Vilma Vargas Robles (Costa Rica)

 
Vilma Vargas Robles (Costa Rica)
 
Vilma Vargas Robles nace en San José de Costa Rica el 4 de febrero de 1961. Tiene estudios de sociología, derecho y literatura por la Universidad de Costa Rica.
Ha publicado los libros, El fuego y la siesta (1983), Premio Centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras, El ojo de la cerradura (1993), publicación de la Editorial de la Universidad de Costa Rica; Quizá el mañana, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2007; Letra espina, Editorial Arboleda, 2016; Cuarto creciente. Poesía reunida. Guayaba Ediciones, 2019. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, 1994; Sostener la palabra. Antología de poesía costarricense contemporánea, 1997; Lunada poética. Poesía costarricense actual, 2006, entre otras.
 
 
MONEDA EXTRANJERA
 
Hace tiempo mi país está desgobernado.
Me abstengo de ver la televisión, pero
algunas noticias son trascendentes.
El presente no es eterno,
el mundo se nos cae,
mientras astronautas y políticos
instauran su charanga,
lo más importante ahora es el amor
al dinero:
y así se compra el mejor disfraz,
o al menos la envidia de algún semejante,
como sustitución a lo que fue una caricia.
 
Últimamente me hago a un lado,
no sin cierta impotencia:
las horas están carísimas.
Es mejor no gastarle
un minuto a nadie.
La vida hay que ganársela
y en moneda extranjera.
 
 
ESTA PESTE
 
todos los seres
todos los pueblos del planeta
robados ahora a mano armada
¿nos limpiaremos la podredumbre
esta peste parásita sobre nuestra tierra?
¿haremos algo con el desconsuelo
hasta acabar con lo que nos está matando?
 
 
MANÍAS
 
El día se abre como una ventana.
Y el vecino construye un muro.
Como a todos, como a cualquiera,
nos devora el minutero hambriento.
Y ante la caída del sol pasamos,
cada vez más ciegos, entre ciegos.
 
 
UN TRECHO JUSTO
 
No busco al médico,
trato de encontrar el alma;
la que perdí en la cesta del supermercado,
en el potro de la infancia.
Mi almita tan solo,
aquello cierto donde corría el agua.
Un trecho justo.
Algo verde para olvidar el miedo,
las autopistas. Y otras velocidades.
 
 
LAS CEIBAS O EL ETERNO PRESENTE
 
Al paso del crujido de los horcones,
conmigo llevo la casa de mis abuelos.
El tronco de la ceiba manda
a mis piernas su clorofi la.
Papá tiene hoy el rostro más claro
y una lágrima ante el chiste de la tarde.
El trabajo termina antes del sol
y el calor cae con el viento.
La mañana nos devuelve el aire
a trescientos años de frente
y le pregunto al abuelo:
¿cómo no se ha muerto?,
al paso del crujido de los horcones
y a ras de tierra la muerte pierde su aguijón.
 

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