TRIVIALIDAD…. / Jaime GONZALEZ

TRIVIALIDAD….

He arribado a este mundo caótico y superficial para crear, narrar y ennoblecer, conocí a Dios el día que susurró a mi oído la primera prosa, mi primera poesía y mi primer amor, aprendí a discernir que el primer amor era yo mismo, pero tal vez no comprendas mi retórica.

Perdona mis atrevidas letras, mi prosa directa, mi narrativa irreverente, indulta mi agravio elocuente si te hace un conquistador, un buen amante o tal vez un gran ser humano, o puede ser que mi balada tome el control de un alma insípida.

Conoce mis lunas y te presentare mis estrellas, conoce mi presente y prepárate para descifrar mis horizontes, te llamare desde las estrellas si me reconoces y tienes presente mi nombre, removeré con terneza tus tempestades con el mas ligero de mi lenguaje.

Todo es simple, siempre hay mentira y en algo hay verdad, algunas cosas son ilusión, pero todo es realidad, nos angustia el vivir, a nadie le gusta pensar en morir, pero se entumecen los pies al intentar dar el paso a un mejor existir.

Cuantas lagrimas cantadas, cuantas risas escritas, cuantas angustias proclamadas y tantas mentiras dirigidas, tanta altivez indecible durmiendo en la garganta, miedos que nacen del silencio mientras mueres en tu propia tribulación y te ahogas en tu propia saliva.

Se enlaza la lengua al exponer una patraña, una verdad egoísta y un poco piadosa, desafiando la dulzura en un torbellino, tanto que el amor se convierte en una tormenta convincente.

Tantas preguntas sin respuestas, tantas respuestas sin preguntas, envolviendo la vida en un pasatiempo emocional, superfluo que deshonra el alma y desequilibra el espíritu.

Crucifijos mentales que apaciguan tu propia ira, tu propia falacia, tu endiosada banalidad, carbones sentimentales que se encienden sin motivos, apariencias que dilatan tu frustración en un quebranto ambiguo, no sabes de dónde eres y a quien perteneces.

Argumentos sin privilegios, necedades corrompidas que disuelven la dulzura en amargura, la fe en un recelo calcinante, de alguna manera somos quien afirmamos ser pero a la vez no somos nada.

Somos un punto insignificante en este universo mental, este universo corporal donde lo único que cae de sorpresa es la decadencia, la muerte absoluta y vulgar donde circuncidamos el alma con las apariencias y sobria mente te das cuenta que al final tu vida se perdió y no vale nada.

Sentirás en tu resignación que vales algo en tu mundo, pero no en los mundos paralelos de tu realidad, discernir que somos parásitos en medio de la nada o del universo existencial, agravando con rudeza el espíritu y el alma en su búsqueda de regeneración, transformación y renacimiento.

Dirigir los pasos por caminos enfermos, benditos y a la vez malditos, héroes de una conquista bastarda, de una victoria falaz, sacrificando aquel espejismo de ilusiones que te gobierna, ultraja, manipula, creando una dependencia extravagante.

Utopías magras que se hartan, ilusiones atrevidas que sucumben a unas letras febriles y sodomitas, sobreviviendo a un espíritu frígido y tolerante que contamina el alma, llenándola de motivos engañosos fortalecidos en su trivialidad.

Someter tu ansiedad a la suerte de un sí o un no, al péndulo nocivo que habita en seres mancebos, es insultar el vínculo por el cual fuiste puesto en esta tierra, en este universo.

Pobre anhelo, desmedida quimera y orgullo paralelo, insignificante son los recuerdos de momentos de sobriedad, sombrío es el canibalismo emocional, fulgurante es el estancamiento almatico, lúgubre es el engañarte a ti mismo sirviendo a un karma impredecible.

Caminar inmune y agonizante frente a un sinnúmero de dudas, buscando respuestas a una tolerancia sumisa y a la vez egoísta que desvía el camino a la redención y a la salvedad de un espíritu libre.

Donde estará el renuevo de una conciencia diletante y furiosa, a donde huira a acomplejarse tu nombre y tu esencia, que camino seguirás con ese analfabeto interrogante de quien realmente eres.

La conmoción interna puede derribar el germinar de tu trascender, evolución y dignidad, la vida y la muerte está escrita en un libro sin nombre donde solo tú puedes sacramentarla, darle vida, darle pureza.

Hay que abandonar las guerras, aferrarse a un verdadero sentimiento, donde el vínculo no debe romperse, si se calla el amor, enmudece la conexión, se fragmenta la vida y no se encuentran culpables.

Sin actos de amor sublimes no se hallaran las respuestas, solo encuentras el infierno, y ese infierno puede tener nombre, ese infierno puedes ser tú mismo.

 

Jaime GONZALEZ
Derechos reservados
Cali, Colombia, Sur America

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