Poemas de Maria  Celia Azcurra Montero

Poemas de Maria  Celia Azcurra Montero

 

CAOS FECUNDO

Comenzar a volver de todos los infiernos.
Limpiarse cada poro de esa gris heredad de la ceniza.
Olvidar aquel itinerario 
donde capciosamente la muerte se declara.
No temer sumergir las manos en la escoria
y auscultar
si entre tanto dolor aún queda algún latido.

Comprometer los nervios las vísceras el llanto
y llegar hasta el centro de la piedad dormida.

Demoler los crecidos andamiajes del duelo
que nos hicieron cómplices de los espacios curvos,
la sideral distancia
donde el frío nitrógeno congela el corazón cuando no ríe.

Desollarse.
Quitarse cada célula
donde con igual impudicia
combaten las serpientes y los ángeles.
y saber que no nos será fácil.
Que habrá que derrumbar los fieles arquetipos.
Recuperar las cimas la libertad el credo.
Desterrar cofradías
que insistan en hablarnos de perdones y de crímenes.

Y si todo es efímero
y estrangula la voz lo incierto y lo precario,
comenzar desde el caos hasta fijar el vértigo.

M Celia Azcurra Montero
Del Libro “Los Devoradores del tiempo” . Editorial Dunken – 2011

 

DESMESURA

Cuando sabes
que el dolor de estar vivo
es siempre proporcional con el acto de darse.
Darse hasta casi desaparecer.
Y sabes que desdeño
el cobijo engañoso de la mediocridad.
Evitar las grandes alegrías y la sola desdicha.
Que para la desmesura hay que tener talento
o llevar encendida la locura.
Como caminar sobre el filo del acero
y sentir bajo los pies descalzos la agonía de vidrios astillados.
O atropellar las sílabas
que corren de amor hacia tu encuentro.
O que la brisa un día me imante y me lleve
a conocer la lluvia desde arriba.
Y destruya los silencios claustrales.
y me deje sin párpados mirándome como una flor desnuda.
Y que hay un fragmento de luz empecinado
que me quita la piel aún sabiendo
que no hay cálculo ni técnica que ayude y de alivio
en la indescifrable aventura
en la tersa maravilla de estar vivos.

 

INSOMNIO

Hay un hombre en la curva del desvelo
y una cruz en la ventana.
Una cruz que reúne 
en la arcana ternura la tierra con el cielo.
Es tan solo este insomnio
que ni la lumbre
se atreve a atemperarlo.
Un fuego de dioses en el patio
un pedazo de roca que aún llora
que arde y se consume
como una torre
que ha sido construida con destreza.
Átomos insobornables
cubren con estupor los rastros del estío.
Como polen
bautizan y protegen las palabras que dicen los amantes.
Ellos
los leños de la vida
las sílfides del humo
donde los pájaros deliberan y anidan.
Mientras
la lámpara del tiempo
se ahoga en las ojeras
ya vencida.

M. Celia Azcurra Montero
Autoría Registrada

 

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