LA NOCHE DE LOS TIEMPO ( Fragmento-24) / José Revello

José Revello

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPO 

Fragmento-24

“Más tarde –prosiguió Don Genaro- debió ser un espectáculo habitual el presenciar batallas de otras tribus inferiores, y como estos leales “andonitas” luchaban con una sola mano, protegiendo con la otra un compañero herido. Pero, desde un aspecto “psicológico” actual, si podemos adentrarnos en sus vidas cotidianas, dentro de un cuadro histórico, sería interesante saber, por ejemplo, si sabían jugar. Hoy en día es innato y primordial en la crianza humana. Pero ¿Lo fue en esas lejanas épocas? Pues bien, no fue así exactamente. Eran muy propenso a imitar y gesticular, por mero reflejo. Pero su sentido del juego se hallaba aún muy poco desarrollado. Y lo mismo ocurría con el sentido del humor. Pero aquí cabria otra enigmática pregunta: ¿De cuándo data el sentido del humor entre los hombres? ¿Es algo innato o aprendido? ¿Cuánto de las bellas virtudes fue aprendido y adoptado?
Atento a cuanto iba diciendo, acote sorprendido por algo que, por cierto, jamás me lo había planteado.
-Es cierto. Aparenta siempre hubiese sido así….
-Aunque parezca mentira –respondió el anciano- el hombre primitivo apenas sonreía y al parecer, no conocía la risa ni la carcajada, esa rica y saludable condición humana, otra sabia cosa que nos diferenció abismalmente de los animales, fue un legado posterior.
-¿Un legado posterior?
-Si. La pregunta seria. ¿De quién? Pues bien te diré hijo, hay lógicas lagunas dentro de lo que te voy revelando. Entre otras cosas –argumento- por las grandes lejanías del tiempo y sus hechos en escala y dimensión… pero todo parece apuntar, como responsables de este notable paso, a los hombres de otra no menos misteriosa raza: la “adámica”…
-¿Adámica? Es decir, según creo entender –le dije pensando aquel punto- se refiere a los que también conocemos como los primeros padres, Adán y Eva expresamente.
-Es así. Una raza que –por graves y caóticas situaciones sucedidas- solo a medias pudo cumplir su cometido en la evolución humana. Pero como antes dije, es otra fascinante historia que quizás, alcancemos a abordar.
Don Genaro no agregó nada más del “espinoso asunto” ocurrido hace miles de años atrás en el tiempo. No dudo tenía sus conocimientos. Pero lo dejó otra vez en suspenso. (¡Sin embargo, ¡gracias Dios¡ mi añorado y recordado amigo si consiguió relatar esta otra fascinante y controvertida historia: La mítica “caída” de Adan y Eva durante aquellas maravillosas tardes! Pero deberá venir en su momento.) Así continúo su relato entonces.
“En definitiva, aquellos “andonitas” primitivos no eran muy sensibles al dolor ni a situaciones desagradables que, con el paso del tiempo, empezaron a afectar a los restantes humanos hasta hoy en la actualidad. Un ejemplo lo clarifica: Fonta y los “andonicas” que le sucedieron jamás parieron con dolor. Esta circunstancia, muy diferente hoy día, tuvo otras controvertidas y legendarias raíces… de lo que nada podría decirte ahora, me desviaría de lo que procuro trasmitirte. Debes disculparme hijo, pero es necesario seguir un orden. Y así fueron transcurriendo los años. El clan original conservó su ininterrumpida línea hasta que de pronto, en la vigésimo séptima generación, el hecho de no haberse producido el nacimiento de un hijo varón de la descendía directa de Sontag, provocó una revuelta interna por la jefatura “andonita” a cargo de dos fracciones rivales. Lógicamente medida que pasaba el tiempo, los clanes “andonicos” fueron creciendo en número y el contacto entre familias en franca expansión representó fuente inagotable de altercados y malentendidos. Hay que tener en cuenta, que el espíritu estos primeros pueblos históricos se hallaba dominado por dos principios básicos: la caza y el combate. El primero, fundamental para la conservación y desarrollo de sus miembros. El segundo, para la vengarse de injurias o insultos –reales o supuestos- lanzados por tribus más próximas. En los caso de los primeros “andonitas” las guerras no tardaron en estallas entre las diferentes tribus. Y hubo en aquellas contiendas pérdidas irreparables entre sus miembros más valiosos y prometedores. Los sucesos fueron tan trágicos y lamentables, que algunas líneas genéticas dotadas de mayores atributos e inteligencia, se perdieron para siempre. Como si se tratara –sentencio Don Genaro- de un negro presagio, aquella belicosidad se extendió de tal forma, que la raza “andonica” atravesó momentos gravísimos, aproximándose, incluso, al riesgo de la total extinsión……”

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos de autor Reservados

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