Fragmentos -77 de: “Mis tardes con Don Genaro” / José Revello

José Revello

 

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS.
El tiempo del no tiempo

Fragmento- 77
HISTORIA DEL PRINCIPE PLANETARIO

“Pues bien -reseño Don Genaro- cuando la rebelión del sistema de Satania se había expandido y afianzado en 37 de los 619 mundo habitados, Micael pidió a Emanuel, su hermano paradisiaco, que lo aconsejase. Después de esta importante entrevista, el que más tarde sería el definitivo soberano de toda Nebadon, anuncio continuaría con su política de no intervención, tal y como había hecho en anteriores insurrecciones. Micael, en aquellos -para nosotros- lejanos tiempos, dirigía el universo local por derecho divino. Pero no en virtud de su derecho personal. La explicación a esto residía en que aún no había concluido su carrera de efusión. Dicha efusión, -acoto Don Genaro- se puede definir como flujo, un “fluido direccional” expansivo en un determinada segmento. Esto significa que los hijos creadores, antes de obtener su absoluta soberanía sobre el universo local de su creación, deben obligatoriamente aprobar íntegramente 7 grandes y riesgosas pruebas de riqueza y alcance en experiencia personal y cultivo divino en planos absolutamente inferiores vivientes. Esto significa que, en hermético secreto y bajo su orden, Micael “desciende” a planos más densos inferiores, obligado a vivir un periodo relativo en esos planos sin atributo alguno de su brillante resplandor, sino sujeto a límites de la vida en ese plano viviente pudiendo, incluso, ser peligroso a su integridad personal, ya que no está contemplado ni permitido utilizar “sus divinos poderes” para solventar obstáculo alguno que no sea los medios primitivos existentes mientras permanezca en esa relatividad “descendida”. Esto misterio es definido también de la siguiente manera: un “flujo experiencial a planos inferiores jamás nunca vividos como personalidad de soberano paradisiaco” no habiendo sido envestido todavía, por tanto, del “supremo poder sobre el cielo y la tierra”. Siendo estas circunstancias, durante los últimos 200 000 mil años de la tierra Micael no intervino contra las fuerzas leales a Lucifer. Ahora, -en cómputos del tiempo humano- desde hace más de 2000 mil años terrestres, posee absoluto y pleno poder, indiscutible autoridad soberana para terminar con cualquier otra rebelión en caso que ocurriese. Y fue a raíz -continúo Don Genaro- de la “no intervención” en la revuelta cuando Gabriel tomo la decisión de asumir el mando de las tropas que no habían secundado a Lucifer. Reunió a su Estado Mayor personal de Edencia, celebrado una “cumbre” con los Muy Altos de la constelación. Entretanto Micael seguía pasivo en Salvington. Y Gabriel de dirigió a Jerusem, la capital de Satania, instalándose en la esfera consagrada al Padre Universal, Y allí, en presencia en las multitudes leales a Micxael, desplego el estandarte de Micael: La bandera blanca con los tres círculos concéntricos y azules en su centro, símbolo del gobierno trinitario de la creación. Lucifer, por su parte, desplego su propia bandera: Blanca también, con un círculo rojo y otro más pequeño negro en el centro. Así definido los bandos antagónicos, comenzó una histórica y encarnizada contienda cósmica Y hubo guerra en los cielos y nuestro querido mundo al parecer tuvo su referencia: si ponemos a hurgar el Apocalipsis bíblico, parece al menos un indicador. Si Micael y sus ángeles combatieron y lucharon contra el Dragón rojo de Lucifer, de Satán y príncipes planetarios rebeldes. Pero esta “guerra” no fue una batalla corporal tal y como nosotros lo entendemos y lo utilizamos, donde se pierde la mera vida física. Aquella lucha fue más cruenta e implacable, ya que estaba en juego las realidades de la supervivencia eterna involucrando a un inmenso sistema y jerarquías universales, sino millones de seres alternos de todas las órdenes divinas, la ciclópea guerra fue resultado de encarnizados y peligrosos combates por ambos bandos. La maquinaria de la famosa sublevación estaba en pleno apogeo. Y se fueron sucediendo los tremendos acontecimientos que tuvieron temerosos y en vilo al inmenso universo local de Nebadon…”
El anciano tomó un respiro. Yo no articule palabra, casi anonadado por el cariz del relato. Don Genaro -entendiendo la dificultad de seguir semejante información- respeto el hilar de mis pensamientos. Pero -eso si- me insto a continuar mis apuntes. Mientras detallaba lo mejor posible lo conversado, le fui trasmitiendo dudas, lo cual respondió serenamente. En cierta forma fue una segunda “clase intensiva”, ya que gracias a estos breves, pero sustanciosos intervalos, fui canalizando explícitamente sus respuestas, y así casi mágicamente, conseguí ahondar sensiblemente en su singular y recóndita visión de la vida.

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”
Derechos de autor Reservados

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