Vallejo, el desheredado por Silvia Ortiz

Vallejo, el desheredado por Silvia Ortiz

¡Ay, si Vallejo viviera hoy, digo si viviera!
Me imagino el glosario exento, liado o inarticulado en que pueda determinar qué decir de Vallejo, la vida total del poeta es una matriz que no cabe a cualquier ser viviente, de eso no tenemos duda, o sí. El poeta no ofrece descanso, su descanso lo ensalzó y sin tregua, Vallejo apresura la pluma, esa misma pluma a fin de que hiera los ojos de cualquiera, el de la universalidad, quedarse desleído, desnutrido de lo que constituye heno fresco, su misma pluma y escritura arde como arrojos a la vera, una vera nada quieta. Vallejo escribe y duele, le exalta el rostro de dolores en la humanidad, ya no es sólo el hombre, ya no, su poesía se levanta, se enerva, transciende del hombre, del mismo hombre, el poeta ahora se muda, va más allá, se adentra, se inserta en el otro cuerpo dolido, el de todos, no deja hueso por hueso, no deja lengua por lengua, no hay húmero viviente que no conozca su daga, sus escritos, sus lamentos, sus exigencias venidas a menos porque ahora Vallejo estorba, estorba a una sociedad de intelectuales que escriben, que describen, pero que no les duele, no se introducen en la misma dolencia del humano, el hombre, el de todos.

En Vallejo se hizo brote la desdicha, la del hombre, la de los hombres, los golpeados, los desnutridos, los de esbeltez abrupta, el poeta no se corre, no se escuda, no se escapa a la convulsión que le ha tocado, le toca el hambre de la gente, lo ha sufrido, lo padece, es su propio apetito, es su hambre, y éste no es sólo el alimento material que busca, no; Vallejo, busca y rebusca en los basureros de la inconsciencia humana, rastrea, escudriña y no hay respuesta, entonces Vallejo crea, y recrea un mundo de bondades en sus versos, la esperanza, la causa inadvertida. Vallejo es el poeta herido en la herida del otro, Vallejo se entrega, se dona, se mutila a sí mismo, se hace otro, otro hombre entre los hombres y asume el total de su calvario, el de otros, el de todos.

La esperanza en Vallejo es la misma vida del poeta, discurre en su misma úlcera, la que duele, la que calma, la que lleva, la que incendia, la que pesa, ha de dolerse siempre; ha de llorar el hambre de los otros, los otros que observa, los que siente, los que se quejan y doblega las campanas de una sociedad tan fría. El llanto es su propia impotencia, sus quejas, el eco descrito, enmudece frente a una sociedad de intelectuales pueriles, vacíos, sin toque en el corazón, sin la vocación de servicio que apremie; Vallejo no se muda, no se esconde, da la cara, la enfrenta, la confronta, la aniquila con los versos que en la soledad desolladora escribe, el poeta ama el mismo hambre, siendo el mismo frio, ¡ay Vallejo si vivieras!

La sencillez abruma cuando de tanta humanidad exalta los ojos y la vida misma, cuando se muestra en suma la gran humanizadora obra de Vallejo. He sentido curiosidad por los escritos de este inefable poeta: esta escritura me mueve, me cuesta escribir, describir, asomar mi cabeza en el mundo de Vallejo, no porque no me fuera permitido, o negado al fin la osadía, sino porque las palabras y el versar de Vallejo esculpe, y ya no hay más que decir, quien pudiera desde el espacio mismo que se ocupa revertir los años, el tiempo en la disipada forma y anudar el pensamiento en la misma cúspide en que se cimientan los altares del gran Vallejo. Escribir por ejemplo: “la tierra tiembla y pulsan los tambores, la respiración se acorta, sólo el hambre es la cubierta mayor de los sentidos, hambre de los que desamparados nacieron, de los que obtuvieron sembríos que jamás han tocado, nadie asume de veras que hay tanto, tanto que hacer, hermanos”.

La obra de Vallejo es su entrega, es desprendimiento legítimo, su obra busca, intenta, inyecta dignidad al hombre, a todos, Vallejo es el gran desheredado, el gran don nadie, un desheredado más, los que de piso a piso circundan entre la tierra y la misma arena mojada, los pavimentos sesgados, la luna terca invadida, y en los mismos ríos secuestrados por las sombras lleva de seguro al borde otro personaje herido, no tiene nombre, es el nombre de todos. Vallejo es la causa de los que esperan, el dolor de los dolores, es la cofradía irrestricta en la esperanza Vallejiana, es el hombre que lleva a cuestas, ¡el caudal de lluvia fresca!

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