Fragmentos de – 9 “Viaje al interior de un mundo extraño”) / José Revello

José Revello

VIAJE AL INTERIOR DE UN MUNDO EXTRAÑO

Fragmento- 9

LOS INTERIORES SECRETOS

Intrigado observe las fosas nasales. Acaricie los pródigos pelos, ¡descubrí eran naturales! parecían de algún tipo de animal, seguramente hacia miles de años habían sido allí colocado. La maestría y minuciosidad del mensaje, justifico los filtradores. Y concebí una idea. ¿Sería posible fuera del cuerpo de esos seres? ¿Cabría la posibilidad?
“Por Dios podría significar un valioso aporte a un estudio genético de este ser tan primitivo ¿Qué luz podría arrojar su descubrimiento”
Alborozado acaricie su sedosidad. Aunque siendo de algún animal, tenía su importancia. Pero no dejo de ser curioso. ¿Por qué insertaron los cabellos propiamente? volví acariciarlos impresionado.
”Sin tierra ni gratitud. ¿De qué otra forma se podrían limpiar a no ser con el agua?”
Y esa palabra -“agua”- retumbó como señal ¡Agua! ¿De qué otra forma podría lavarse sino? ¿De dónde provenía a esa cavidad? ¿Cómo se lavaron y secaron los cabellos? ¿Acaso existía una “técnica” de riego sistemático y regulador por alguna parte?
“¡Por Dios! Es incomprensible.”
¿De dónde se obtenía? ¿Qué caudal necesitaría para sostener su pulcritud por milenios? ¿Cómo pudo funcionar sin que el devastador paso del tiempo lo saque de su órbita? de existir, su cifra liquida debía ser astronómica. Se escondía bajo manto de misterio. Por un extraño capricho del destino estuvo en mí descubrirlo. Seguí mi observación. El tiempo apremiaba. No podía demorar mi regreso, no podía caer la noche conmigo sumergido en zonas de la selva. Pero cada indicación, cada cosa descubierta, parecía atraparme. Lo confieso. Doblego mi voluntad, perdí la noción del tiempo y no medí sus peligros. Algo en las fosas nasales me hizo capitular en una cosa que, si bien lo venía viendo, no fije mi atención. En sí mismo, era inaudito. Me refiero a la pulcritud de la misma cabeza. Estaba tallada y pulida, eso sí, pero libre de toda porosidad casi no marco mi mano en su superficie, algo por cierto inexplicable ¿Cómo se mantuvo limpio de la presión selvática? deje sin embargo ese interesante sector y desvié mi vista a la boca abierta. Me incliné y volví a mi antigua posición en cuclillas, sobre el borde del labio superior. Me asomé a su interior. Su concavidad me dejó estupefacto. Allí había sido tallado encías, garganta, lengua y dentadura de aquel extraño ser del pasado. Esa boca arrogo la siguiente medida, (aun hecho a ojo lo doy casi como exacto). Su parte de abajo, donde estaba la lengua y dentadura inferior, era una media luna de dos metros y medio de diámetro. Sobre sus costados se alzaba paredes laterales, las encías propiamente, formando una cavidad de tres metros (contando el espacio entre dientes y encías) con un alto de unos cuatro metros. Sobre el fondo cóncavo existía -supuestamente- una caída subterránea…

LA VISIÓN INTERIOR
Aquella visión me dejo perplejo. Ahí había sido moldeada la boca y según verifique después con “arreglos odontológicos”.
Pero vayamos por partes.
Me sorprendió algo en la parte superior, la imagen en relieve de una pareja de “humanoides”. Fueron tallados con su cabeza apuntando a la garganta, (?) absorto por el hallazgo quise escrutarlo, pero era evidente debía introducirme dentro para su mejor observación. Bañado por la luminosidad y mi incómoda posición, costo ver su lineamiento. No me decidí a ingresar. Se desencadeno sucesos extraños y desconocidos y era bastante posible, (la misteriosa “lámina oscura” parecía indicio), tuviera sus sistemas defensivos. La posibilidad que cerrase la boca estando yo dentro me lleno de escalofríos. Por nada del mundo debía pasar. Y eso me limitaba de sobremanera. Pero nada predijo lo que estaba por venir, su poderosa “fuerza magnetica” pareció “incitarme” cada vez más a su interior. Fueron momentos de grandes dudas. Después de todo, quizás, era hora de regresar a la ciudad. Debía pensarlo seriamente. Si bien me sentía impresionado y aún más intrigado, también olía peligro. Sin embargo el casi mortal suceso desatado dio un giro inesperado a mi decisión.

El SONIDO DELATOR
Tardé en captar el peligro. Levanté mi vista y un escalofrío atravesó mis entrañas. A pocos metros de mi cabeza, hábilmente colgada de una rama, erguida en peligrosa postura, visualicé una serpiente, me bastó verla para entender su peligrosidad (debido a mi noción un pavor me invadió. Aquel reptil era de los más fatídico ¡Dios santo!¡era una serpiente de cascabel!) Un sudor bañó mi rostro. Me quede inmóvil, petrificado. Absorto en esos interiores no percibí su acecho. Pero el animal si detecto mi presencia, y sigilosamente, se fue acercando a su presa. Su fauce se dilato dispuesta a su fatal embestida. En esos fatídicos segundos advertí mi desventaja, no podía esquivarla, estaba en su directa línea de ataque. La peligrosa serpiente -en pleno dominio de su territorio- se colocó en diestra posición. Ahí estaba con mi vida pendiente de un hilo a punto de cortarse…
Entonces ocurrió lo inexplicable.
Aquello fue tan inesperado como salvador. Fue algo muy desconcertante y vertiginoso. No tengo claro los hechos. Lo que recuerdo mis oídos se bloquearon abriéndose a una “frecuencia” de “sonido”, un agudo “zumbido” que pareció perforar mis tímpanos. Cubrí mis oídos gritando para contrarrestar su perturbador efecto, yendo al límite de lo soportable, alterando mis propios sentidos, resistí la virulenta resonancia. De pronto recordé la fatídica serpiente. Aturdido levanté mi vista. Su visión me estremeció. Su cuerpo se sacudía en aterradoras convulsiones, contrayéndose de dolor y espanto, como caída bajo efectos de un “Shock eléctrico”. Fui incapaz de entender lo que sucedía. Los despiadados movimientos terminó por desenroscarla y su alargado cuerpo golpeó las espesuras hasta que –nunca supe si inconsciente o muerta- desapareció de mi vista. Entonces el feroz zumbido ceso. Mi conducto auditivo, libre del catastrófico embate recuperó casi su normalidad. Mi cabeza parecía un hervidero. Me sentía aturdido, crispados mis nervios. Todo había sido demasiado rápido: El asecho de la serpiente; el aterrador “zumbido”, el inesperado desenlace final…
La cruda realidad me enfrento. Mi desconcierto era absoluto. Trate de reflexione. El “zumbido” salió dirigido a mi cabeza como, supuse, a la serpiente. Aquel “sonido” pareció provenir del interior de la cabeza. Eso certifico su posible “sistema defensivo”. Pero yo hacía rato venía merodeando y llegué -quizás- a provocar algo mayor, sin percibir nada de esa naturaleza. ¿Por qué se activó entonces? Por cierto su “disparo” fue certero y crucial a mi propia existencia.
“No tiene el menor sentido. Por otra causa ocurrió y su intervención fue providencial.”
Aquel zumbido entorpeció mis oídos provocando un agudo dolor interno. Pero a esa serpiente pareció enloquecerla a tal punto que perdió todo control de sí misma. Sus sentidos sufrieran el mayor daño y los oídos humanos, tal vez estuvieran más preparados para soportarlo. No había forma de saberlo. Tardé en asimilarlo. Una sensación de agradecimiento me invadió y de pronto, me halle acariciando su pétrea superficie.
“No sé cómo. Pero te debo la vida. Te doy mil gracias, si eres capaz de recibirlo. No sé cómo, pero ese sonido salvo mi vida”.
Una cierta -y quizás no racional- seguridad apaciguó mis dudas. Algo repuesto del suceso, reanude mi observación antes de mi arriesgado ingreso al interior de la boca abierta…

(Fragmentos de: “Viaje al interior de un mundo extraño”)
Derechos de autor Reservados

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