Vallejo, el poeta que perdí / de Silvia Ortiz

Vallejo, el poeta que perdí

Mientras más me detengo en los escritos del gran Vallejo, ingreso a un mundo inmensurable, el mundo de César Vallejo, el “dios de los humanos”, de aquellos asistentes a la espera de la nada, es él quien sufre los dolores, él se hace otro en el dolor, se hace hambre como parto en el vientre de su boca, se torna indiscutiblemente “escribidor de los quejidos”, eternidad de su palabra confina a la sociedad deshumanizadora de lo ausente, vemos el total de los totales, la demacrada suma de valores del abrigo; Vallejo posibilita que a ti también te duela, quiere cerciorarse de que asumas el “compromiso de dolerte”, del gritar que tienes hambre como los “otros”, Vallejo describe una y mil veces más su airada protesta contra la razón de las sinrazones, me parece sostener incluso su propia respiración recortada, su humanidad, su finitud dolorosa, que al fin y al cabo duele. He creído en la profundidad de sus silencios, he disfrutado el canto amurallado de sus letras, sus epístolas teñidas de dolencia, el prescrito dolor en Vallejo no escapa, no muda, observa y crece como arbusto que se niega entre sociedades de exhibición y la nulidad del compromiso. En “Los Nueve Monstruos” Vallejo confía el derribo de “murallas del dolor”, y el conjunto aleatorio de saberse nada se cobija en palabras ausentes del sentido propio de la resistencia, y él resiste, no cabe lo inaudito, lo hueco, y acontece poco o nada indescriptiblemente, las palabras que asemejan el espejo del parir del hambre de la gente. Los muertos, horas tortuosas, el pregón de los mortuorios: “Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato/ crece a treinta minutos por segundo…”, el “doliente Vallejo”, paso a paso facilita ante el ojo humano la desgarradora proclama, el hombre, dos veces hombre, las torrenteras de los ríos, dos veces muertos, dos veces, la filosofía de lo injusto crece, dos veces, el salario difamado, duele dos veces, dos, el lienzo en el martillo, duele dos veces en la sombra de los golpes, las casas usurpadas, duelen dos veces, dos. Los políticos traidores, dos veces de la coima, duelen dos veces, dos, la siesta despojada en los niños, duele dos veces, dos, el pobre, duele dos veces pobre, dos veces y más, los palos en las marchas de las calles, duelen dos veces, dos, los ojos, son dos y son dos veces en que mira cuando de hambre de todos los hambres dos veces se muere, y la naturaleza de lo insano, duele dos veces dos, hiere la libertad del inocente y es el dolor dos veces y duele, dos. La sociedad en su suplicio, duele dos veces y muchas veces agujereando su costado, dos veces, el poder del corrupto gobernante, duele dos veces, y dos veces más, y tantas otras veces más, la condición del perseguido, dos veces duele, y duele dos veces el que calla y se muerde en el sillón del don dinero, dos veces duele el desgajo de las frutas extirpadas dos veces y dos veces así de tanto duelen, dos veces infringen las espaldas del que en raza incomparable fue ungido, duele dos veces, duele, y la función de la palabra dos veces muere, y el escribidor, dos veces muerto, dos, retiembla el alma en su interior y ya no duele dos veces, sino más de las dos veces duele, ¡ay que duele!

Se asimila la garganta del que grita dos veces ante el eco irremediable de la noche, dos veces duele, y mueren dos veces y otras dos los que descansan en las manos del verdugo, mueren y dos veces duele, cuando la boca calla lo que grita el alma, dos veces, muero dos veces dos, y duele dos veces, y duele otra vez si me describo doblemente muerta, dos veces duele, dos sombras más duele. He descrito constantemente el padecimiento de dolores, en el silencio y el dolor se mueven la sangre dos veces, dos en el mapa como mártir del mundo, nuestros amados ríos destejidos dos veces, duele más del dolor dos veces, los explotados cuerpos en la villa inocente, duele, dos veces duele, la lluvia arruinada, duele dos veces, el agua del glaciar, duele dos veces en suspenso de mis ojos, duele dos veces la extinción del lagrimeo, duele la naturaleza consumida en las manos del prescrito velador, duele dos veces este texto en que refiero el dolor de los que duelen, dos veces, y ya me duele más de las veces y no es sólo dos que se nubla mi interior, la carne nueva y vieja muere muy lentamente, dos veces, la agónica traición de los amantes duele, yo sé que duele y no sólo dos veces. Dos veces duele, el amor lloroso que redobla la rodilla y no ante la fe del hombre, dos veces duele el insomnio frente al alba extinguida de valores, duele, dos veces duele, la congoja es ahora la abatida, disparada, dos veces, atentada en la derrota, dos veces, y se eleva el sistema respiratorio del extinto, más de dos veces duele, y hubo casi siempre dolor de los dolores y fueron siempre dos veces o tal vez más, pero fueron dos veces.

La piedra jamás dejó de ser piedra, dos veces, la tierra nunca obtuvo tanto dolor en sus propias entrañas, los mineros en el cauce del dolor, duelen dos veces, y la Pachamama arrasada en su mismo campo, duele, sí que duele y no pocas veces, el féretro de infamia de los gobernantes del cosmos carcomiéndose de risa, y dos fueron los dolores, dos veces, dos, la infamia duele dos veces en el fluir de los fluidos, la mezcla inconfundible de matices en el agua y la sangre campesina duelen dos veces ¡ay!, ¡ay! mi amada tierra, tus llantos ensordecen las almas moribundas dos veces duele. Dos veces, me he mudado a otro país, y dos veces como atentado del poeta, dos veces me has dolido, dos veces, y yo en el silencio convidado desde niña, y es cierto no lo he negado, pues duele tanto que se ha formado el acústico pesebre en la huelga de las veces. Mi amado llanto por Vallejo, ¡ya no me duelas dos veces, sino más veces más!, las que sean necesarias, porque te confieso, amado Vallejo que “hemos de morir dos veces, o nueve veces más, mientras veamos dolor en los ojos de la gente”, el arsenal de fusiles dos veces rastrillan las faringes, el traficante duele, ¡vaya Dios que duele!, lo sabré yo: duele y no sólo dos, sino dos veces dos, se extinguen los dados negros de la sangre y la encubierta, diez veces dos duele, y yo asumo el gatillo de las noches dos veces, y nuestros ojos se han llorado dos veces como llanto en la tormenta dos veces, en que duele dos veces y tal vez más.

Ahora observo lo encorvado de la gente por la muerte de otra lengua que duele, tantas veces duele, duele, y mi lengua se proyecta entre giros sorprendentes, otra lengua, otra lengua, y duele dos veces escondidos los gerundios de mi habla, ahora se alquilan las aguas de los mares como vientre de las madres sustitutas, dos veces el parir ajeno que no deja aquel cajón y el muerto no nacido allí presente, dos veces muertos los niños por ultrajo y la violencia, y de esto último el clero no es ajeno, duele dos veces, dos, los ancianos condenados al olvido del silencio, dos veces mueren y se reafirma el dolor de los dolores, el dolor dos veces duele en el total del padecimiento por hambre, la muerte por aborto, el total de violaciones, el ejecutor duele más dos veces porque esconde la cabeza y el rifle allí presente; duele, sí señor poeta, maestro Vallejo: duele, lo sabremos todos por los versos que hoy nos prestas, el total de la palabra obligada, duele dos veces, la palabra rota, dos veces, y dos veces se cifraron esperanzas en la toma del congreso en el Perú al arrojo de traidores, les vende patria dos veces, duelen, y dos veces más los gobernantes del mundo estropeando el bolsillo de los pueblos, y dos veces más el exilio crece, dos veces, y el verdugo de los gobiernos mutila a los cesantes y ancianos impotentes de sus pesos: dos veces con el dolor y no en el cajón, sus gritos son quejidos en la espera de sus pagos, sus gritos se han metido en el cajón de ayer, y los maestros, ¡ay!, los maestros en la dinamita de sus cuerpos mueren, y duelen dos veces cuando exigen desde el fétido escritorio la nulidad del intelecto, duele y son dos veces más que duelen, la indolencia del escarnio es aritmética perfecta en el porcentual crecimiento del dolor, dos veces el silencio cuando extingue el parámetro escogido de la coima y la ignominia, dos veces, duele, nueve veces duele dos, la violencia y la muerte de mujeres “ni una más”, dos veces duele… y me parece insuficiente cuando hierven las aguas descompuestas en apuro del café, dos veces duele y dos veces más dos, ¡duele!

 

Silvia Ortiz

Agosto, 27, del 2018, EEUU, 3.54 a.m.
Derechos@reservados.

 

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