Fragmentos de 205: “Mis tardes con Don Genaro” / José Revello

José Revello

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

HISTORIA DE LA ETERNIDAD. (Formación decimal astronómica)

La historia de Micael. (Su misteriosa llegada a la tierra)

Fragmento 205

1-EL SÉPTIMO COMETIDO DE AUTOOTORGAMIENTO

Estos fueron algunos de los sabios consejos dados a Micael poco antes de su increíble y misteriosa “involución” hacia la vida mortal humana.
“Mi hermano Creador. Estoy a punto de presenciar tu séptimo y último autootorgamiento al universo. Con gran fidelidad y perfección has ejecutado los seis cometidos previos y confío saldrás igualmente triunfante de éste, tu último autootorgamiento camino a la soberanía. Hasta ahora, apareciste en tus esferas de autootorgamiento como ser plenamente desarrollado y orden de tu selección. Pero esta vez aparecerás en Urantia, el desordenado y turbulento planeta que has elegido, no en forma de mortal adulto sino como recién nacido, pobre y desamparado. Será Maestro mío una experiencia inusitada no probada para ti. Estás a punto de pagar el precio del autootorgamiento y experimentar esclarecimiento completo de la encarnación de un Creador en semejanza de una criatura. En cada uno de tus autootorgamientos anteriores has querido someterte a la voluntad de las tres Deidades del Paraíso y sus interasociaciones divinas. Te has sometido en tus anteriores autootorgamientos a todas las siete fases de la voluntad del Supremo, excepto a la voluntad personal de tu Padre Paradisiaco. Ahora, has decidido someterte por entero a la voluntad de tu Padre durante este séptimo autootorgamiento, y yo, en mi calidad de representante personal de nuestro Padre, asumo jurisdicción ilimitada de tu universo por el período de tu encarnación. Al emprender el autootorgamiento en Urantia, has dejado voluntariamente de lado todo el apoyo y ayuda especial extraplanetaria que pudiera ser dada por cualquier criatura de tu propia creación. Así como tus hijos creados de Nebadon dependen plenamente de ti para su salvoconducto a través de sus carreras en el universo, del mismo modo deberás tú depender enteramente y sin reservas alguna de tu Padre Paradisiaco para tu salvoconducto a través de las desconocidas vicisitudes de tu próxima carrera mortal. Y cuando hayas completado esta experiencia, conocerás en su verdad misma, el rico e inspirado significado de esa fe-confianza que tú invariablemente exiges que tus criaturas dominen como parte de su relación íntima contigo, su Creador y Padre en el universo local. Permíteme pues aconsejarte lo siguiente. En el curso de tu arriesgado autootorgamiento en Urantia, una sola preocupación debe acompañarte: la comunión ininterrumpida entre ti y tú Padre Paradisiaco. La perfección de esa relación permitirá que el mundo de tu autootorgamiento y el universo de tu creación obtengan nueva y más comprensible revelación de tu Padre y mi Padre, el Padre Universal de todos. Tu preocupación será solamente de tu vida personal en la tierra. Mientras yo me haré plena y efectivamente responsable por seguridad y administración desde el momento de tu renunciación voluntaria a la autoridad de éste, hasta el momento de tu retorno a nuestro seno como el Supremo Soberano Universal, confirmado por el Paraíso, y en ese momento, recibirás de mis manos, ya no la autoridad de vicegerente que ahora me entregas, sino el poder supremo y jurisdicción sistémico absoluto de tu universo. Y para que estés seguro estoy autorizado para realizar todo lo que te estoy prometiendo (a sabiendas soy yo mismo la afirmación de todo el Paraíso para el fiel cumplimiento de mi palabra), te anuncio que me acaban de comunicar un mandato de los Ancianos de los Días en Uversa diciendo prevendrá todo peligro espiritual en Nebadon durante el período de tu autootorgamiento voluntario. Desde el momento en que voluntariamente dejes de estar consciente (en el mismo instante inicial de tu encarnación mortal en densidad material) hasta el momento en que regreses a nuestro seno en calidad de soberano supremo e incondicional de este universo de tu propia creación y organización, nada grave podrá ocurrir en todo Nebadon. En este interín tengo en mis manos el mandato de los Ancianos de los Días que aseguran no cualificadamente la destrucción instantánea y automática de todo ser rebelde o instigador de insurrecciones en el universo de Nebadon durante tu ausencia en este autootorgamiento. Hermano mío, ten por seguro que, gracias a la autoridad del Paraíso inherente en mi presencia y reforzada por el mandato judicial de Uversa, tu universo y todas tus criaturas leales están a salvo durante el período de tu autootorgamiento. Puedes emprender tú delicada y honrosa misión con un pensamiento único: la revelación más esclarecedora de nuestro Padre a los seres inteligentes de tu universo. Como en cada uno de tus autootorgamientos anteriores quiero recordarte ejerceré la jurisdicción de tu universo en calidad de hermano y fideicomisario. La autoridad y poder que yo ejerza serán exclusivamente en tu nombre. Actuaré como lo haría nuestro Padre del Paraíso y de acuerdo con tu solicitud explícita de que actúe así en tu nombre. Y siendo ésta la situación, toda esta autoridad delegada en mí será nuevamente tuya en cualquier de aquellos momento que decidas reclamar tu autoridad universal. Tu encarnación mortal es enteramente voluntaria. Como mortal encarnado en el reino no tendrás dotes celestiales. Pero tu luminoso poder que has dejado puede ser nuevamente tuyo al mismo instante cuanto decidas reasumir tu suprema autoridad universal. Recuerda que si eliges reasumir tu poder y autoridad lo harás por razones enteramente personales, puesto que yo soy la promesa cuya presencia y compromiso garantizan la administración segura de tu universo según la voluntad de nuestro Padre. Durante tu ausencia de Salvington, no hay posibilidad de otra sublevación en Nebadon (como ya ocurriera por tres veces en tu universo) para el período correspondiente a tu autootorgamiento urantiano los Ancianos de los Días han decretado que toda rebelión en Nebadon contendrá la semilla de su propia destrucción automática. «Durante el tiempo en que estés ausente debido a este extraordinario autootorgamiento, me comprometo (con la plena cooperación de Gabriel) a la administración fiel de tu universo. Y al encomendarte la misión de este ministerio de revelación divina y esta experiencia para la comprensión perfeccionada de los humanos, actúo en nombre de mi Padre y tu Padre, con tu permiso, pronuncio los siguientes consejos que han de guiarte en tu vida terrenal a medida que tomes gradual y progresivamente conciencia de la misión divina en tu morada en la carne.

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos de autor Reservados

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