Retomando la novela / Pablo Gonzalez Vicente

Pablo Gonzalez Vicente

Retomando la novela

“José les escuchaba recostado en su petate a la puerta de la tienda de campaña y al calor de la pequeña fogata que habían encendido, donde se calentaba un pote menudo con café y achicoria mezclados.

– ¿Y tú que dices José? – le increpó Manuel -. Parece que contigo no va la cosa.

José meditó por un momento lo que debía decir y después respondió:

-Todos estamos aquí por lo mismo y de nada servirán nuestros pensamientos, nuestras motivaciones. Ahora tendremos que preocuparnos por sobrevivir, nada más. No podemos hacer nada para detener esta locura a la que nos vemos arrastrados y debemos tener muy claro y no olvidar en que parte estamos. Yo tampoco he querido venir aquí, pero nadie es dueño de su destino. Lo que se es que la vida nos ha puesto en este lugar, en esta hora maldita, y que debemos afrontarlo como hombres; hombres que no han dudar, ya que en frente encontrarán a otros que no dudarán, pues también desearán sobrevivir por encima de todo, de cualquier idea. Estamos en el campo de batalla y no existe marcha atrás: o ellos, o nosotros.

-La verdad es que te explicas de maravilla, José. Pero no me convences – dijo Manuel -. Sigo pensando que deberían ir ellos. Nosotros tiramos con pólvora ajena. Como aquel canalla de mi pueblo, a quien quité la escopeta de las manos la pasada víspera del “Pilar” cuando iba en busca de un compañero de trabajo para matarlo, pues el amo le había hecho capataz y se lo había mandado. El compañero se había afiliado al sindicato exigiendo mejores condiciones laborales, por lo que el amo le había echado del trabajo sin pagarle. Aprovechando que en la fiesta del pueblo estaban todos en el baile por la noche, el jornalero entró en la cuadra donde su antiguo amo criaba los cerdos, y con la ayuda de varios amigos le robó todos los lechones de la última paridera dejando sólo uno junto a las madres; el sobrero, el más raquítico y diminuto de todos, al que le colgó un cartel que ponía: “Dile a tu amo que a ti no te llevamos porque no nos da la gana”. Para vengarse, el señorito puso de capataz al más gandul y lameculos de sus criados, y metiendo unos duros en su bolso le dio una de sus escopetas de caza para que fuera a matarlo. Yo me lo encontré camino de las viñas y el muy iluso me contó lo que había pasado y cuales eran sus intenciones, por lo que, en un arrebato de cólera le quité la escopeta de las manos y lo sopapeé.

-Estúpido – le dije -, ¿por qué vas contra quien es como tú y defiende sus derechos y los tuyos? Lloró como una “María” y arrepentido volvió a su casa. Esto mismo creo que nos está pasando a nosotros, y que también deberíamos revelarnos contra ello.”

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s