Poemas de Silvia Ortiz

Poemas de Silvia Ortiz

 

¡AY LOS GOLPES, AY!

Y al silencio se le amasa con los dientes
de la tarde, en navíos que se mofan
por carreras sin andanza, 
en la pena de saberse vivo …
!ay los golpes!, !ay los golpes!

Veo y me reveo en el campo de batalla,
el universo tan golpeado, no hay rincones encubiertos
que a fuerza de silencios son espejos de los golpes,
son los golpes de los golpes, es la deuda
del martillo en el madero.

Ya transitan tantos golpes, golpes instruidos en el alma,
ya no matan, ya no hieren, no son dos, no son tres
Son las veces soportando cada golpe,
Ya no cubre el derrame solidario de las sangres,
Son las sangres de los cuerpos en que veo
Y me reveo tantas veces, tantas sombras ya prescritas
En la palma de mi mano,
En la daga empotrada en la frente mi nostalgia.

Ya van tres los golpes que recibo,
Otro golpe, y otro más,
No hay dolores más que a Cristo en su silencio,
No hay los clavos cercenados en la piel de los
Golpeados, no hay espinas en coronas
en el tiempo y las sonajas.

En los cascos que acompañan, ¡ay los golpes!, ¡ay los golpes!,
¡ay los golpes en países tan cercanos!
¡ay los hambres rebuscando basurales!
¡ay condenas infranqueables en el cuerpo del que pasa!
¡ay amores que condenan!
¡ay los ¡ay!
¡ay los ay…!
¡ay los muertos de los golpes,
cada noche en mi ventana!

Silvia Ortiz, Chicago 2016@Derechos@reservados

 

AQUÍ ESTOY

Aquí estoy como antes
Cuando llueven los cristales
En el valle de los ecos, 
Cuando muerden las noches
Las Mantas los sentidos,
Aquí estoy en que suman los naufragios
En la espera aturdida de promesas,
Cuando emergen cielo y tierra
En el cántico nupcial en cofradía.

Aquí estoy ya sin tregua, vemos
Y no vemos el cantar de los cantares
Bajo el cántaro prohibido y yo sin luna,
Sin nada que me ate,
Sin nada que me vista
O me desvista los ojos
Moribundos ya sin mares.

Aquí estoy con el ácido agresor en la boca de mi vientre
Dolorosa, cabizbaja y aplaudida ante la Cruz de mi nostalgia,
Una sacudida aún me espera, un fermento más
De las sombras entumece mi costado,
Estoy como llegué un día con el beso prohibido de Melgar,
mi fiel maestro.

Embalsamada por la tierra misteriosa
en la magia del silencio, ven mi amado hombre,
Ven mi amado bien, ven mi cielo infinito de estrellas,
Ven cautus colorido, ven, envuelve mi ternura
en la manta de tu propia tierra
…aquí estoy.

Silvia Ortiz Escritora-poeta, noviembre 2016
Derechos@reservados

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