Magda Portal / por Silvia Ortiz

Magda Portal

“Yo soy un mar porque
no hubiera sido un río
Un mar sin cauces
De verdes alegrías
I de profundas soledades”

Ahora soy yo la que oculto mis letras, la que encubro razones para escribir y vivir, afirmada en el golpe certero de negarme a mí misma, disfrazada en pretextos etéreos y el ruidoso palpable de otro texto en la boca, otra lectura más que encienda las velas en dorsos del fiero mañana, otro delirio inmortal de profesar la vida talante que porto en silencio, un nuevo bosque de escritos retumbando pobre aurora. Recibo cada mañana la escolta de más lecturas, nuevos textos, y el silencio acude al rescate de la historia, la historia olvidada de valientes mujeres, que inexplicablemente fueron matizadas de abandono, hoy quisiera, irrumpir sobre la personalidad exquisita de una, mujer toda, mujer, dije mujer, mujer con cada letra en su punto Magda Portal, de Barranco nació María Magdalena Julia del Portal Moreno, y es que a veces la historia, y hasta la propia vida suele encubrir terribles y gruesos olvidos, imperdonables olvidos.

Nuestra poeta Magda Portal se ha ocupado libremente de vivir la intensidad de su obra, su accionar, vistió de fuerza única su activismo social, en favor de los derechos civiles de las mujeres, llegó a ser considerada la primera representante del feminismo militante en el Perú, Magda, solo ella, y como tantas mujeres recibió la sepultura férrea, la humillación por decoro, su voz de poeta inmortal resuena en tantos balcones de Barranco, balneario al sur de Lima, Perú, su amado Barranco, y al que se entregaron sus cenizas luego que un día partiera, partiera a ese lugar del vate, los “poetas del espíritu suicida”, es decir, aquellos que cultivan íntimamente la inmortalidad, optan por declararse locos, locos por seguir a un Cristo que vive entre calles, se parece al que pasa desnudo y de hambre, ese personaje del que muchos perjuran y otros alaban, para todos existe el campo de insultos y belicosos ardores del que presumen ser “Dios”.

Magda, poeta, historiadora, periodista pulcra, política en su punto, capaz de “asaltar las calles” de tanto amor por la lucha, las reivindicaciones, fundar un partido y retirarse a tiempo, el peso de su amor pudo más, la poesía y el eterno dolor del que ya padecía, fue la suma distintiva para dolerse por la sangre del dolor, Magda, así de simple, pulcra de pulcritud, excelsa de excelsitud, imperturbable al oído, recostada en la pluma y un destape de la chapa al ser arrojada a la calle, la poeta Magda, ella la que lleva en su espalda la desazón por ser mujer y el olvido, desterrada por su propia patria, no ensayó ninguna cobardía, tampoco quebraron sus miedos al perder a su padre, aun siendo muy pequeña, ella, supo hilar y deshilar al mismo tiempo cada sorbo que bebía. No pretendo, ni creo alcanzar ninguna erudición con mi escrito, sólo trato de expandir alguna túnica tierna, un estate viva Magda con sus inequívocas cruzadas, con su propio canto al mar, frente al mar amado y la madurez de su inocencia, sus escritos, y la dicha de Barranco y del Perú al procrear en sus entrañas, el majestuoso talento, una hija mas que ha vivido y a escrito para no morir jamás.

Perseguida en el dolor, detenida, encarcelada, expatriada en expulsión, vivió como el mar sosteniendo los aplaques de estallidos en la guerra, la guerra de sus propias aguas, las rocas, fue una causa incausada la vida que gustosamente llevaba, “Yo soy un mar /porque no hubiera sido un río” declaró en uno de sus versos, sospecho que siempre fue mar en la niña de sus ojos, un mar sin causes, ni reproches, y muy verdes los arándanos que aquejaron en su boca, sus versos oscilaban en perpetuidades inexistentes para la época, la soledad, esa que a tantos visita, logró refundirse en su talla e hizo del tiempo su barca, y en su actividad laboriosa, oprimió la vida y la muerte, fue poeta y no desuso rompeolas, bajo el mar del que tanto escribiera, advertían sus ojos, sus ojos no huidizos para el dolor, y describe como si ya lo perdiera, el beso, ese beso blanco, incólume, altivo, ocurrente en el propio campo del verso, no restringe elogios para un mar que no causa herida, la juventud en sus olas, su Barranco y otra vez Barranco extiende así mismo sus brazos, como el abrazo receptor de una cresta en petardo.
Y si hoy Magda Portal viviera, moriría de pena, los terribles corolarios de indolencia, en sus mares, en las aguas, en su tierra, en la fauna y la flora toda, y hasta el mismo hombre hueco, las muertes, y la violencia en su ascenso sobre tanta mujer, sobre la humanidad y otros niños, y la tierra y otra vez la tierra, y tanto pan podrido en la mesa “del otro”, y es que se “posee tanto” que ya no hay nada más porque lidiar, tanta enfermedad y tanta paliativa medicina y nada de sano curar, los ciegos ojos de aquel que esconde su aroma, porque en la acera sucesiva, hay tanto muerto tendido. ¡Ay si viviera Magda!, si viviera, un temor inmenso y cuestionador ingresa en mi breve escrito, la gaviota blanca, la esperanza mordida, con sus pupilas rosas, ella escribe “Aquel mar de los brazos abiertos/de la perenne juventud/Donde se posa/ mi Esperanza/gaviota blanca”, Magda sigue coexistiendo en el mismo mar, es Barranco su amado, es Barranco el dorado torreón de festivales, de colores, Barranco en la mocedad de sus calles, ya no vive Barranco, ya se muere, ya se extinguen los defensores corales, Magda Portal, Magda, Magda ninguna más como tú. Si vivieras poeta, si vivieras, así se concluye uno de los más valorados versos que aplaudió y festejó José Carlos Mariátegui, quien elogió y calificó como la «primera poetisa del Perú», fue la primera poeta mujer de la corriente vanguardista, no solo del Perú sino de toda Latinoamérica. Nuestra reconocida y todavía olvidada poeta, Magda Portal, muere en el Hospital Obrero, un 11 de junio de 1989, muere en la soledad más severa y en el llanto dolido de no poder hacer mucho más por su tierra, sumado a las incomprensiones de aquella época, los “lobos” no pudieron callarla en la amplitud de su alma.

 

por Silvia Ortiz

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