Luissiana Naranjo (Costa Rica)

 
Luissiana Naranjo (Costa Rica)
 
 
Costa Rica, 1968
 
Poeta, editora, promotora cultural, tallerista y crítica literaria. Posee una maestría en Administración Educativa; concluye su doctorado en Educación. Ha realizado estudios de Periodismo, Lingüística y Arte. Fundadora del proyecto Palabras Libres para enseñar poesía a las privadas y exprivadas de libertad. Editora de publicaciones literarias para pacientes con cáncer, la conservación ambiental, el mestizaje y niños de alto riesgo social promovida por PANIAMOR y la UNESCO en el año internacional de la paz. Escribe textos para escolares para la editorial Eduvisión y literatura infantil con su poema “Canica Azul” de la serie Mapachín de la EUNED. Ha publicado cinco libros de poesía y ha sido traducida e incluida en diversas antologías latinoamericanas.
 
 
Almohada de Budapest
 
Es la anécdota de minuto. Mi pereza y la computadora.
La lluvia se entremezcla con los olores de mi té de canela.
Hay suavidad en el dorso de mi espalda.
 
Es por la almohada color sol que me trajo mi madre de Budapest. Afuera, los damnificados escurren sus cojines color barro y la tormenta se disipa en sus jarras de ajenjo.
 
Desaparecen cuerpos por el momento inoportuno donde la muerte nada tiene que hacer.
Y hoy por casualidad tampoco tengo nada que hacer.
No es como ese día de todos los días donde muerdo la rabia de respirar.
Suena un trueno de repente, y sigo alarmando mi desazón de estar reposando sobre la almohada color sol que me trajo mi madre de Budapest
 
Es el cuento de los desposeídos.
Se abren los refugios y una de mis congojas es que debo recalentar mi té de canela.
Desenchufo la idea de que, si hubiese nacido de otros padres, quizás estuviese viviendo a la par de un río y mirando a lo lejos la huida de todos mis ensueños.
Al fin deja de llover y mi taza de té, ya está vacía.
 
 
¿Cuál es mi oficio?
 
Después de todo, la lluvia sigue y yo, me escondo.
La celosía se abre como abrirme desde muy adentro
y busco soles, cuerdas o barcos para no ahogarme.
Atraco en mi cama, y no es un puerto para dormir.
Me siento
como si las sábanas me dijeran
que el mar existe donde uno quiere.
 
Desde allí miro peces y corales.
No hay hora para la búsqueda.
Solo frío y algún vendaval.
Desde lejos, desde esta isla y sus miramientos,
se ve el bosque…va a mi encuentro con el silbido de la monotonía,
todo se vuelve verano en mis palabras
y en los pedacitos de alas de las mariposas morfo.
 
La otra noche, alguien me preguntó: – ¿cuál es su oficio?
Le dije: -déjeme pensarlo, sigo en el agua hasta la otra arista, cuando despierte, le aviso.
 
 
 

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