Poemas de Silvia Ortiz

Poemas de Silvia Ortiz

 

AQUÍ ESTOY

Aquí estoy como antes
cuando llueven los cristales
en el valle de los ecos, 
cuando muerden las noches
el sentido de mis mantas,
aquí estoy en la suma
de naufragios, en la espera
que me aturden las promesas,
como emergen cielo y tierra
entre el cántico nupcial y cofradía.

Aquí estoy ya sin tregua,
vemos y no vemos el cantar
de los cantares,
el cántaro prohibido y yo
sin luna,
sin nada que me ate,
sin nada que me vista
o me desvista los ojos
moribundos,
ya sin mares.

Aquí estoy con el ácido agresor
en la boca de mi vientre,
doloroso, cabizbajo,
y aplaudido frente a la cruz
de mi nostalgia,
una sacudida aún me espera,
un fermento más entre las
sombras entumece mi costado,
ahí estoy como llegué un día
con el beso prohibido de Melgar,
mi fiel maestro.

Mi cómplice en la sombra,
desdén para mi alivio,
mi amante silencioso,
sus besos tan besados,
mi boca tan inerte,
no hay denuncia capaz
que se asemeja,
besan y besan incendiando
las praderas de la muerte.

Embalsamada y sin remedio
por la noche misteriosa
y los besos del recuerdo,
mi amado hombre,
mi estrella reluciente
en cada alcoba,
ven no temas,
prodígame quimeras
en rosas ya funestas.

Melgar mi amado poeta,
mi amado Dios del hombre,
ven y conquista mis sentidos,
envuélveme en la manta roja
de mi propia tierra, tómame si
quieres al final de los sentidos,
tómame dormida, vacilante,
estremecida frente al colmo
de pasiones que te fuerzan,
amado dueño de quejidos
yaravies, yo te tengo, ya no
temas …aquí estoy.

Silvia Ortiz Escritora-poeta, 
noviembre 2016, EE.UU, Chicago, 
Derechos@reservados

 

ANARQUÍA

Llevo días sumida
en la anarquía absoluta,
una anarquía que he empezado
amar y que no intento censurar,
un desorden que me lleva al orden
de mis sueños y cobijas
de recuerdos que se apartan,
que intimidan a lectores
inexistentes.

Es la frialdad inmortal
de la nueva noche,
es el finito sueño
sí, el sueño-muerte
indiscreto que se acerca,
que me cubre tantas veces
en el rifle presuntuoso
un solo tiro.

Tengo frío y no sé cómo cubrirme,
no sé cómo exhumar
la resguarda de ésta noche
y ¿de qué abrigo requiero
cuando de amor
y de muerte tú te cubres?,
sobre una calle cualquiera
la soledad derriba la ciudad
que no visito y se reserva
el párrafo tercero de este libro.

Leve suspiro de los ríos
equidistantes en los campos,
olvidé el almanaque de mis años,
hasta mi propio nombre lo olvidé
los padrones de un banquero
empobrecido,
los grilletes mar adentro
y otro día sin memoria,
en el campo de escrutinios
solo duerme su voz,
y el desorden incorregible
de su cuerpo.

De Silvia Ortiz, La Ceniza De Otro Dios, 2014, Derechos @reservados.

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