Poemas de Silvia Ortiz

Poemas de Silvia Ortiz

 

PUEDO

Puedo respirar tal vez
la misma fe en la rutina
de los duendes amarillos,
puedo mostrar bajo espinas
la terca soledad de los que lloran,
los que acuden en la fresca tolva
de los cantos y a escondidas.

Puedo tal vez y me sea posible
desgranar los miedos,
el terrón de azúcar disfrutando
mis cabellos cristalinos,
los emblemas instaurados
sobre un campo silencioso,
sobre un valle de muertos
del gendarme endurecido.

Puedo ser suburbio de los cuentos,
la eterna garra que antecede a otro acceso
en el paso de este otoño caminante
deshojado y puritano de tu boca
sin besarme,
puedo evocar la obscenidad en la ventana,
el mar abecedario de este puño
que constriño en cause osado,
puedo ser el beso que yo invente
cada noche cuando beso
la carne embravecida.

Silvia Ortiz, EEUU, 12.11.18, Derechos@en reserva

 

POTOMAC

En las aguas del Potomac
cruzan magias solitarias,
cruzan almas de acertijos 
en sus barcas que apagaron
ojos negros, verde verde,
sin festejos de comparsa.

Soy el beso del Potomac
en la insana flojedad del manso rio,
soy el bajo campo en su batalla,
soy el ángel en la cumbre mordida
bajo el filtro de sus manos,
soy la caricia abultada en el abismo,
el alma solitaria en la ventana.

La ninfa mujer de esta tarde
inexcusable ya no escribe,
ya no gime la excelencia
de la esgrima en la mudanza,
el santuario arruinado de los astros
es hoy la serenata frenética
y estruendosa de otra aura.

Soy llanura en ese traje rosa por la noche,
soy espuela superior en la curva inagotable,
soy el ancla mayor de las escuadras,
soy si quieres Potomac mío el auxilio
de encubierta aguda de la sombra,
soy la inquieta saltarina cual bocado,
soy lamparilla de céfiros,
soy coraza floja de los cielos
soy la curvatura baja de mi espalda.

Ahora escribo entre el libro azul
de sus aguas vagabundas,
escribo en la tarde diligente de sus manos,
escribo en el bolso explorador humedecido del ayer,
escribo en la escarcha nueva frente al árbol
navideño incontable de sus aguas,
frente al canto que no canta,
escribo con un llanto miserable
que me aleja del saberte suya
y aligere el agua imprecisa
que desborda.

Soy el libro del lector entre sus aguas,
escrito narrativo entre sus sombras
y el disco recorrido de la noche
a noche cuando canta,
soy la inmadurez de un beso
en el Potomac,
soy su espuma y cantante de escritor,
soy atadura en las rampas del café entre su boca,
soy el grito del teclado en que tallan las heridas,
soy la majestuosa calma entre sus aguas
Potomac, Potomac, cuanto te amo.

Silvia Ortiz Escritora-poeta, EEUU, 11.05.18, 
Derechos@reservados

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