Ronald Campos López (Costa Rica)

Ronald Campos López (Costa Rica)

 
Ronald Campos López (1984- ) es doctor en Español: Lingüística, Literatura y Comunicación, por la Universidad de Valladolid (2016). Profesor e investigador de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura de la Universidad de Costa Rica. Como hispanista, se ha dedicado al estudio de la poesía hispánica (latinoamericana y española) contemporánea. De ahí sus colaboraciones en revistas sobre literatura, lingüística y didáctica, tanto de Costa Rica, como de América Latina, España y Europa.
Como poeta, ha trazado una carrera literaria con sus poemarios: Deshabitado augurio (2004), Hormigas en el pecho (2007), Navaja de luciérnagas (2010), Varonaria (2012), Mendigo entre la tarde (2013), La invicta soledad (2014), Quince claridades para mi padre (2015), Respuestas de la tierra (2016), Poemas de Gante (2018) y Mortaja para mil ruiseñores (Crónicas poéticas) (2019) y Depravación de la luz (2020). Su producción poética abarca numerosas temáticas: existencial, metafísica, homoerótica, social, surrealista, mística, ecocrítica. Aunque parte de su poesía destaca como una de las primeras voces jóvenes en poetizar abiertamente la homosexualidad, en darle un espacio de visibilidad y enunciación en la sociedad y poesía nacionales, su constante búsqueda de registros expresivos y temas continúa ampliando el repertorio de su creación.
 
 
ÓSCAR MARTÍNEZ SALGADO
(HONDURAS, 1965-2010)
 
Diciembre crujió en tu llavín
cuando entraste en tu casa.
Con tus tacones de escarcha detrás de la noche.
Con tu peluca de albas retocadas.
Con los últimos ruidos que también,
¡ay, entraron tranquilos,
y apuñalaron tu vida con la vida misma,
te ataron a la vida en desventaja
sobre la silla misma,
aguardaron a que tu habitación
te consumiera
las plumas, el vestido,
el grito amanecido, los puñales,
la silla, ay hasta las medias de seda!
 
Y sin embargo…
¿qué te fue arder
en una hoguera más
alta que tus dos ojos?
Dime, ¿qué es arder con la misma sangre
a la que le confiaron un destino,
si a cada instante
comienza todo,
si a cada instante
sondea muerte el oxígeno,
si a cada instante
un nuevo rostro nos sostiene
erigido carbón
ante la muerte?
Siempre en la ceniza hay un milagro.
 
Y por eso ni a ti ni a mí,
oh princesa,
¡ni a ti ni a mí la muerte
esta mañana
podrá alcanzarnos,
ni a ti ni a mí que decidimos
brillo sobre los labios,
el maquillaje contra los horarios,
ni a ti ni a mí que decidimos
travestirnos ya de hombres
para andar a trasluz
sobre esta tierra!
 
Dime, Lady Óscar,
¿qué es arder herido de muerte,
cuando el otro que eres y no termina
se levanta y sacude
la ácida mueca de las cenizas…?
 
De Mortaja para mil ruiseñores (Crónicas poéticas), 2019
 
 
 
HABITAR EL MILAGRO
 
tenían la voz del ruiseñor y su canto
Farid al-din Attar
 
(Irán, ¿1145?-1221)
 
Nuestra habitación, Franklin,
no temas. No es un encierro.
No es que ganaran
insultos o amenazas.
¡No es que triunfaran el arma, el puñal, la piedra que sí
contra otros gemidos, contra otras rojas,
contra otros brazos en alto defendiéndose
sí estalló, descuartizó, lapidó…!
¡No, no temas…! Desde adentro
le hacemos el amor
al bullicio ¡Desde adentro se lo hacemos,
depravados de luz,
pederastas de asombros,
pervertida la tierra
amándose antigua, tú y yo,
porque siempre la espuma fue primero!
Con tu cabello o nave perdiéndose donde
ambinacen mis piernas.
¡Con tu litoral o sonrisa cortada por caricias!
¡Con todo un antemar en el oído
para escuchar lo blanco
distinto en las fregatas…!
Desde adentro, Franklin, le hacemos
el amor a la injuria.
Da el reloj las 12:00.
Y este amar de mil ruiseñores.
 
Pues nada más abierto para ustedes
que nuestra habitación cerrada.
Nuestras manos. Juntas:
¡Una!
No por las sombras cabalgando.
¡Sino por este grito, este viaje compartido
hacia la muerte, ocelote del día,
tan temblorosamente
vivo, desequilibrio
sin importancia sobre
Sus dedos, ay, entre Sus dedos…!
Nuestras manos. Juntas:
¡Una!
Descubriendo que el mundo
ha nacido y nace también en ella.
Pues siempre siempre siempre,
el verdadero espacio
nace del corazón
vertical de la luz.
 
No. No temas, Franklin…
 
No nos importe si
nuestro amor no es legal.
Somos hombres-mujeres,
mujeres-hombres,
y juntos otra cosa.
 
 
ABISMAR EL ENIGMA
 
Mis ojos se abismaban
más lejos que el mundo visible.
 
Ibn Arabi
(Murcia, 1165-Damasco, 1240)
 
Homenaje
a Esthela Calderón
y Ernesto Cardenal
 
No siempre fuiste un hombre.
Sabes que urré . Albufera
trasnochada. Tucán
o fósforo abrazado.
Nada ante los espejos
y aun así te contemplas.
Camuflaje con patas
color del aire o araña.
Astado manantial
o caracol. Manglar
o estepa entre unas pinzas
impasibles. Sapranthus
palanga en el poniente.
La montaña viajando
en el coyote o jade.
Sapo dorado o ganso
como una cima en vilo.
Bacteria que gradualmente
fue dinosaurio.
Jorobada que sigue
de casquetes los restos.
O aquel último par
de moscas en Chernóbil.
O el bejuco naciendo
de aquel tórax ‒espíritu
vertical, pegajoso‒.
O acampanado olor
el de las oropéndolas.
Sonido punteado el
del zacate-limón.
Adolorido orégano
en vez del niño enfermo.
Refulgente coyol.
ADN de semilla,
ADN de misterio,
tu palabra primera
fue la de un árbol ceiba,
remotísimo gas,
un solo antepasado.
De ahí que nunca enteramente
se te entregó
el principio ni el fin.
Y entredormido allí,
tú lo intuyes, amor.
Como los mangos rumbo
al mar… hacia el mar siempre…
 
Da el reloj las 12:00.
Al mediodía el ocaso.
 
No siempre fuiste un hombre.
 
De Depravación de la luz (2020)
 

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