa, debí partir en lejanas exploraciones. Fui preparada para tal fin en el OR-MUL DEL LEGSAN-THU. Sin embargo de haberlo deseado habría permanecido en. UMBRALES DE INOWA Pero hubiese desestimando los cantos de mi ayhisay negando su extraño designio. Aunque es voluntario entre las más recónditas, en mí hubiese significado renunciar al privilegio del que fui dotada: Mis condiciones que facultaron emprender mi viaje a fronteras de tu mundo. Fue mi deseo llevar la posibilidad pocas veces otorgada entre mis especies, sobre todo entre las más recónditas. Parte de su estimación se cumplió al abordar los niveles de la gran-madre yhi-mul. Ahora pon atención y escucha. Los dominios de tu mundo fueron abiertos a los míos. Y deberé permanecer cuanto pueda. Hombre que cruzas el mar. Jamás oídos alguno han escuchado estas secretas revelaciones. Pero he deseado sea contigo. Debo advertirte será por ciertos MURES… luego retornare a la profundidad siguiendo mis exploraciones”
Sé hizo otro crudo silencio. Las incógnitas me asaltaron ¿Qué significo “abierto los mundos”? ¿Por qué “prevalecer” en mi? ¿A que “designios” se refería? habitaba más allá de mi comprensión, inútil ahondar en tales dilemas…
De súbito la percibí. De inmediato fije mi atención al puente. Ni pareció llamarles la atención. No podía ser verdad. ¿Qué ocurría con aquellos hombres? Ni cuando la distinguí haciendo esos giros sobre las aguas se alarmaron ¿Cómo explicar ese desacierto? ¿Por qué no reaccionaban ante esa sorpresiva visión sobre el abierto océano? De pronto advertí al contramaestre y cabo de máquinas acercándose. Un escalofrió me atravesó. El brusco aunque previsible arrimo de mis compañeros me sustrajo del motivo de mi vacilante estado: La hija del Mar. Dirigí mi vista al océano ¡Dios de los cielos! ¡la descubrí nadando cerca nuestro! Me estremecí. Se aproximó sigilosamente. Fue algo irracional, impensado pero maravilloso, cuando me descubrí hablando con “ella” como natural e incomplejo. Recuerdo pensé advertirle.
-“!Cuidado!… ¡Alguien se acerca! !Pueden descubrirte!…”
Detecte un sonido (una especie de aprobación en ámbito de mi subconsciente) y la escuche decir:
-“Hombre que cruzas el Mar. Me complace en grado sumo oír tus voces mentales. Me has invocado y querido revelarte.. Los mundos se alinearon, los canales han sido abiertos. Mi presunción no fue en vano. Ahora escucha con atención. A lo transmitido comprendo tu inquietud. No debes alarmarte. No es mi deseo ellos me vean. No vine siguiendo el JUDRUL con ese fin, no están dadas las condiciones (?) para esa eventual posibilidad…..”
Se sumergió. No hubo más tiempo. Al pasar mis compañeros me saludaron. El cabo de máquinas –llamado Néstor Osinde- se detuvo. Me miro fijo y enfilo a donde estaba. Quede duro sobre cubierta. ¿Había advertido una actitud mía? No podía ver mi semblante, pero me supuse pálido y desencajado por fuertes impresiones. Osinde se detuvo frente a mí.
-¿Qué haces? -me saludo- ¿Respirando el aire marino?
-Pues sí…. eso creo -musite vacilante tratando de sostener mi postura.
Me clavo sus ojos y sin dejar de sonreírme prosiguió
-El océano ocultan grandes riquezas. Todo alguna vez sé desprendió de allí. Es hacedor y encierra sus misterios ¿No lo crees?
No respondí. La duda me hostigo ¿A que vinieron sus palabras? ¿Acaso me sondeaba? A Osinde lo conocía de otros viajes. Nos hicimos buenos amigos solíamos conversar no siempre en torno al trabajo. Era versado en variados temas. Hombre culto, tranquilo y observador. Un viejo lobo de mar. No solía hablar en vano, respetuoso de ideas ajenas. Nunca polemizo sobre algo que no conociera. De allí partió mis dudas. ¿Su acercamiento fue casual? La verdad no supe definirlo.
-¿Sabes Laureano? –Dijo por lo visto ajeno a mi estado- quisiera mostrarte una cosa. Se trata según creo de un manuscrito. Perteneció a mi bisabuelo materno. Hace poco falleció la abuela de mi señora. Días antes entrego este legado, nada sabía del asunto. Por eso lo embarque. Eres un hombre con inquietudes. Por eso quise comentarlo.
-Es curioso lo que decís -Respondí interesado por su invitación. Pero procure no prolongar la conversación- si te parece después de la cena lo vemos.
-De acuerdo -convino- vamos a ver que nos trae este lejano “pariente” de los Mares. Si no surge nada en máquinas, nos vemos a la noche.
Asentí y se alejó. A pesar de la opresión que me embargo tuve la certeza de no haber delatado mi estado de ánimo. Me pase la mano y me seque las gotas de sudor de mi frente. De pronto me fije la hora ¡Se estaba haciendo tarde! Debía ir a trabajar. La tarde estaba en su apogeo. El cielo sé cubrió de nubes dando aspectos singulares al cielo. Dirigí mi vista al mar buscando su rastro. Para mi sopor la descubrí nadando cerca del casco. ¿Cuánto hacia que estaba allí? no pareció Osinde la hubiese detectado, quizás recién había emergido. Pero me intranquilizo sobremanera. Sin embargo quede embelesado por la visión de su exótica belleza. Comencé a cobrar conciencia de su aparición. Le transmití debía dejarla tenía “obligaciones que cumplir”. A renglón seguido pregunte “si podía verla más tarde. Tal vez esa noche cuando declinaba la luz. Por esas horas me hallaba libre de mis tareas..“
Espere su respuesta. Pero impasible siguió nadando en esa posición (a quizás siete o ocho metros) nada percibí. ¡A lo mejor no escucho! Pero cuando iba a intentarlo, su melodiosa voz retumbo en mí indubitable interior.
“Hombre que cruzas el Mar. LEGSANA ha comprendido. Valoro tus deseos. Pero no siempre estaré no es propicio permanecer a estas alturas. Si así lo hice fue por emprender mi acercamiento. Pero debo retornar a las profundidades. No busques, hombre que cruzas el Mar, no busques. Me veras cuando sea necesario… Solo cuando sea necesario…”
Fue lo último escuchado. Vislumbre una fugas “sonrisa” en sus ojos -¡juro fue mi impresión!- encumbrando su singular belleza. Me hizo un gesto con su mano a modo de saludo y desapareció, se sumergió eclipsando la magia de esa tarde. MAR, SOLDEDAD Y FASCINACION, así canalice esos eviternos momentos. Nunca jamás podré olvidarlo…
Ahí quede unos instantes, henchido de resonancias indefinidas, mirando el abierto océano. Su oleaje mecía hasta confluir con el cielo su horizonte. Una brisa acaricio mi rostro -como tantas veces abre sentido- pero esa vez vino lleno de sortilegios. Luchaba por asimilar el suceso del que habría sido quizás único testigo. (?) ¡Pero aquel saludo de “ella” casi humano y diferente! Pareció establecer un paréntesis donde urgía procesar lo experimentado. Algo tuve en claro: A nadie contaría lo sucedido ¿Quién lo hubiese creído sin dudar de mi sano juicio? No puedo describir aquel estado. Sentí fuera “extirpado” algo conceptual de mi ser, quebrado dentro mío, una determinada educación y creencias, una forma de concebir la vida, mis entornos y hábitos confluentes a ella. Me sentí un ser desnudo en medio de gran temporal, donde emergió una vida desconocida. Sentí desolación y tuve miedo. Y así bordeando la frontera de lo desconocido, comencé a vivir sus inquietantes y misteriosas apariciones.

Casi frente a costas de Brasil -primer tramo de navegación- más allá de la Altura de Rio de Janeiro. Entre las 14•00 y 16•10 hs del viernes, 9 DE ENERO DE 1981. Buque “Islas Del Sur” navegando dieciséis nudos por hora. A dieciocho horas del cambio de rumbo a Mar abierto con destino a Singapore, la Malasia

(Textos hallados en los documentos de Laureano Owen)

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