Poemas de Silvia Ortiz

Poemas de Silvia Ortiz

 

***

Son lascivas las preguntas
que sujetan las heridas
y me atan y me estrujen,
hoy me siento miserable,
tantas veces miserable
en las balsas tan nocturnas
tan oscuras de las brisas
despojadas por los mares
que bebía, y yo bebía
cada cuento en que narro
hasta el hastío afonías
de las noches y me siento
miserable,
Hoy camino miserable
bajo pasto interminable,
los aromas de equipaje
ya sujetan las ausencias
que no marchan …
y hay miserias que no arropan
la desdicha de los muertos
ante el ojo del mañana,
En mis ojos hay amores
fermentados frente a frente
como hierro que acrecienta
tenuemente, dócilmente
la resaca del adiós,
hay amores enfermizos
en mi cama y hacen nuda
palidez en las ventanas,
Afilando mil tristezas filo
a filo aquí mi espalda
y me siento miserable,
miserable ante un mundo
que devora la calzada…
miserable…miserable,
los demonios que condeno y
que maldigo en las fauces
de tu lengua miserable.

Silvia Ortiz, Virginia, 07.09. 2019,
Derechos@reservados.

 

***

Hay balcones que me rugen en la espalda,
hay rugidos declarables en el paso
que agiganto noche a noche,
hay los besos que se pierden
en la tele miserable, 
los rugidos y fomentos de silencios,
las albercas que me amarran
desde dentro, desde dentro
y recibo golpes y más golpes
en la sien de los olvidos.

Los balcones circunspectos
frente a frente como amante inapelable,
y hay quejidos en el árbol de promesas
y de duelos alterables,
soledades otoñales en los troncos
que se parten, que se ausentan
y lastiman el andar de nueva marcha.

Hay los buitres anhelando
el prensor vocablo que divulgan
por las noches bajo ángeles dorados,
en la espalda, en la espalda silenciosa y
hay escritos escondidos en balcones tan amados,
regálame el pasto verde verde
de las calles que me puncen hasta el alma,
que me puncen a la diestra
y en la adversa de ventanas
junto al llanto que me prensa,
que me prensa.

Regálame despidos en el brote
casi oculto de mi lengua,
el pasto pasto en su moho
y en las calles siempre calles,
déjame encendido de pupilas
en la grama de tus ojos
y haz que ruja como el viento
sonrojado de diademas.

Duendecillo infrecuente
de mi almohada haz que abrace
y fuerce los silencios espinales del zorzal,
junto al eco sepultado de mi traje,
junto al ancla del cartel formó la noche
como oscuros barriletes
de cosechas sin resguardo,
calle a calle, valle a valle
abrupto campanario de promesas
y promesas siempre en blanco de verdades.

Silvia Ortiz, Virginia, EE. UU. 07.08.2019,
Derechos@reservados

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