Poemas de Silvia Ortiz

 
 
Poemas de Silvia Ortiz
 
 
***
 
Yo te vi bajo ese día intocable,
te vi clandestinamente amoroso e
insobornablemente mío,
amatoriamente tangible,
y me sumergí en ese beso
que agrupan las siete ciencias
tu nombre, las siete velas
y un buque.
 
Me fundí en ese verso que aloja
tus ojos pardos azules,
tu frente en ojo moreno tibio,
tu sol de caricias tenues y
matice lo majestuoso de tu boca,
en tu hálito las siete fuentes
de leyes, en leyes pérfidamente salvas.
 
Intacto es el tiempo, los inviernos
revestidos de blanca y blanca nieve
para el que calza ese trazo bendito
en que te juegan los niños,
en que se arrasan las hojas frescas y
secas de un otoño vil y embustero.
 
Amantes aguas déjenme quedarme
en su resaca eterna, vincular mis carnes
en ese manjar de tu río el Potomac,
déjame que transite por dentro y
en tu calma me desnude lentamente
ahora que llevas puritamente mordida
toditita mi alma en celo.
 
 
 
XII
 
Un amor en el delta de las aguas,
discurriendo el ropaje de los vientos,
y en el pliegue del camino la escueta
escolta de otro canto por encima de su talle,
los minutos son rasguños de mi ropa,
la amarilla esfera es mi andanza trajinada,
bajo temporales la cuadricula despoblada
de mi frente por los besos que robaron
sus angustias, la muerte ya me aborda
la tormenta celeste del ocaso.
El tiempo es la querella en reborde
de la hebra sostenida de invasiones,
o los sueños en la toma de mi mano
y de a pocos o de improviso, ya no toca
esa puerta bajo el sueño cual cristales
expandidos en silencios tan errados,
es la muerte enardecida por fogatas moribundas,
es el sombrío toque a media espalda.
Nada se disuelve si permanece
unido a la corteza, una granizada
espera, un cortaplumas,
una punción fatal en el cuerpo
engrosado de calumnias,
un valor que fue desecho
por la rabia propagada
de innombrables surcos en el rostro,
como aquellos que se forman
cuando el río empuja.
La fogata en sus canales,
la soledad en los balcones,
y tengo temor del duende en el camino
asentado en el cable de prejuicios,
junto a la casa la sinrazón se pierde,
se pierde el habla del sentido con la muerte,
los pasos del camino canje en mi carne,
¡Ay, que yo fuera el dardo evasivo!
¡Ay, de los partos arrumados en mi falda!
Los silencios son eternos, son quejidos
en la extensa tarde, campanarios
en las Hostias de este Cristo pasajero,
el balcón del miedo que conspira,
el viciado afán de la nociva cuenta,
la forzada lucha ya me pasa la factura,
¡Ay, amor, deja que me vaya!,
¡deja que sucumba al recodo que me queda!,
te prometo que cegaré los cortes de la tierra,
cegaré y cerraré mis fuerzas por el tiempo
que aún subsiste, déjame partir amor,
yo te ruego,
¡Ay libertades resolutas,
¡Ay desconsuelos implacables
en mi lecho yo me admiro,
yo me quedo así con el rostro puesto en tierra,
puesto en cruz ante el Cristo memorable
de mis marchas, los errores,
mis amores que marcaron
leve fango.
 
Silvia Ortiz, Virginia, Old Down, Río Potomac.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s