EL YO SOÑABA (Fragmentos de: ”Mis tardes con Don Genaro”) / José Revello

José Revello

EL YO SOÑABA

(Es necesario confesar una cosa, yo le di vuelo poético, pero su semilla -su contenido y primacia- salió del alma de Don Genaro. Y aunque lo incluí en “similitudes del tiempo”, porque me encanto, lo justo es se conserve en “mis tardes…”, porque ahí tuvo sus verdaderos orígenes.)

Yo soñaba. Veía las flores abrirse con pétalos de colores, sonriendo su belleza a los cielos, honrando su majestad a la tierra.
Yo soñaba. Oía a mí alrededor el inconfundible murmullo de la fauna. El canto brioso de pájaros armonizando el viento, como música lejana, inmemorial de la creación. Yo soñaba. Sentía como en mí se enaltecía cada fibra de mi ser, se identificaba con toda cosa de la naturaleza, con un átomo del universo de la vida, comprendía era parte de eso.
Yo soñaba. Ser mortal en la dicha de disfrutar una porción de millones de años alrededor de mis ojos y descubrir, aunque sea brevemente, sus bellezas.
Yo soñaba su palpitar, sus encantos, recibir, sobre todo, su energía, comprender son fracción de un temprano amor de la evolución. De asombrosa procedo de crecer a los milenios. De mi propio misterio del venir a evolucionar de mi necesaria involución al tiempo. Disfrutarlo, cuidarlo, acompañarlo, cuando quieren acercarse a mi soledad. Acercarme cuando necesito su vitalidad y sus silencios, más allá de los cuerpos que se rozan, se desean y se aman, se ariscan y se separa, pero sin dejar de ser vida.
Yo soñaba, descubrir su conocimiento en mi propio ser eterno en lo temporal yendo hacia mis propios conocimientos, expandido en organismos corporales, pero hondamente incluido en lo microscópico, en lo invisible.
Yo soñaba. Percibía el lenguaje indescifrable de un casi abismo, en cuyo fondo, halle más bien mi ignorancia, mis ciertos miedos y debilidad, la estampa del lado resignado y pasivo del hombre.
Pero yo soñaba, en la justa e incansable búsqueda, el deseo de enmendar el error, de llegar al filo del horizonte, para descubrir su más allá.
Yo soñaba. Y era feliz, porque estaba sereno, mis sentidos abiertos. El yo soñaba, soñar pensando libremente, oír mis voces más profundas, siendo mi conductor y actor, fuerza y decisión, cambiar, imaginar, reinventarme, dejar lo inocuo en los que mal pensaron, para ser orden de mis pensamientos, pero sin dejar de ser yo mismo.
Yo soñaba. Y era orden y mayor quietud, en el desfasaje del tiempo atropellado en la aceleración de las tensiones. Pero el tiempo natural, sigue fluyente, suave en las horas que se acercan al crespúsculo. No avanzan con ninguna rapidez. Solo yendo en el lento avance de dejar un día atrás para galardonar la noche, con rumbo al siempre eterno renacer de un nuevo día, allá lento, fluyente, sin tiempo. Yo soñaba. Y lo sentí, lo conocí, se abrió a mi otra realidad. Mi verdadera realidad. Todo mi ser se adecuaba a su lentitud. Era parte de mi naturaleza. Era sentido en “su” naturaleza, amalgama del sentido de otra realidad, porque por fin era de Dios, de mí mismo, de mi mundo.
Yo soñaba. Los minutos eran inmensos desafíos, cabían en mis átomos llenando mi vida. De pronto lentamente, se fue ensombreciendo el cielo. Las flores cerrándose se durmieron en el letargo que había caído todo. Yo apenado recibía el viento, mas ya no su música. Veía los pájaros, antes parte de mí, mas ahora volaban impasibles, distantes. Había sentido recodo de paz y tranquilidad, pero ahora estaba dubitativo. Era parte de la existencia, pero convivía alejado, no indiferente, pero si distinto a lo percibido anteriormente. Deje de soñar. Cerré mis ojos y los volví abrir, viendo un sendero, tal vez no perdido, pero desigual. Era de vuelta en posición de mi dualidad. Ahora todo era normal, como siempre… había despertado en el mundo de los hombres. De miserias y pobrezas. De rigidez y desamor. De odios y necedades. Pero ahora se no me pertenecen, no soy su hábito ni su cómplice. Sin embargo ya no era lo mismo. Soy ruedo de amistades y cantos en caminos contrarios. Porque el yo soñaba -mi yo soy soñando- fue luminosidad, irradiación, reciprocidad. El soñar con el corazón guiado por el pensamiento. El sanar por los sentimientos, comprender no soy molde de manos ajenas, ni rivalidades del cual no pertenezco, no me interesan. Ser el actor de mi invento de ver la vida como la vislumbro, abrió mis ojos… planifico mi pensamiento, rasgo -como un tridente- aquella otra “realidad” fraguado en la mentira. Mi mente, la falta de reflexión y el no creer poder, la preocupación, eran sus aceleradores. Pero el yo soñaba demostró dejar de pisar el acelerador, era decisión de ir más lento, oyendo, disfrutando, fortaleciendo mi naturaleza en la naturaleza de vivir en este mundo. Fue revelación. El amor con pasaje abierto, lo único que tiene el secreto del irse y venir en la sanadora gratitud. Desperté sabiendo que la historia no comienzan con “había una vez…”, sino con palabras, lugar y espacios donde fueran y quisiera -me encantara- comenzara… pero sin principio ni final programado, sabiendo que nací con mis propios principios, dejando, quizás, mi universo en la vida me sorprenda.
El yo soñaba despertó conmigo.

(Fragmentos de: ”Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos Reservados

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