PARA CONOCER LA HABANA (“La fauna exaude” es una colección de “poemas emancipados y de largo aliento”, según describe su autor, el poeta Antonio Leal) / LILITT TAGLE

PARA CONOCER LA HABANA

 

LILITT TAGLE

“La fauna exaude” es una colección de “poemas emancipados y de largo aliento”, según describe su autor, el poeta Antonio Leal, natural de Chetumal, cuya obra poética ha sido traducida al catalán, francés, inglés y portugués. Se le considera el iniciador de las letras contemporáneas en Quintana Roo y un gran poeta, como menciona el también magnífico poeta del sur de nuestro estado, Rubén de Leo: “Tu pluma es de esa magnitud de las aves del Caribe, a soplo del azur marino y celeste. Cada parloteo lleva ese sonido impregnado de la plástica terrenal salpicada por el bailoteo de la sal cantante. ¡Salud, poeta!”
Quiero compartir con ustedes un poema de este libro, “La fauna exaude”, editado por CONACULTA en 2012. Antonio, explica en Face Book CÓMO SURGE: “este poema lo escribí en México, unos días después de haber visitado Cuba, que decidí quizá fuera considerado uno más de los tantos que han escrito y seguirán escribiendo infinidad de poetas después de haber estado en La Habana. Lo escribí pensando también en el texto de Jaime Sabines, también inscrito en la nómina de los poetas que le han escrito a La Habana. Va:
ONCE DE LA MAÑANA EN LA HABANA
Son las once de la mañana, -hora diáfana-, bajo las frondas donde uno de estos días esplenderá el solsticio del estío ya antepuertas. Un alud de nostalgias se arracima en el alma, justo al pie del busto de mármol de Martí, que sufre un rayo en la cara, la huella de un latigazo del tiempo, una cicatriz, una cuarteadura que le nace cerca del ojo izquierdo y llega a morirle en el lado contrario de la barba.
Buenos días poeta José. Buenos días máscara del día. Buenos días pedazo de azul cielo
que en añicos caes, esta fresca media mañana, sobre el embaldosado de la ancha senda
que como cubierta de una barcaza el trazo de su derrota navega aguas arriba, hacia donde ahora riela, a toda bandera, la bahía de La Habana.
El corazón da tumbos contra todo, avanza a marejadas, se revuelca en la tierra, sin importarle nada se llena el pantalón de mugre, danza alegre entre la epifanía del aire de la alameda ancha. Buenos días melindre, buenos días desasosiego de las bancas, buenos días nicho arqueado de altas ramas, a los árboles que igual que yo van a alguna parte
en el sentido opuesto al mío: ¡Dios los guarde!
Buenos días al niño que arrastra puerilmente al padre, para la abulia quitarle del comienzo de una mala jornada, con la medicina de un paseo sano por el parque.
Buenos días nostalgia, monserga que dormitas y temprano maquillas las cornisas en donde parece que el tiempo nunca pasa; buenos días al fierraje de las fachadas traído más allá de otros mares.
Buenos días a las ropas blancas, que como banderas ciegas ondean arriba, sobre las altas
barandas; al santoral anónimo de camisas y faldas; a los edificios abrigados de arte de La Habana Vieja, abandonados por temor a derrumbes, patrimonio del chanchullo,
de la equívoca molicie y sus fantasmas.
Buenos días a los techos y remates repujados de gárgolas, duendes y sirenas, donde cada vez, la bombarda de las lluvias y el azote de huracanes, año tras año los acaba.
Buenos días al ícono del Che Guevara, con su gorra negra eterna, sobre su frente limpia
y franca, que como indeleble bandera tremola todavía a toda vela, en una barda aledaña al Paseo Martí. Buenos días camarada máuser, le digo, en un verso memorable de Maiakovsky.

Antonio Leal

Buenos días mes de junio, plenilunio de tibias pavesas rezagadas. Buenos días, me digo,
musitando mío, -mientras al mar camino,- el tetragrama aun sangrante del Che que en la pared proclama: ¡Hasta La Victoria Siempre…!

Antonio Leal.
Pablo García, otro activista cultural pero del Norte del estado, Papantla, contesta: -“Hermosísimo poema, se acopla a los tiempos de la partida del comandante, remonta objetivamente a un país que no conozco pero la estoy imaginando como si estuviera frente a la estatua, frente al tiempo, frente al estado de ánimo en que fue escrito, gracias maestro por esta magia de imágenes que me han hecho viajar a la vieja habana sin haber estado ahí, ahora ya sé cómo es La Habana.”
Antonio replica: -“Muchas gracias profe, me hinchó de alegría saber que leyó usted lo que yo quería presentar, mis imágenes literarias de un paseo por La Habana, contraponerlo. Investigué, con los textos de otros poetas de todos los tiempos, lo que usted me dice me alegra, y tómelo del mejor lado, no es usted la primera persona que me dice en las mismas palabras que usted lo hace, que las imágenes de la ciudad les hicieron conocer, sentirse estar en la Habana, y eso profe, da mucho gusto, así recuerdo yo también y vuelvo a ir en sentimiento por las calles de esa ciudad.”
¡Para eso sirve la poesía!

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