CALLAR… / JAIME GONZALEZ

JAIME GONZALEZ

CALLAR…

Callar, estancarse en un silencio desmesurado, gritar internamente mientras se extingue la vida, mientras se acaban los días y pasan los años viviendo un cataclismo emocional.

Callas en la cama al permitir un sexo egoísta, sentir un agonizante y premeditado orgasmo por no alterar una convivencia anormal, manos tomando lo que no les pertenece.

Enmudeces mientras te roban el alma al tomar tu cuerpo, absorbiendo el espíritu de vida que aún queda, el cuerpo tiembla de repudio al sentir caricias enfermas, infectadas.

Morir en la cama, odiar la almohada tantas veces sea posible para no sentir unas caricias y un sexo torpe y deprimente.

Callar al tanto que el amor se convierte en aversión, que resignación tan llena de sadismo al permitir tanto dolor, fingir un gemir para aceptar un amor mediocre, besar sin ganas a quien mato el apetito vital.

Que patético sufrimiento, que sombrío sentimiento despertar en la mañana con la persona que asesino vil mente las ilusiones y fragmento tu dignidad, pasiones dormidas, abandonadas injusta mente por un ego ajeno.

Tu honor, tu amor propio convertido en un prostíbulo a través de los años, sacrificando el futuro, inmolando el alma atrevida mente por un requisito, por un ultraje pasional.

El amor, la pasión, la entrega es más que una privación, callar día y noche con nudos en la garganta por no gritar, por no maldecir la vida y llegue algo peor, el silencio una herida incurable.

Callar, guardar silencio, servir un cuerpo al despertar que es un completo extraño, doblegarte al permitir que tomen tus entrañas al antojo, sin permiso, sin amor.

No se puede callar y resignarse, hay que vivir la plenitud de tu cuerpo, la belleza inmaculada del amor, sentirse amada, deseada, protegida, privarse es suicidarse y la culpa no es de tu victimario, es tuya.

Los ciclos terminan, hay que renovarse, trascender, vivir, la negación es una sentencia de muerte, dejar morir el cuerpo con sus placeres es renunciar a una vida.

El alma espera paciente la renovación, la conquista de ti misma, no seas tu propia enemiga, no te conviertas en tu verdugo, la vida no es fácil, pero cada una tiene la facultad y la virtud para superar cada obstáculo.

La rendición no debe de llevar tu nombre, llevar la frente en alto, caminar con orgullo por la gran mujer que eres, ya es una prioridad, no más lágrimas, no más el abandono personal, no pierdas la cordura, la vida es bella y vale la pena vivirla con emoción y con una mente abierta, con un gran razonamiento y un amor propio.

Tu cuerpo y tu alma claman libertad, no le niegues la oportunidad de conquistar la vida, conquistar los sueños, de empoderase como mujer, como toda una dama.

derechos reservados
Cali, Colombia

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