Poemas de Miladis Hernandez Acosta

 
Poemas de Miladis Hernandez Acosta
 
 
Vírgenes de Albania
 
En Manhattan asaltan un banco
Ponen una cinta donde habla Enver Holax
No es metáfora sino un escenario.
En un filme el color drena los sucesos.
Me pongo esa máscara y salgo afuera
Entro fatigada a un paisaje donde los muertos
Compran rositas de maíz y sonríen.
Paso a una frontera donde las vírgenes ordenan
Ese absurdo punzonazo y refriegan la merma –huidiza-
Que dejaron los hombres. No soy obrera ni oportunista
Comprendo en cuál lado de Albania venden bozales.
En la cinta se escucha: el Capitalismo es malo el Socialismo
Es lo mejor sin que las vírgenes sospechen las pérdidas
O se rompen las manos o entren las avispas
O los asaltantes busquen las pruebas de inmuebles
Que se compran en las guerras con pequeños pomos de sangre
Para que un capo nazi haga un capital.
Salgo por las fuerzas –vencida- igual que las vírgenes albanas
Con rostros de piedras. Salgo de los cadáveres o de esos pomos
De sangre con que se hace un capital.
 
¿Quién conoce el origen de los males?
¿El virus que causó la fiebre? Infeliz agujero.
Una frontera abisma el genuino dividendo.
Quién trae pequeños recipientes donde –caben- apenas
El cielo o manos rotas por los holocaustos.
Blanca. Banderola. Blanda capucha. Banda de suicidas
Entrando a la cerca para apresar doncellas con uniformes
Para las guerras.
Nada tiene que ver con los asaltantes.
Nada tiene que ver con nada.
Nada de kilómetros vencidos por las hostilidades.
 
Al final soy yo quien compra el bozal, se adhiere o diseca.
Al final me pongo el termómetro y sudo las fiebres
Cuando se pasa de un túnel a otro
Y uno sufre. O uno mismo se hace las torturas
Entre cristales y acero. Resguardada azulería
De arrugadas doncellas.
 
 
Serie de Ucrania
 
Al final de la cerca hay algo que llaman civiles
Como si todo no fuera eso. Como el sol
En el marco del cuadro amaneciendo
Por esta ranura la luz transporta divinos colores.
Me despierto bajo el fogaje de la espera
Desplazada
Por ese tiempo donde la espera es un nailon derruido
Por ese futuro que se ha ido a la orilla varada de los cielos.
Cuánta inocencia para no comprender qué pasa
En orillas menos soleadas que este corazón.
Cómo tener voluntad sin ese grano o relieve
De arquitecturas gastadas. A veces pienso
En el esfuerzo que no me dice hacia dónde vamos.
¿Quién quiere hacerme cómplice?
Raíces que se van como los cuerpos hacia otras vegetaciones
Cuando solo quiero proteger la sal que ha creado la hermosura.
¿Quién traduce la palabra huir de la serie?
Ejercicio de civiles en la intemperie trazada
Por los que espantan a los familiares.
Especie de ruinas seductoras de un límite a otro.
Tengo esa impresión o el efecto que producen
Los gases o torturas menos ambientalistas.
¿Dónde extasiar el líquido de sacrificios catalizados?
¿Cómo absolvernos y colocar cada vida que se pierde?
Semejanza hostil. Me asombran todavía
Estrechos bosques que me llevan a Ucrania
O a las montañas donde se aloja el único animal que conoce
Lo que he sido y seré sin necesidad de ser interrogada.
Puede ser pura ficción como el árbol que nunca sucumbe.
Es mejor renunciar que ceder o alejarse
Que compartir o luchar
Por una misma idea.
 
 
Praga / niveles de castración
 
La vida no vivida no es motivo de resentimiento
Esto se puede leer en una pared
del pabellón 31
En una celda de Praga.
Toda celda tiene escaras y un lunar negro
Como el perro expira destrozado en la carretera
Cuya última mirada ha sido para mí
Que he visto al hombre en silla de ruedas
Sin brazos ni piernas en una velada donde se aclaman a los muertos
Cuando los muertos son cosas de la otrora
Con rostro alegre –refiero- al hombre en sillas de ruedas
Cuando el mío desluce su grisura
A ras del cuarto donde las fuerzas no bajan ni ascienden
Se controlan con el tabique. Ariete que te empuja
Hacía el goteadero común. Merma –humana- cristalizada-
Por el que hala la polea y se yuxtapone.
 
A final llega la noche y todo comienza a encajar
Porque en la noche conviven los alaridos
La oscuridad no sana ninguna herida. Ni la palabra
Que elegimos para poder despertar
Sobre las ruinas que hemos construidos.
No quiero destrozar mi lengua para entender ni esperar
A que lleguen las aguas a copar
Los niveles más desproporcionados
Que un muerto puede ofrecer
Como filtra una luz en el fondo del pozo.
¿Qué son estos agujeros por donde la lumbre
Repleta la lasitud de los ejes?
¿Qué son estas cuerdas sino la extirpación
De la vida no vivida ni aproximada?
Mi dedo es azul –trastoca- la híspida bruma de los jalones.
¿Quién sube, desmenuza o recorta los frutos que exprimimos?
¿Quién prensa o interpreta la letra oscura de una noche insular?
No necesito entender cómo llegan a acostumbrarse
Los hombres con los ruidos
Cómo llenan las piltrafas o se pierden en los charcos los ojos.
Basta caer o estar de espaldas o simplemente –renunciando-
A la asfixia urgente por la vertiente que seguimos. Camiones
A ultramar. A veces miro el engranaje de la máquina de podar
Antigua y me compadezco. A veces no soy quien vive
Ni se asoma con voluntad ni me enciendo
Como los bueyes sobre –murientes-
Que halan la cadena
Para que las sombras sean fuerzas de repliegue
Para que las ruedas aprieten el cuerpo frío
Del hombre mutilado en su silla de ruedas
O seamos hélices que arrancan el polvo de la tierra
U otro mineral en extinción
Como lo fue Milada Horákova víctima del R.co
O aquellos proletarios que pasaron
De proletarios a contrabandistas
Por pensar en primaveras
Donde la vida puede ser menos cruenta
Mientras yo en una celda de una aldea perdida en el mapa
Pienso en las estrellas muertas
En las pértigas de una gaviota
Y en otras insignificancias.
 
 

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