Poemas de Silvia Ortiz

 
Poemas de Silvia Ortiz
 
 
XLVI
 
Dame ese desprecio que asoma
por tu boca en la escuadra menor de tu balcón, en el desván de tus mentiras, dame el residuo de tus pasos, en el sahumerio restante
de apetencia, saberte dueña de tus actos, y de enfrentarte a todos los demonios que dibuja tu inconsciencia, por las tardes
que se impulsan al contraste rojo encendido de tu pena.
 
Envuélveme de penas que transitan
en la alondra del abandono, dame tal vez hoy lo mejor de este día,
lo angelical de tu partida,
la alondra que olvidaste en la huida prisa asomará por la tarde entre trajes de afluentes con las claves incesantes del náufrago de hoy.
 
Dame entonces el día que amanece a tu costado, hoy las mentiras son el depósito trigal del abandono,
el sol un andaluz, dame los vientos anclados en tu piel, algo me toca, tal vez el sueño de la aurora, tal vez el monte desvestido en su campo de alcatraz, abismando su cintura.
Dame tú la fuerza de los tiempos,
los vientos eran fuertes, se dijo un día, y allí van como plomos arrancando testimonios en los cercos de las casas que se muestran apacibles cada día,
dame la última agonía de mirarte cara a cara en el templo de mi olvido, en esta noche presurosa y abatida, ingobernable como lacra,
dame el sinfín de la vejez y un te quiero como dádiva en los mares que gobiernan tu costado.
 
Silvia Ortiz, Rehén de Voces, Diciembre 2020,
Próximo a presentarse en Lima, Perú, y USA, siempre con la voluntad de Dios.
 
 
***
 
A veces te recuerdo bajo el granero infértil,
las garzas en la cuna, el atavío empieza
azul la pena avanza sobre el submundo llora,
inertes descripciones vil la cuenta rota
que engancha de la alforja,
y te has marchado a veces
tras buses que no alcanzan.
A veces cada otoño opaca cada rastro
que ausente de los cielos tirita sobre
calles profanas de infortunio,
y afloran lentamente mudanzas
que no acepto, se muda el logaritmo,
se muda el llanto en queja,
se muerde viento y hambre
brotado de tu boca
mi pena en su guarida.
A veces ya me tienes,
a veces yo poseo las turbulentas olas,
y caen inexistentemente vacíos
certeros ojos siempre tuyos.
A veces siempre a veces
tu boca ya no besa,
tu cuerpo es otro acero,
la estirpe es otra fosa
que jacta lo jactante
de este morir postrero.
Me voy con la pradera,
Me voy y ya no cuenta
el árbol ya sin hojas,
los campos quebrantados,
los besos que ya porto se van
y pronto-pronto asumo
el pacto que me resta,
mi boca es fiesta toda,
tus ojos cidra en tolva,
mi tibia almohada gime.
 
Silvia Ortiz, Virginia, USA, 01.14.21

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