VIENDOTE EN MI OSCURIDAD (Fragmentos de: “similitudes del tiempo”) / José Revello

José Revello

VIENDOTE EN MI OSCURIDAD

Tal vez… algún día pueda acercarme, siguiendo el sonido de tu voz…quizás pronunciando mí nombre, llamándome. Sea por saludarme, de otra manera. Pero mis sentidos alertaran mis sensaciones. Y tus aromas y sonidos, serán ecos percibidos, que mi alma envuelva de alguna forma y los hagan más vivas. Mi bastón blanco extendido, va adivinado mis caminos. Mis pequeños caminos, donde el sol no penetra. Son de mi oscuridad en la noche eterna. Pero ¡tan llena de sonidos y aromas¡¡cuán vibración de vida me llega¡¡ ¡¡cuán reír y llorar percibo¡¡…y quizás, a veces, sean los míos. Pero fui viéndote en mi oscuridad. Fueron mis percepciones. Te fui conociendo. Mas a través de escucharte, percibiendo tus sonidos, tus aromas, el perfume que usas, tus encantos, porque sé que amor tienes… y tus niños y tus luchas diarias. Los momentos en que estas, quizás, alterada -preocupada-, lo sé por tu respiración y tu particular sudor, limpio y aseado, pero distinto. Cercana te siento -más lejana de mí, lo entiendo- porque trabajas en la escuelita de la otra cuadra de mi casa. Es decir, donde vivo temporalmente. Y tal vez… si supieras -lo anhelaría- con poder tocarte, acariciarte con mis tactos, animarme, y dibujar tu rostro con mis manos pudiendo conocerlo, formarlo en mi mente. Más sería saber hasta dónde… pude soñarte. Poco importa seas bonita o no tanto. Yo percibo tu alma y eso ya es encanto. Solo imagino tus facciones. La espontaneidad de tu sonrisa. La valentía de tus ansias. Sé que estas cerca, porque vives -alquilas- la casa del fondo, en el de terreno de la casa de mis queridos amigos de los años, en un barrio lejano de mis pagos, donde por un tiempo y mi distancia, que siendo solo mío, me tome para recuperarme, lejos de todos, pero sin huir de nadie. Solo equilibrar mi ser, las tormentas que, desde hace cuatro años, se tornaron luces fantasmagóricas de mi oscuridad, de mis ojos que mirando a la nada nada ven…pero que, a su manera, permitió descubrirte, querida maestra de esos niños que también te quieren. Eres joven, preciosa y dinámica. Yo no más de dos años mayor (mis treinta años cumplidos). No pude evitar mi atención desviarme y buscar sintonías. Quizás, sin saberlo, realmente, me has ayudado a descubrirme en esta otra vida que debo resignarme y emprender. Esta etapa que ya sin luz otras luces deben iluminarme. Pero se -a veces pienso, porque es consuelo- lo difícil que sería para una mujer como vos ser compañía de mi limitación. Demasiado quieres progresar dignamente en tu vida. Y seguramente mereces un hombre que carreras por la vida corra junto contigo. Tal vez… si algún día, si me escucharas, con solo decirlo -descubrirlo- mi voz trasluciera un poema cantado, donde -por fin- me sentiría liberado. Y como globo atado al hilo, al soltarlo se eleva yéndose a los cielos… donde seguramente yo iría, mas no contigo. Los días pasan distintos, con sus voces música y sonidos. Voy percibiendo la sugestiva sensación de descubrirte… pero más profundo es lo que aprendo, la significación de lo que me voy descubriendo. Tal vez…si eres un ángel que en mis dolidos y férreos días de retiro, compromiso… resignación de vivir en otras estaciones… y en sus vías, de alguna manera, indicaste un camino. Pero siento, mas sea por mí -si presiento lo comprenderías- deberías saber esto que fluye y siento como suave cascada de agua que mi tierra riega. En realidad seria oírme a mí mismo, declarar la obra y realidad de mi propio sueño. Si tal vez… alguien oyera. El tiempo fue pasando. Un día, como debía ser, anuncie mi decisión, sentía era hora de irme. Volver con mis otros seres queridos y empezar, si hallaba, otras rutinas de vida. Pero la verdad que fui ingenuo al pensar que en mis silencios, otros no observaban, escuchaban a su manera. Aquel día, sentado en el fondo de casa donde con mis amigos, pero, sin saber a la escuelita no te habías ido, esos seres queridos a mi lado, con sus ojos vieron lo que mi oscuridad percibía. Y ellos decidieron aquel día tomara un tren equivocado. Me sensibilizaron. Me sacaron de a poco mi voz que retumbando mi alma a gritos callaba. Y las horas o los minutos -nunca lo supe- fueron testigo de mis desvelos. Solo fueron eso: mis desvelos. Pero no estabas lejos y escuchabas. Ellos -mis locos amigos- lo planificaron. Y quizás te endulzaron en mi despedida. Apareciste, saludaste, dijiste algo dulce habías preparado para merendar antes de mi partida. Tal vez algo sabias. Al menos intuiste… eso supongo. Pero guardaría mi interior. Nada diría, era mejor así, dejarlo en silencio e irme recordándolo como la experiencia de algo redentor en esta difícil etapa de mi vida, sin duda fueron mis nutrientes Y mis picaros amigos, con banal excusa, se retiraron a preparar no sé qué cosa dentro de la casa. Y esa tarde presto a mi viaje, más cercanos como nunca tus aromas y tus encantos, tomaste mi mano y permitiste mis dedos al tacto dibujaran tu rostro, tu sonrisa, tus cabellos…y cerrando tus ojos -como dijiste- tus manos tocaron mi rostro, y aunque lo veías, buscaste tiernamente saber por el suave tacto que yo sentía. Era una más que bella despedida. Más de lo que hubiese esperado. Y agradecí la sensibilidad de aquel matrimonio. Aquel, sin embargo, no fue un tal vez… en algún día. Tus palabras lo contuvieron. Las que pronunciaste, con tus manos en mi rostro y tu voz en sedante acaricia, dijiste: “Yo puedo ser tus ojos. Y quizás en tu oscuridad, puedas ser las sensaciones que yo no percibo. Pero, en tal caso, ambos podamos saberlo”. Pasaron horas y dejaron de ser tiempo. Luego, ya cerca la hora de mi ida a la estación, anuncie a mis amigos me quedaría unos días más en su casa, el aquel barrio donde me refugie buscando orientar mis brújulas perdidas. En tus encantos despiertos -enlazados a los míos dormidos- a no más de unos días, tu cuerpo con mi cuerpo en mi oscuridad también fui dibujando. Y si fue bello, gozoso pero aún más de lo imaginado. Me costó comprender, al principio, que mi íntimo y silencioso sueño, se entrelazo lo que tú, mi querida maestra, también ibas hilando fino.

(Fragmentos de: “similitudes del tiempo”)
Derechos de autor reservados

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