(Fragmentos 136 “Mis tardes con Don Genaro” / José Revello

José Revello

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS.

El tiempo del no tiempo Según Don Genaro

HISTORIA DE LA ETERNIDAD. (Formación decimal astronómica)

(Historia del universo local de Nebadon)

Fragmento-136

6. LOS ULTIMATONES, LOS ELECTRONES Y LOS ÁTOMOS

“Aunque la carga espacial -continuo Don Genaro- de fuerza universal es homogénea, y no diferenciada, la organización de energía evolucionada en materia supone la concentración de energía en masas, de dimensiones definidas y peso establecido, reacción precisa a la gravedad. La gravedad local o lineal se torna plenamente operante con aparición de la organización atómica de la materia. La materia preatómica reacciona ligeramente a la gravedad cuando se la activa mediante rayos X y otras energías similares. Pero no se ejerce atracción lineal alguna mensurable de gravedad sobre partículas de energía electrónica libres, no ligadas y no cargadas ni sobre los ultimatones no asociados. Los ultimatones funcionan por atracción mutua, respondiendo a la tracción de la gravedad circular del Paraíso. Al no responder a la gravedad lineal, se mantienen así a la deriva universal, en el espacio. “Los ultimatones -cuentan estas jerarquías- son capaces de acelerar la velocidad de revolución hasta el punto de conducta parcialmente antigravitacional. Pero no pueden, independientemente de los organizadores de la fuerza o directores del poder, alcanzar la velocidad crítica de escape de la desindividualización, o sea volver a etapa de energía potente. En la naturaleza, los ultimatones escapan al estado de existencia física, sólo cuando participan en desintegración terminal de un sol enfriado y moribundo. Los ultimatones van disminuyendo su velocidad a través de muchas fases de actividad física, antes de alcanzar las condiciones de energía revolucionaria, para la organización electrónica. Los ultimatones poseen tres variedades de movimiento: resistencia mutua a la fuerza cósmica. Revoluciones individuales de potencial de antigravedad. Y posiciones intraelectrónicas de cien ultimatones mutuamente interasociados. La atracción mutua mantiene juntos a cien ultimatones para constituir un electrón. Y nunca hay más ni menos que cien ultimatones en un electrón típico. La pérdida de uno o más ultimatones, destruye la identidad electrónica típica, trayendo así a la existencia una de diez formas modificadas del electrón. Los ultimatones no describen órbitas ni remolinos en circuitos dentro de los electrones. Pero se desparraman o se agrupan de acuerdo con velocidades axiales revolucionarias, determinando así dimensiones electrónicas diferenciales. Esta misma velocidad ultimatónica de revolución axial, también determina reacciones negativas o positivas de varios tipos de unidades electrónicas. La entera segregación y agrupación de materia electrónica, juntamente con diferenciación eléctrica de cuerpos negativos y positivos de la energía-materia, provienen de estas varias funciones de interasociación de componentes ultimatónicos. Cada átomo tiene un diámetro apenas por encima de 1/40.000.000 de centímetros, mientras que un electrón, pesa poco más de 1/2.000 parte del átomo más pequeño, el hidrógeno. El protón positivo, característico del núcleo atómico, aunque puede no ser más grande que un electrón negativo, pesa casi dos mil veces más. Si magnificáramos la masa de la materia, hasta el punto, en que un electrón equivaliese a un décimo de una onza [2,8 gramos], su tamaño se magnificaría proporcionalmente, llegando el volumen de dicho electrón, a ser tan grande como el de la tierra. Si aumentáramos el volumen de un protón -mil ochocientas veces más pesado que un electrón- hasta el mismo tamaño de la cabeza de un alfiler, en comparación, la cabeza de un alfiler alcanzaría un diámetro igual al de la órbita de la tierra alrededor del sol.
7. MATERIA ATÓMICA
La formación de toda materia se produce de acuerdo con el orden del sistema solar. Existe en el centro de todo diminuto universo de energía una porción nuclear de existencia material relativamente estable, comparativamente estacionaria. Esta unidad central, está dotada de posibilidad triple de manifestación. Alrededor de este centro de energía giran, en profusión sin fin, pero en circuitos fluctuantes, unidades de energía que son vagamente comparables a planetas que rodean el sol, en grupo estelar tal como vuestro propio sistema solar. Dentro del átomo, los electrones giran alrededor del protón central, en espacio comparativamente semejante al de planetas que giran alrededor del sol, en espacio del sistema solar. Existe la misma distancia relativa, en comparación con el tamaño real, entre el núcleo atómico y circuito electrónico interior que entre el planeta interior, Mercurio, y vuestro sol. Las revoluciones electrónicas axiales y velocidades de órbita alrededor del núcleo atómico, están ambas más allá de toda imaginación humana, sin hablar siquiera de la velocidad de los ultimatones que las componen. Las partículas positivas de radio vuelan hacia el espacio a velocidad de dieciséis mil kilómetros por segundo, mientras que las partículas negativas, alcanzan velocidad que se aproxima a la de la luz. Los universos locales son de construcción decimal. Existen precisamente cien materializaciones atómicas distinguibles de energía espacial en un universo dual. Ésa es máxima organización posible de materia en Nebadon. Estas cien formas de materia consisten en serie regular, en la cual, de uno a cien electrones giran alrededor de un núcleo central y relativamente compacto. Es esta asociación ordenada y confiable de varias energías la que constituye la materia. No todos los mundos muestran cien elementos reconocibles en su superficie. Pero éstos están presentes en algún lado, han estado presentes o en proceso de evolución. Las condiciones que rodean el origen y subsiguiente evolución de un planeta, determinan cuántos de estos cien tipos atómicos serán observables. No se encuentran los átomos más pesados en superficie de muchos mundos. Aun en Urantia, los elementos conocidos más pesados manifiestan una tendencia a volar en trozos, tal como se ilustra por la conducta del radio. La estabilidad del atomo, depende del número de neutrones eléctricamente inactivos en el cuerpo central. La conducta química depende totalmente de la actividad de electrones en revolución libre. En Orvonton no ha sido nunca posible reunir naturalmente más de cien electrones orbitales en un sistema atómico. Cuando se han introducido artificialmente ciento uno en un campo orbital, el resultado ha sido siempre la destrucción instantánea del protón central, con dispersión desenfrenada de electrones y otras energías liberadas. Aunque los átomos puedan contener de uno a cien electrones orbitales, sólo diez electrones exteriores de átomos más grandes giran alrededor del núcleo central, como cuerpos distintos y discretos, girando en forma intacta y compacta alrededor de órbitas precisas y definidas. Los treinta electrones más cercanos al centro, son de difícil localización como cuerpos separados y organizados. Esta misma relación comparativa de conducta electrónica, en relación con proximidad nuclear ocurre en todos los átomos, sea cual fuere el número de electrones comprendidos. Cuanto más cerca del núcleo tanto menos individualidad electrónica. La extensión ondulatoria de energía de un electrón, tanto puede difundirse hacia afuera, como para ocupar el total de órbitas menores atómicas. Esto es cierto especialmente en electrones más cercanos al núcleo atómico. Los treinta electrones orbitales más interiores tienen individualidad. Pero sus sistemas de energía tienden a combinarse, extendiéndose de un electrón al otro y casi de órbita en órbita. Los siguientes treinta electrones constituyen la segunda familia, o zona de energía, y tienen mayor individualidad, siendo cuerpos de materia que ejercen control más completo sobre sistemas concomitantes de energía. Los siguientes treinta electrones, correspondientes a la tercera zona de energía, están más individualizados y circulan en órbitas distintas y definidas. Los últimos diez electrones, que están presentes tan sólo en diez elementos más pesados, poseen la dignidad de la independencia y son, por lo tanto, capaces de escapar, más o menos libremente al control del núcleo matriz. Con variación mínima de temperatura y presión, los componentes de este cuarto grupo, más exterior de electrones, escapan a la atracción del núcleo central, tal como se observa en desintegración espontánea del uranio y elementos semejantes. Los primeros veintisiete átomos, los que contienen de uno a veintisiete electrones orbitales, son de comprensión más fácil que el resto. A partir del veintiocho hacia arriba, encontramos cada vez más dificultad de comprensión que acompaña la presencia supuesta del Absoluto No Cualificado. Parte de esta dificultad, para predecir la conducta electrónica, se debe a velocidades revolucionarias axiales diferenciales ultimatónicas y tendencia de ultimatones a «amontonarse» masivamente. Otras influencias (físicas, eléctricas, magnéticas y gravitacionales), también operan para producir conducta electrónica variable. Por lo tanto, los átomos se asemejan a personas, en cuanto a la dificultad de predecir su conducta. Los especialistas en estadística pueden anunciar leyes que gobiernan grandes grupos de átomos o personas. Pero no las que gobiernan a un solo átomo o persona.

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos de autor Reservados

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