CONTIGO EN AGUAS DEL RECUERDO / José Revello

CONTIGO EN AGUAS DEL RECUERDO

 

José Revello

Amigo que me escuchas. Mujer que tal vez me intuyes.
Te pido hagas una pausa. Quiero vengas conmigo. Yo te invito. Tú lo que tienes que hacer es imaginarte estás conmigo en medio del océano… a solas escuchando sus silencios…
“Fui hombre de mar… y tu estas (quien quieras seas) ahí sentado siendo otro hombre de mar…
“Mientras navegaba el inconmensurable piélago oceánico, las noches eran abiertas, de soledad profundo y silencio austero. Yo, en la proa de los barcos en horas nocturnas, tomando mate, me embriagaba del firmamento. Mi sensación, la brújula de mi mente, volaba y, a veces, crestas de precipitadas olas (experimentadas en mis viajes) embravecía los mares. Mas aquella noche era bella y pleno quietud en movimiento. Esos vuelos nocturnos otras veces de sosegado más allá, en los filamentos interiores, fluían casi estática, mirando el eterno vestigio de los cielos, mar y sueños marinos. Otras veces, desde necesarias soledades de hombre marino, aflora distante una imagen azulada, perpetua y soñada: como mujer serena y en espera de un amor perdido o no encontrado. Quizás descansando, intuyendo navegando ¡tú y yo!… vamos yendo. En noches abiertas de negros espacios, más de una vez mi sensación -te confieso- se detuvo en los crepúsculos de alguna costa con olas golpeando sus rocas. Y la sirena recostada, en su misteriosa vida acuática, contemplativa… quizás solo soñada. Tal vez de sutiles y complejos sentidos, de manera lejana, incomprensible y sin retorno intuía -captaba- mi imagen en las arenas, que el pasó de las aguas diluía hasta desaparecer. Más de una vez, sentado en la quietud silenciosa de la proa de vuelos nocturnos, soñé en la tediosa travesía. Lo sé: son mis pequeños instantes. Mi ahora perpetuo. Mi pensamiento que fueron lejanos días de mi otra vida en los océanos. Cuando finalmente “bajaba” de mis vuelos, me descubría caminando envuelto en la penumbra, hacia mi camarote, a descansar, al amparo de la noche marina hacia otro amanecer, luego levantarme, subir a la cubierta superior a cumplir los horarios de mis tareas laborales.
Hombre que me escuchas. Mujer que tal vez me intuyes.
Contigo en mis recuerdos esa noche has estado conmigo, sentado al amparo de la paz y el silencio. Y debo llamarte un privilegiado: hay quienes nunca así lo sintieron. El mar genero otras reacciones. Y tiene sentido pensarlo. Los océanos tienen sus propios códigos. Pero contigo aquella noche estuve. Y tal solo por esa nocturna infinitud… confieso que he vivido. Y si tú también lo has sentido. Serán dos confesiones de haber vivido


José Revello


(Fragmentos de: “Similitudes del tiempo”)
Derechos de autor reservados

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