Miladis Hernández Acosta (Cuba)

 
Miladis Hernández Acosta (Cuba)
 
Miladis Hernández Acosta (Guantánamo, Cuba, 1968). Poeta, editora, crítica y ensayista. Licenciada en Historia por la Universidad de Oriente.
Ha publicado el ensayo: Las náufragas porfías (Ed. Primigenios. Miami, 2020 y Ediciones Loynaz, Pinar del Río, 2016). Los poemarios: Bosque de Tárnow, ( Ilíadas Ediciones. Berlín, 2021); La niebla del paraíso (Ed. DMcPherson. Miami. 2021); Viento de cenizas (Antología Mínima. Ed Primigenios, 2021) El oro del imperio (Ed. Siglo 21. España. 2020); La confesión infinita (LP5. Chile, 2020); El fuego del ángel (segunda edición. Ed. Primigenio, 2020), Al sur de los páramos (tercera edición. Ed Primigenios, 2020), La sombra que pasa (Segunda edición. Ed. Primigenios, Miami. 2020); Después de la caída. (Segunda edición. Ed, Primigenios, Miami, 2020); Memorias del abismo, segunda edición (Ed. Primigenios, Miami, 2020); El fuego del ángel (Editorial ZWeibook, Chile, 2020), Al sur de los páramos, segunda edición (Ed. El mar y la montaña. Guantánamo, Cuba, 2020); Los imponderables reinos, segunda edición (Ed. Primigenios. Miami, 2020); Libro de los prójimos. Segunda edición (Ed. Primigenios. Miami. 2020); La isla preterida (Ed. Primigenios. Miami. 2019); Los imponderables reinos, (Ed. Extramuros, 2014, Cuba); Después de la caída, (Ed. Oriente, 2014, Cuba); Diario de una paria (1994) y La burla del vacío (1995), ambos por la Ed. Oriente; Los filos del barro (2000 y 2009) y Memorias del abismo (2004), por la Ed. El Mar y la Montaña; El conjuro de las runas (Ediciones Ávila, 2004); Salmos para el hastío (Ediciones Vitral, Obispado Pinar del Río, 2005); Libro de los prójimos (Ediciones UNIÓN, Ciudad de La Habana, 2010); La armada tristeza invencible (Ediciones Ácana, Camagüey, 2009) y La sombra que pasa (Ed. Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 2010). En proceso editorial: Los expolios. (Versátiles. Editores. Huelva. España)
Como antologadora tiene publicado Harold Hart Crane, El divergente, Compilación y prólogo, Miladis Hernández Acosta. Ed Ático, Holguín, 2015, Cuba. La Incierta Superficie, Antología poética de Francisco Muñoz Soler. España. (Compilación, prólogo y edición de Miladis Hernández Acosta. Proyecto Sur. Ediciones Unión. Cuba, 2012); Ríos de cabezas (Antología Poética de Roberto Bianchi. Compilación, edición y Prólogo de Miladis Hernández Acosta. Proyecto Sur. Ediciones Unión, La Habana, Cuba, y Ediciones Abrace, Montevideo, Uruguay. 2013); El fuego recobrado (11 Mujeres cubanas contemporáneas. Ed. Giraluna. Venezuela, 2021) y Once Voces dispersas. Poesía del exilio y la emigración (Antología de mujeres de Hispanoamérica. Ed Primigenios. Miami. 2021)
Sus obras han sido incluidas en antologías cubanas y extranjeras como Anuario UNEAC (Ediciones UNIÓN, Ciudad de La Habana, 1994), Poetas cubanos actuales (s.e., Venezuela, 1995), Hermanos Bilingüe(s.e., Salvador de Bahía, Brasil, 1996), Aldea poética (Ed. Ópera Prima, Madrid, España, 1997), Mujer adentro (Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 2000), Los parques (Ediciones Mecenas y Reina del Mar Editores, Cienfuegos, 2001), Silvio: te debo esta canción (Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2004), Antología de la poesía cósmica de Miladis Hernández Acosta, de Fredo Arias de la Canal (Ed. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2002)y Antología de la poesía cósmica cubana (Ed. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2000), Encuentros, sobre la obra poética de Dulce María Loynaz, Ediciones Loynaz, 2012, Pinar del Río, Cuba, De cuando la Zambrana era Luisa Pérez Montes de Oca (Ediciones Santiago, 2012), Poesía cubana, Siglo XXI. Fernando Sabino. Miami. 2012. Poderosos Pianos amarillos, poemas cubanos a Gastón Baquero, Ediciones La Luz, Holguín, 2013. Espejos de la palabra. Ed. Abrace, Uruguay 2014.
La isla invertebrada. Ed Capiro, 2019. Cultivo una Rosa Blanca, Ed Giraluna. Venezuela, 2019. Ebook: Ana Frank. Biblioteca de las Grandes Naciones. España, 2019. Ebook: Alejandra Pizarnik. Biblioteca de las Grandes Naciones. España, 2019. La Habana convida, 500 años. Ed. Primigenios. Miami, 2019. Ebook. Chile, 2019. Biblioteca de las Grandes Naciones. España. Miami, Rincon querido, (Ed. Primigenios, 2020); Pandemia, Ebook. Biblioteca de todas las naciones, España, 2020. Fusión. Contra Molinos de viento, Argentina, 2020. Antología Opa, Esforzándose por sobrevivir, India, 2020.
Sus poemas han aparecido en revistas nacionales y extranjeras, tales como La Gaceta de Cuba, Cauce, Debate, Señales, El Mar y la Montaña, Del Caribe, El Caserón, Fauces y Estrella del Sur, estas dos últimas de España; La puerta de los poetas (Francia), Prueba de Galera (Argentina), Luces y Sombras (España), Xilote(México), Sol Negro (Perú), Alhucema (España) y Decir del agua (revista digital, EE.UU.), Videncia, Cuba, La siempreviva, UNION, Revista de arte y Literatura, Ciudad Habana, 2013, Cuba, Diéresis, Holguín, Cuba, Dualis, Revista de Género, Abrace, Uruguay 2014, y otras. Letras de Chile, 2020. Linden Line, Magazine, primavera, abril, Miami, 2020. Atunis poetry, Bélgica. 2020. Revista Azahar. España, 2020. Golem, 2020.Antología OPA de poesía. Striving for supervival. India, 2020.
Sobre su obra se han escrito artículos y comentarios que aparecen en: De la Filosofía al Protoidioma, de Fredo Arias de la Canal (Ed. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2002); “Palabras de presentación del poemario Los filos del barro de Miladis Hernández”, de Rissell Parra Fontanilles (El Mar y la Montaña, Tercera época, Año 6, no. 1, 2001); “Miladis Hernández Acosta. Escasez de libros nunca hemos sufrido”, de María Celeste Medrano (El Diario, 7 de noviembre de 2000, Paraná, Argentina); “El conjuro de las runas o la eternidad de las palabras”, de Herbert Torranzo Falcón (El Mar y la Montaña, no. 3 de 2007); “Acercamiento a la literatura guantanamera actual”, de Manuel Coca (El Mar y la Montaña, no. 1 de 2009) y “Respuesta con lupa sobre la literatura en Guantánamo”, de Manuel Coca (El Mar y la Montaña, no. 3 de 2009), y otros.
Ha obtenido los premios Tomás Savignón 1992 y 1993, Regino E. Boti en poesía 1993, 1995 y 2000 y mención en ensayo en el 2000, Manuel Navarro Luna 1993, José María Heredia (premio 1995 y mención en el 2006), primer accésit en el 6to Concurso Internacional La Puerta de los Poetas (Francia, 1998), premio Santiago 1994; premio Ángel Escobar 2002, mención especial en el Encuentro Iberoamericano sobre la poeta Dulce María Loynaz (2000), mención en el concurso Palma Real (Torino, Italia, 2003) y mención Alcorta 2009. Primera mención certamen Hermanos Loynaz 2016. Ha participado en importantes festivales de poesía. Festival de poesía del Rosario, Argentina, 2000. Inauguró el Primer Congreso Internacional, Escritores sin Fronteras, Mendoza, Argentina, así como Festivales de poesía Habana, y Festival del Caribe, Santiago de Cuba en diferentes años. Ha sido jurado de importantes certámenes literarios, y otros.
e supervivencia
 
 
Medio Oriente
 
Ni siquiera en el medio sino al final del terraplén
Hay que esperar a que las naves se disgreguen.
Me miro en el espejo
Y vedo una arruga perpetrada en la frente. Sin ritos ni omisiones.
Me miro sobre la arena como si la vida fuera
[un desierto profundo
O el disparo que proyectan los francotiradores.
Difícil conmoverse o uno mismo sufragarse
Se ha perdido el sendero que te lleva cruelmente
Al pasto hundible de la noche o a otras orillas menos calmadas.
Yo me desarmo. Es fácil decirlo porque nunca he tenido
Armas concretas ni letales. Ni me quemo
Con el petróleo que recrudece la zona. Mi ritmo acaso
Es de los Balcanes o de minas que yacen bajo la nieve.
¿Cuál es la región menos dañada o la manada perfecta?
¿Cómo se hace una hoguera o se quema un rey
Con sus posibles lacayos?
¿Cuál rosa en forma de piedra o huesos en balnearios comunes?
¿Cuál columna o idioma para que duerma el niño
Con una ametralladora o una herida en la cabeza?
Misiles en los ojos bajo esos laureles
Que no tuve en el patio ni en las canteras
Cuando se pasa solo de la barca a un cordel
De un patio a un cementerio. ¿Latino o caribeño?
¿Qué es el porvenir o las manzanas que quisimos de Europa
O de otras ciudades invernales donde el hombre se agota?
¿Quién ondea esa neblina que pasta sobre la yerba infecunda?
El agujero del muerto está deshabitado porque se hicieron
Muchas carreteras o circulan aviones para pasar por el medio
O por encima de aquellos esqueletos menos evolucionados.
Porque en el medio he estado yo entre mi madre y las paredes.
En el medio no tuve progresión ni derechos para levantarme.
En el medio finjo que existo como un efecto secundario.
¿Cómo puedo suplir la realidad y socorrerme?
¿Cómo pude pasar de una tortura a otra?
¿Zanja abierta sin que copulen los mosquitos?
¿Cómo puedo estar licuándome en el suplicio o en la raya?
¿Quién me perdona tanta ambición o el derecho de amarte?
Realidad que no permite anidar al pájaro en los zarzales.
Tengo un sol pegado en las sienes. Siento quizás
Mucha desesperación o me degenero
Con intensas cicatrices como una virgen que devoran.
He llegado a inmundas estaciones donde se prueba
Que cuando se habla desde el final de una isla
Se siente que somos muy religiosos
Igual que fundamentalistas.
 
 
 
Ni en el Tíbet ni en Camboya
 
Ni en el surco de aldea correctiva
De insectos o casillas de mis dolores.
Tengo mis propias doctrinas y un calabazar
De flores hermafroditas y armazones
De cosas o cicatrices pegados en los remos cuando espero
Que las cosas ocurran en ese tramo consentido
Oraciones o paja de miel silvestre para no descalcificarme
Ser más puro como flores que se adhieren
Sobre losas resbaladizas del patio o de esa montaña
Que subo para hallar al monje que viaja por el río
Con verdad corpulenta y huesos descalcificados
Como los míos transitando por ese otro río donde
Navegaron los vietnamitas con serpientes de aguas dulces
Como esas que encuentro en el panal de zánganos rojos
En isla caribeña donde escucho: nada niña en plato llano.
A lo lejos están los bárbaros y yo me escandalizo
Por las dobles apariciones del libro que en el Tíbet descubro
Para lograr que un moribundo desaparezca
Sin importarme las razones del hilo que se va cortando.
Yo he hecho esa vigilia con cruces y azul metileno
Para luego arrepentirme por pedir que una vida se apague
O las gentes cambien los rumbos concebidos.
Después que el moribundo alcanza la paz que trae la muerte
U otras reencarnaciones por no decir estados de putrefacciones
Como yo me he pasado por conveniencias
De un lado a otro como el muerto según el monje
Con uñas duras en forma de hueso. Vuelve a nacer
Sin saberlo.
 
 
 
Serie de Ucrania
 
Al final de la cerca hay algo que llaman civiles
Como si todo no fuera eso. Como el sol
En el marco del cuadro amaneciendo
Por esta ranura la luz transporta divinos colores.
Me despierto bajo el fogaje de la espera aplazada
Por ese tiempo donde la espera es un nailon derruido
Por ese futuro que se ha ido a la orilla varada de los cielos.
Cuánta inocencia para no comprender qué pasa
En orillas menos soleadas que este corazón.
Cómo tener voluntad sin ese grano o relieve
De arquitecturas gastadas. A veces pienso
En el esfuerzo que no me dice hacia dónde vamos.
¿Quién quiere hacerme cómplice?
Raíces que se van como los cuerpos hacia otras vegetaciones
Cuando solo quiero proteger la sal que ha creado la hermosura.
¿Quién traduce la palabra huir de la serie?
Ejercicio de civiles en la intemperie trazada
Por los que espantan a los familiares.
Especie de ruinas seductoras de un límite a otro.
Tengo esa impresión o el efecto que producen
Los gases o torturas menos ambientalistas.
¿Dónde extasiar el líquido de sacrificios catalizados?
¿Cómo absolvernos y colocar cada vida que se pierde?
Semejanza hostil. Me asombran todavía
Estrechos bosques que me llevan a Ucrania
O a las montañas donde se aloja el único animal que conoce
Lo que he sido y seré sin necesidad de ser interrogada.
Puede ser pura ficción como el árbol que nunca sucumbe.
Es mejor renunciar que ceder o alejarse
Que compartir o luchar
Por una misma idea.
 
 
 
El cielo de Chernóbil
 
Como las cales o las niñas desnudas
Como las olas o las tundras
O el humo accidentándose
O el viento como terma y la nada de rostros que detonan
A este suelo tropical como una lata
Se va abriendo como invento o emergencia nuclear
Como yo no sé expirar ni estar desocupada
Como las sombras o los dedos quemados
Como quienes llegaron a la playa con fermentos colores
Como quienes se van quedando solos para avisar que
El dueño de esta casa vive aquí
Como yo estoy también aquí como los perros agitados
Como la noche y el día se repelen sin turbinas explotando
Como sueño con muertes masivas
Cómo quedaron las cucharas de plásticos
 
 
 
De Vancouver a Río de Janeiro
 
Siempre le di cierta importancia al hecho de nacer en enero
Dado que algunas revoluciones comienzan en este mes
Y crecen como yo bajo el rigor o la amenaza
En ese raro letargo que producen los domingos
Donde busco el engranaje de una fábrica
De extracción de alcohol de caña y no de trigo inflamable
Un día del cual se denomina: inicio del día ordinario.
Yo no soy ordinaria ni consumo lágrimas cúpricas
Pero sí obstinadas como las revoluciones de lágrimas más reales
Que hacen los dioses. Cangrejos que palpo mientras pasan
[los días
Más crueles o menos digerido según el tramo de la cadeneta
Sobre la zanja que drena han de brotar mosquitos tropicales.
Supongo que alguien siempre llega con exóticos alcoholes
A aliviarme en medio de la tormenta y pasa su mano
[por mi espalda
O mi ombligo queriendo quitar o poner lo que me falta
[por x motivos.
Mi hija me explica cómo un río de otra nación de lengua
[portuguesa
Nace en enero y se escapa queriendo unir ese río conmigo
Como mismo se escapa una bala o una virgen bajan de la tablilla
Cuando el mundo no es más
Que una castrante procesión aldeana
Clamando de un lado a otro
Por formas comunes de supervivencia.
 

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