Lucía Alfaro (Costa Rica)

 
Lucía Alfaro (Costa Rica)
 
Administradora de empresas y filóloga graduada de la Universidad de Costa Rica, con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana. Es Presidente de la Fundación Jorge Debravo, tallerista y gestora cultural en el Grupo Literario Poiesis. Es editora de Poiesis Editores. Con su obra ha representado a Costa Rica en diversas antologías y festivales literarios internacionales. Ha publicado siete libros de poesía. Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al portugués. Tuvo el honor de que uno de sus poemas fuera parte del repertorio de la Cantata del Bicentenario promovidada por la Universidad de Costa Rica en una musicacalización del compositor Marvin Camacho.
 
 
ALBATROS
 
Sabe que no es un simple ángel,
se descubrió animal
que no conoce
dónde empieza el perdón.
 
Intuye que la muerte
descansa entre sus ojos
deliberadamente.
 
Su alma fue imantada
por un falso satélite.
Se esfuerza en olvidar
el rastro del ángel vengativo,
por eso ha escondido la llaga
debajo de sus plumas.
 
Se le ha visto llorando,
tendido en la arena,
pero ya no le teme a la lluvia
ni a los falsos satélites
que agitan las aguas.
 
Es solo un animal
que no sabe
donde acaba el océano.
 
 
Ritual de luna llena
 
De niña alguna vez pensé
que la luna era un pájaro triste
naciendo en el costado de la noche
y que los astros más pequeños
eran estrellas
formadas con las cenizas
de mis antepasados.
Pero era otra falacia.
 
Después la vi dejar sus alas
detrás de los telones
y rodearse de mujeres sombrías,
de farsantes que querían mi sangre
en sus rituales.
 
Cantaban y danzaban descalzas,
drogadas de codicia se rasgaron las ropas
al son de los tambores,
sarcásticas reían
y elucubraban palabras incoherentes.
Ella miraba ansiosa,
radiante, satisfecha,
altiva en la concavidad de las tinieblas.
Yo la miré desde el fondo
de mis íntimas aguas
sin vendas en mis ojos
y le di la espalda.
 
 
Los nombres de la luna
 
Tiene nombres que amé en otras vidas.
Nombres imperdonables:
ceiba, amaranto o ruda.
Nombres de diosas fértiles,
de guerreras
y de reinas egipcias.
 
Otros la llamaron salvaje,
hechicera de aguas pasionales,
Hécate, bebedora de sangre.
 
Pero ella se hace llamar Selene,
mujer de ojos grandes,
cabello azul profundo,
casi negro,
ninfa de cinco puntas,
salvadora…
 
¡Mentirosa!
Su ambición no concibe la muerte,
pero llega,
cada vez que amanece,
inexorable llega
y la luna,
condenada al cadalso
huye como ladrona.
 
 
El rostro oculto de la luna
 
Yo conocí ese rostro desde niña,
lo vi por la ventana
asomarse en la lasciva pupila del padrastro,
lo vi resplandecer sobre la piedra
donde él firmó el pacto
que hizo con el diablo
mientras me penetraba.
 
Yo conocí ese rostro,
me marcó con lunares la cara
y me llenó los ojos de ceniza.
Me hizo caminar por la hojarasca roja del suicidio
y reventó las cuerdas de los puentes
para tenerme presa.
 
Sí, yo conocí
su resplandor de luna mentirosa
desde siempre,
por eso la podría odiar
con el odio de Dios o el de Vallejo,
pero he decidido perdonarla.
 
 
Tregua
 
Necesito reconstruir su rostro,
su círculo perfecto
cada treinta de octubre
y no morir de mar en el intento.
 
Necesito llegar a ese puerto
donde llegan los pájaros
que perdieron el rastro
y hacer de este corazón
un muelle silencioso
en desventaja idónea,
para que copulen las ballenas,
los naufragios, los delfines,
y que el fin de las sirenas
no sea la extinción de los sueños.
 
Necesito encontrarla flameando
en los faros de los barcos de infancia
sin cobardía o valor,
simplemente mirarla de cinco años
en las latas urgentes de los techos
y lavarle los ojos con la sal
de mis aguas ocultas,
cauterizar la sangre,
la mentira, la arena
con la grafía rebelde
que palpita debajo de esta huella.
 
 
Junto a los girasoles
 
Lancé detrás de la montaña
las velas del ritual
y la luna se posó sobre la misma orilla
donde puse los pies,
como un ave vencida se acurrucó
equidistante al viento
que silbaba en el hoyo
de una oreja locuaz y solitaria.
 
Un grito contrahecho cruzó el Mediterráneo
buscando a quién culpar.
Más que un astro amable
parecía un carbunclo del Averno.
 
Entonces lancé,
por el desfiladero de la indiferencia,
ese antiguo deseo
de absolverla de todas sus mentiras
y de sentirme segura debajo de su rayo.
 
Pude llorar sin miedo
por mis muertes y sus nombres comunes
y me llené los ojos de montaña
junto a los girasoles de Van Gogh.
 
 

One thought on “  Lucía Alfaro (Costa Rica)

  1. Infinitamente agradecida con este espacio que me propician las y los editores de esta revista y por su puesto a mi coterránea Leda García Pérez, poeta y gestora cultural.

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