Minor Arias Uva (Costa Rica)

 
Minor Arias Uva (Costa Rica)
 
Minor Arias Uva: nació en Pérez Zeledón, Costa Rica, en 1971. Poeta, Profesor universitario en el CUC y en la UNED. Investigador y creador de máscaras artísticas. Es doctor en Educación. Premio Carmen Lyra 1999 (Otorgado por la Editorial Costa Rica).
Tiene cuatro libros con la editorial Costa Rica. Ganador del Certamen Brunca de la Universidad Nacional.
 
Ha Publicado en México y España con las Editoriales Everest y Prensa Cicuta. Por medio del Programa de Promoción Cultural de la UNED realiza talleres de narración y cultura en escuelas y comunidades de todo el país.
 
 
Desdoblamiento y milagro
 
Voy corriendo sin zapatos,
entre espinas,
por el fuego.
Sorteando mordeduras de serpiente.
 
Con este tizón que se apaga a ratos,
cruzo a nado el río amarillo y furioso.
 
Las luciérnagas
como cuerdas de luz
me van llamando.
 
Un motivo superior se acelera en mi médula.
He cruzado el Sal Si Puedes de la montaña,
mi miedo es ahora breve capa de ceniza.
 
En la casa de madera
las candelas extienden sus hilachas de luz
por entre las rendijas.
 
El perro café ladra,
mueve la cola entusiasmado.
 
La partera, tranquila,
está fumando en la puerta.
 
Me observo ahí,
ensangrentado de amor junto a mi niña madre.
Tengo más para contarle
 
Nací en los centros caudalosos del bosque,
en la parte alta, donde río no llega en invierno.
 
Oropéndulas, congos, guacamayas,
chicharras, guacos y grillos,
músicas de sinfonías diversas
 
En esa paz sostenida
siempre puntilleaba,
como un carbunclo,
el peligro.
 
Aquella noche,
una serpiente terciopelo se arrodajó a mi lado.
Ese mes cumpliría un año.
En la cama pequeña y baja, de palos redondos,
dos metros envueltos en su quietud
armonizando cuerpo con cuerpo.
 
Por intuición, mi padre se asomó en la madruga con su canfinera.
Atragantado en su premura,
con el corazón golpeándole la sien,
despertó a mi madre.
 
Tomó su machete,
y mientras ella le proporcionaba una luz temblorosa,
él dejó cae todo el filo de su miedo sobre el reptil.
Con su mano libre me suspendió bruscamente hacia la vida.
Mi llanto, los gritos de mi madre,
la sangre de la serpiente esparcida como una nebulosa
y papá cortando palmo a palmo,
cada ondulación.
 
El aguacero furioso también rajaba los pliegues del rancho.
 
Este es apenas uno de los recuerdos.
 
 
Desvanecido y poderoso
 
Me enviaron a sostener la lumbre.
Observo libélulas que son ángeles.
Camino protegido aún al pie de la sombra.
 
Me desdoblo en universos paralelos,
y el sol, ojo visible de Dios,
me sumerge en sus danzas clorofílicas.
 
Por las noches,
me alimenta la rayería de los cerros,
la mar me susurra palabras en los riscos.
 
Y cuando el frío entumece mis pasos,
comunico mis pies con el magma de la tierra.
 
Agradezco esta nave que es mi cuerpo,
por eso descanso a orillas de la selva.
 
Mis ojos son hamacas
donde crece un horizonte verde.
 
 

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