ENTRE DOS…. / JAIME GONZALEZ

JAIME GONZALEZ

 

ENTRE DOS….

Corazones a la deriva, explorándose con el viento y contra el tiempo en laberintos de sueños y fantasías, sacrificialmente atados por el destino a cadenas de amor y lujuria incomprendida, anhelando un encuentro, una pasión sublime que lleve al desahogo.

Un hombre, una mujer, desperdiciando cada centímetro de piel, desperdiciando caudales de feromonas dentro de sus poros, poros cerrados por nostalgias oscuras, traiciones deprimentes y amores desgraciados

Dos almas sin rumbo, dos cuerpos sin orbita en un universo emocional, buscando anclarse en una vida, un futuro y un destino, para hallar el camino a la felicidad total.

Quimera encarnizada y angustiante por amar sin piedad, por alimentar y habitar sus cuerpos antes que mueran, antes que su vitalidad no responda y así contemplar la belleza de sus corazones, sus lágrimas llenas de amor, esperanza y ternura.

Dos criaturas casi salvajes mirándose, anhelándose, supliendo esa necesidad de besos y caricias, dos lascivos irremediables devorándose con los ojos, en tanto sus pupilas se asombran y se derriten por ese fuego natural, insaciable y calcinante.

El, entrando en su cuerpo llenando sus espacios, comiendo sus pezones como durazno maduro derritiéndose en su boca y su lengua, difícil contener el goteo generoso de su dulce panal.

Se toman, se besan, desgarran su piel, temblando, llorando de amor y una lujuria deliberada, que domina, que enloquece, dos animales intensos y salvajemente apasionados, dos locos invistiéndose con furia, placer y precisión, sin miedos, sin complejos y negaciones.

Ella, dulce hembra, provocativa y atrevida, hablándole al oído con un susurro jadeante y acento vulgar penetrándole hasta los huesos, hasta sus mismas carnes, acariciando con su vello púbico su abdomen ya hirviendo.

Moviéndose pausada y ligera a la vez, nadando en su miel, un manantial de dulzura que no cesa, ella apunto de convulsionar por un torbellino de orgasmos múltiples y explosivos que la llevan a la gloria.

El, esclavizado por sus gritos y gemidos al entrar en su cueva de deleites y sabores, ella rompe todo velo religioso, todo argumento de mansedumbre y privaciones, quebrantando su ingenuidad y su vergüenza.

Ya la cordura tomo su tiquete, solo quedaron en sus cuerpos la lujuria, la locura, la posesión y el amor, para establecer la autocracia de dos amantes irreverentes sin freno y sin tiempo.

derechos reservados
Cali, Colombia

 

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