Guillermo FERNÁNDEZ (Costa Rica)

Guillermo FERNÁNDEZ (Costa Rica)

 
Guillermo Fernández nació en el año 1962, San José, Costa Rica. Se graduó en Filosofía de la Universidad de Costa Rica. Ha sido ganador del premio Nacional de Literatura en Poesía (1997), Cuento (2013) y Novela (2020). Cuatro de sus libros forman parte del programa de estudio del Ministerio de Educación Pública para secundaria.
 
Selección de poemas de “El país de la última tarde”
 
***
 
He vuelto a pasar por donde vivías hace años
y me embruja de pronto esa parte de la cuadra,
y me visto de nuevo de la desnudez
con la que puedo entrar, segundo a segundo,
al recuerdo.
 
Ya sé que ya no estás
en esta casa reconstruida.
Y no hay un agujero de gusano
que me lance ileso hasta su umbral,
para de nuevo tocar el timbre
esperando que asomés por la ventana del segundo piso.
 
No hay agujeros de gusano
hacia los momentos únicos.
Solo hay sueños donde puedo seguir esperando a que me abrás la puerta:
un sueño recurrente que termina
en sombras incapaces de encontrarse.
Los sueños no resuelven nada
y solo tienden a complicar en miles de episodios
inconclusos lo que no hemos alcanzado:
ese abrazo profundo,
esa confesión que se quedó encerrada en la boca.
 
Sé que hay cosas que se mantienen invictas
en tu antiguo barrio.
La ebanistería que atiende el incansable albino,
que parece un monolito imbatible.
La calle hacia el cementerio,
que sigue con su misma arquitectura.
tan poco ostentosa que da un gusto pensar en el folclor de la muerte,
Los postes de luz que continúan casi con el mismo herrumbre,
la misma luz que declina hacia el celaje de cualquier momento.
El mismo de tu época y la mía,
cuando había ese vientecito extraño
que nos acarició el rostro
y que te impulsó a besarme y yo a caerme en ese beso
como la redención a toda humillación del porvenir
que ya tenía previamente el consuelo de ese beso.
 
He vuelto a sonreír pasando por tu antigua casa.
Ya no estás adentro ni en ningún vestigio de ese inmueble.
Lo que seás hoy y lo que sea yo ahora
nos asustaría a ambos si pudiéramos mirarnos a los ojos.
No podríamos creer que la emoción intolerable
al vernos en un recreo de la escuela,
tuviese tanto poder que aún, humildemente, perseguimos,
en esta mágica tarde decembrina.
 
(De “El país de la última tarde”, Premio Rogelio Sinán 2020)
 
 
 
***
 
Florece el musgo en la mustia pared.
Y ahora no sabemos si es un acto heroico
o una escena trivial.
¿Debería ser noticia?
¿Debería propiciar algunas inquietudes
a los que pasan por la calle, preocupados?
Es probable que haya ocurrido una victoria solitaria.
Una victoria que nadie recordará.
Sin alardes ni pompa,
la masa de concreto ha cedido a un débil impulso,
tan débil que nadie lo ha sentido
en el centro financiero o mientras conducía su automóvil.
 
El ruido no deja oír lo que vale la pena.
Y menos lo que es tan sutil
como el golpe certero del musgo
entre masas de implacables edificios.
 
Ha sido burlado el guardián de la muerte.
De una máscara gris, aséptica,
ha emergido el impulso de la sonriente esperanza.
 
(De “El país de la última tarde”, Premio Rogelio Sinán 2020)
 
 
 
***
 
Como un perro inútil
he mordido el hueso sin sustancia de tus fotografías.
Como un perro en abandono olisqueo
esos indicios
deseoso de confirmar luz en tus facciones.
Algo que es eterno aún en tu semblante.
Las dejo reposar por meses
como lo que son: reflejos en el río.
Y trato de entender que son un consuelo insuficiente.
Procuro no buscarlas en esa hora incierta
que me importa poco si son un simulacro,
un mejor alimento que la misma nada.
 
(De “Hojas de ceniza”, 2017)

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