TEOLOGÍA DE VALLEJO  (De la gran poetisa y excelente amiga Silvia Ortiz Escritora-poeta)

TEOLOGÍA DE VALLEJO 
(De la gran poetisa y excelente amiga Silvia Ortiz Escritora-poeta)
.
Una esplendorosa sinopsis de Silvia Ortiz Escritora-poeta en torno a la figura de César Vallejo y su relación metafísica con Dios, del ser humano con Dios. La autora hace uso de diversas figuras literarias como son: la Metáfora, la Similicadencia, la Metonimia, el Paralelismo Sinonímico, el Paralelismo Antitético, la Sintaxis, la Amplificación, la Aliteración poética, el Asíndeton, la Anáfora, etcétera. ¡Una hermosa reflexión de nuestra amiga poeta Silvia Ortiz que nos lleva de la mano a un mejor conocimiento de César Abraham Vallejo Mendoza! (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892-París, 15 de abril de 1938), poeta y escritor peruano, considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX y el máximo exponente de las letras en su país. (Antonio Rivas Carreño. Madrid. ESPAÑA)

***

TEOLOGÍA DE VALLEJO
.
Repensar a Vallejo es hacerse un lugar a cuentas, un nudo en la garganta, un deshacer de lo aprendido, de lo escrito, de lo vivido y buscar ese hondo batallaje del tabú y de los festines, mostrar tal vez lo que encierra más allá de las palabras, sus escritos, su claro lamento, haber vivido sus miedos, sus escalofriantes miedos al abrazo del hombre quebradizo e irreverente en el cuestionamiento frente al Dios y sus escritos, sus vivencias, sus dolencias, un Dios a quien le usurpa el reclamo en la exigencia más atrevida de su propia distracción. Dios se distrae, lo deja, lo abandona, perpetúa en él la ausencia de saberse infinito y se queda con esa humanidad a la que muchos resistimos, a la que de seguro distrae el intelecto. Un Dios impenetrable en la vivencia que porta los ojos del gran Vallejo, es Vallejo el “Dios” a quien sepulta, a quien se enfrenta y le exige cooperación, no soporta el verse solo, el agotarse en la lucha inamovible de ser custodio de una sociedad ingobernable, un traspiés en la lucha que se muda, que no se adentra en la cúspide de otro universo del que narra y describe.
.
Tal vez un “gobernante” que sacuda sus aristas, su propio desconsuelo, su nula cooperación, su aferro irrestricto a la vida que le toca (”Yo nací un día en que Dios estuvo muerto”), escaramuzas del ayer prohibido. Es Vallejo el que escribe la historia, la historia del propio Vallejo, incontrastable en su mérito y en la eternidad de sus escritos. El hombre que es Vallejo llora, llora en la impotencia de saberse barro, materia acabable, circunciso y pobre inexistido, insuperable para el reconocimiento, fuerza ilegítima que destrona la supremacía del hombre por el hombre, y más bien le envuelve, le urge la solvencia racional cuando escribe “Dios mío estoy llorando al ser que vivo”, claro y perfilado reconocimiento de su humanidad, de su poquedad, de su finitud, de su tiempo y de su limitada fuerza. Vallejo anhela más tiempo del que no dispone o del que cree faltarle aún, tal vez un reclamo a la misma sociedad la que discurre como río seco, insatisfecho en su plegaria, en sus pocos resultados, ha vivido tanto, ha visto tanto, ha palpado tanto de cerca, muy de cerca, y ¡duele!
.
Vallejo juega armoniosamente con los coqueteos del mismo Dios, se adueña de expresiones tan cercanas, tan poderosas como la “eucaristía”, y traslada al ritmo humano “me pesa haber tomado de tu pan,” le insatisface la imagen de un pobre barro pensativo, Vallejo, el gran Vallejo, reclama a una sociedad indiferente, poco colaborativa en los dolores de los hombres, de la humanidad, no desea un conformismo circunstancial, anhela y busca y rebusca el gran teólogo Vallejo la actitud de un servicio del hombre para el otro, la indiferencia no cuenta, desea la suma de acciones en favor del otro, no deslegitimarse como hombre, como todo, como permuta y roca de saberse posible en la circunstancia que le duela. La humanidad de Vallejo no se calla, no se acomoda al sillón de los silencios, al sillón de los letrados, de los antejuicios que aterrorizan ante verdades tan costosas, la vida misma. Estoy llorando, sostiene, un cuerpo a cuerpo, un claro reclamo, un “no me dejes pues solo no puedo”, no puede otra vez, una fragilidad corpórea indiscutible, una capacidad eterna de amar, de penetrarse en el otro, en el Cosmos que espera concurra a su costado.
.
Silvia Ortiz Escritora-poeta
Virginia (EEUU)
7 de mayo de 2017

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s