Arlette Valenotti (Venezuela)

Arlette Valenotti (Caracas, Venezuela)
 
Correctora literaria, redactora creativa y poeta.
Publicaciones:
Voces Nuevas (Compilación, Caracas, 2009), Estación de fuga (poemario, Caracas, 2013). Luneático (Compilación, Caracas, 2017).
Periódicos y revistas literarias:
Colectivo Editorial La Mancha, Caracas, 2011 (periódico y revista de poesía); Progetto 7lune, Italia, 2015 y 2018; Revista Viata Romaneasca, Rumania, 2016; Revista Literaria CalleB, Cuba, 2016, 2017 y 2018; Ventanas de poesía, Calcuta, India, 2016; La carta di Altino, Venecia, Italia, 2018 y Revista literaria Sapos y Culebras (por concurso), Barcelona, España, 2018.
Algunas de sus poesías han sido traducidas al italiano, al bengalí y al rumano. Participó en recitales nacionales, en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) y en el Festival Mundial de Poesía convocada por la Casa de las Letras Andrés Bello.
Premio en el V Concurso Internacional de Poesía de Altino, 2018, en Venecia. Italia.
Miembro de Agave, grupo poético; del Grupo Literario Luneático y de la Red de escritora y escritores por el Alba.
 
 
A TU ANTOJO
 
Tus ojos me ciegan
tus piernas me frenan
tus brazos me coagulan
tu cuerpo me descuerpa.
 
Tu pecho me aniquila
tus oídos me ensordecen
tus pies me paralizan
tu lengua me enmudece.
 
Tu aliento me ahoga
tu espalda me regresa
tu sombra me encandila.
 
Tus manos…
¿Tus manos?
En tus manos,
soy artesanía.
 
 
Y QUISO…
 
Y quiso un buen día el reloj
revelarse ante el tiempo
implacable al porvenir,
insolente maternal.
 
Sobornó el mañana
con aquel ayer al acecho.
Lanzó codiciosas flechas,
certeras a todo pronóstico.
 
Quiso registrar
en los archivos hipotecados
las luces ancestrales
de aquella mirada que sabe
le pertenece por derecho.
 
Y un buen día
quiso revivir insomnios,
fríos y fecundos,
apagar el fuego falso,
de promesa incierta.
 
Quiso aquella mirada tardía
y traerla a su pecho.
 
Y quiso ser poema,
rescatar el verso
entre las grietas que anunciaron
rituales de horas suicidas.
 
 
 
EFÍMERO
 
Y el amor llegó
como una bala perdida,
certera,
sin vergüenza, burlona,
desprendida de un trozo de hielo,
aburrida de su propio frío.
 
No le importó suicidarse
en un candente beso.

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