EL LLAMADO DEL ABISMO (La travesía de Owen) Fragmento 11 / José Revello

EL LLAMADO DEL ABISMO
(La travesía de Owen)

Fragmento 11

-Buen provecho- salude
-Gracias pibe (así solía llamarme) ¿Cómo andas? Decide ¿ese chico que vino a despedirte, no es tu hijo ¿verdad?.
-Es mi sobrino. Es hijo de mi hermano, el tercero en la lista de los cuatro que somos.
-¿Vos sos el mayor?
-Así es.
-Y cuesta dejar a nuestros hijos -convino- más que a tu señora. Pero los barcos brindan la chance de ganar dinero. Mal que bien compramos cosas afuera. Además nuestra licencia son pagas.
-Sin duda tiene sus ventajas. Pero el tiempo que estas lejos ¿quien te lo compensa?
-Nadie lo compensa. Solo vos cuando estés junto a ellos.
Con Owronski podía hablar más abiertamente. Así procure llevar la conversación al punto que me interesaba. En eso el ranchero (que hacia de mozo y lavandin) el aprendiz de cubierta Salerno, le trajo repetición de ensalada y retiro el plato principal. El comedor acrecentó su bullicio, algunos se pusieron a jugar a las cartas. Eso me permitió conversar con mayor tranquilidad. Fui yendo al terreno que me intrigaba.
-¿Sabes? -dije- estuve paseando esta tarde por cubierta…
-¡Oh sí! -me interrumpió- te vi andando por la proa.
Sentí un calor recorrer mi cuerpo, mi ansiedad estuvo a punto de jugarme una mala pasada. Me contuve a tiempo. Lo mire buscando captar sus reacciones.
-El mar estaba espléndido, daba ganas de zambullirse y nadar.
Owronski sonrió y pregunto.
-¿Sabes nadar bien?
-Oh sí. Aprendí. Pero no es lo mismo el rió o el mar.
-Es cierto, la salobridad te mantiene a flote. El problema son sus criaturas.
No pude reprimir un escozor frió cuando mencionó la palabra “criaturas”
-Así es. ¿Sabes? -procure ser casual al hacer este comentario- en un momento me pareció ver algo a cierta distancia.
-¿Algo? ¿Cómo que?
-No sé. No pude distinguirlo -dije de exprofeso-. Fue a las 14 horas. Un par de veces después. ¿Nos topamos con delfines o algo así? -deslice intencionalmente- de haber sido un barco me habría dado cuenta.
-¿Delfines? No hay a estas alturas.
-¿Vos estuviste vigilando? -presione procurando no despertar sospechas de mi intención. Es decir someterlo a un interrogatorio
-Debe ser así -respondió Owronski- en la guardia se debe estar atento al horizonte.
Había llegado al punto culminante. Disimulando como bien pude mi revuelo interior, pregunte atento al semblante de aquel hombre.
-¿No vieron nada entonces?
Había terminado la ensalada y apresuro su vaso de vino. Salerno nos interrumpió trayendo el postre helado y retiro el resto dejando libre la mesa. Con el comedor a pleno bullicio la conversación paso inadvertida. Impaciente espere su respuesta.
-Ya que lo preguntas -dijo al fin saboreando su helado- Yo no observé nada peculiar, tal como pareces decirlo.
Aquella respuesta, rotunda y dicho con toda naturalidad, no dejo resquicio a la duda. ¡Nada había visto!. Me sentí sin fuerzas para continuar indagando aquel hombre.
-De modo que pasaste una guardia tranquila. Bueno no tiene importancia -inquirí rápido para zanjar el asunto-. No té molesto más.
-La mesa es para compartirla. Además parecías tener una pequeña duda.
No tuve menos que sonreír ante este comentario.
-Es cierto. Solo era una “pequeña” duda…
-Bueno espero halla pasado.
Le sonreí complacido por su amabilidad.
-Parece que sí. Nos vemos luego, buen provecho.
-Gracias. Después venite al comedor. A las 21°15 van a pasar la película.
-Bueno, veré. Hasta luego.
-Chau viejo
Me levante y salí del comedor con crudas sensaciones. La verificación de “su ausencia” por parte de estos hombre, cruciales para mí, me sumergió en sinfín de conjeturas. Me sentí confuso, desorientado. No era fácil asumir esa realidad que me atosigaba. ¿Cómo era posible solo yo la hubiese visto? ¿Cómo explicar semejante desacierto? Algo ocurrió durante ese lapso que escapo a mi compresión. De algún modo paso “desapercibida” al resto de la tripulación. Pero ¿Cómo pudo hacerlo? ¿De qué forma si yo la vi con toda claridad?. Algo se hizo evidente: Pareció buscado de exprofeso. No tenía sentido. No sabía. No entendía. Salió de mis pobres conocimientos. Pero había ocurrido…

 

José Revello
(Fragmento de: “El llamado del abismo”)
Hecho el depósito legal que establece la ley 11 723. 
ISBN: 978-987-704-107-1)

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