Poemas de Miladis Hernandez Acosta Mila

 
Poemas de Miladis Hernandez Acosta Mila
 
 
El cielo de Chernóbil
 
Como las cales o las niñas desnudas
Como las olas o las tundras
O el humo accidentándose
O el viento como terma y la nada de rostros que detonan
A este suelo tropical como una lata
Se va abriendo como invento o emergencia nuclear
Como yo no sé expirar ni estar desocupada
Como las sombras o los dedos quemados
Como quienes llegaron a la playa con –fermentos- colores
Como quienes se van quedando solos para avisar
“Que el dueño de esta casa vive aquí”
Como yo estoy también aquí como los perros agitados
Como la noche y el día se repelen sin turbinas explotando
Como sueño con muertes masivas
Cómo quedaron las cucharas de plásticos
Como yo no sé si acaso ellos perdonar.
 
 
Medio Oriente
 
Ni siquiera en el medio sino al final del terraplén
Hay que esperar a que las naves se disgreguen.
Me miro en el espejo
Y vedo una arruga perpetrada en la frente. Sin ritos ni omisiones.
Me miro sobre la arena como si la vida fuera un desierto profundo
O el disparo que proyectan los francotiradores.
 
Difícil conmoverse o uno mismo sufragarse
Se ha perdido el sendero que te lleva cruelmente
Al pasto hundible de la noche o a otras orillas menos calmadas.
 
Yo me desarmo. Es fácil decirlo porque nunca he tenido
Armas concretas ni letales. Ni me quemo
Con el petróleo que recrudece la zona. Mi ritmo acaso
Es de los Balcanes o de minas que yacen bajo la nieve.
 
¿Cuál es la región menos dañada o la manada perfecta?
¿Cómo se hace una hoguera o se quema un rey
Con sus posibles lacayos?
¿Cuál rosa en forma de piedra o huesos en balnearios comunes?
¿Cuál columna o idioma para que duerma el niño
Con una ametralladora o una herida en la cabeza?
Misiles en los ojos bajo esos laureles
Que no tuve en el patio ni en las canteras
Cuando se pasa solo de la barca a un cordel
De un patio a un cementerio. ¿Latino o caribeño?
¿Qué es el porvenir o las manzanas que quisimos de Europa
O de otras ciudades invernales donde el hombre se agota?
¿Quién ondea esa neblina que pasta sobre la yerba –infecunda-?
El agujero del muerto está deshabitado porque se hicieron
Muchas carreteras o circulan aviones para pasar por el medio
O por encima de aquellos esqueletos menos evolucionados.
 
Porque en el medio he estado yo entre mi madre y las paredes.
En el medio no tuve progresión ni derechos para levantarme.
En el medio finjo que existo como un efecto –secundario-.
 
¿Cómo puedo suplir la realidad y socorrerme?
¿Cómo pude pasar de una tortura a otra?
¿Zanja abierta sin que copulen los mosquitos?
¿Cómo puedo estar licuándome en el suplicio o en la raya?
 
¿Quién me perdona tanta ambición o el derecho de amarte?
Realidad que no permite anidar el pájaro en los zarzales.
Tengo mucho sol pegado en las sienes. Siento quizás
Mucha desesperación o me degenero para alzar el vuelo
Con intensas cicatrices como una virgen que velan.
 
He llegado a inmundas estaciones donde se prueba
Que, cuando se habla desde el final de una isla
Se siente que somos muy religiosos
Igual que fundamentalistas.
 
Libro: La niebla del paraíso.

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