Poemas de Silvia Ortiz

Poemas de Silvia Ortiz

 

TEMORES

Que otros temores
me han sitiado como
zanjas diluidas,
como fieras que se apartan
como el dardo de infecundo.
Son mis manos que perduran,
son mis manos que hoy entrego
en la fuente de tus ojos,
vida mía.

Otros temores me introducen
en silencios de las horas imparciales,
y locuras inestables son mis versos
que perfuman los relatos
cual recreo de la fiesta
y en el juego de barajas.

Cada sombra me hacen suya
cada noche y cada noche,
las noches de erotismo
ya no espantan las tristezas
de los campos tenebrosos,
apretujo cada espacio
de mi almohada …
y me sabe misteriosa
tu partida entre válvulas
de noches y océanos que acaricio.

¿Qué otros temores escondidos
llevas en la vértebra azul
de tus ojos vida mía?
soy el testigo de los llantos,
soy durmiente de latidos
entre miedos que aglutinas
fuertemente y ya sin miedo,
soy la calma eternizada
en lo gris de aquel vestido.

Abrázame que ya llegan
pertinaces los manuales
de los barcos que fomento,
incéndiame amado, amado,
resguárdame en tu pecho
confortable de las pecas
que aun te restan
del conteo transitorio
de tu boca.

Mil quebrantos ya no afectan
como antes del rocío,
ya no irritan las mañanas
que se esfuman como malva seca
y sin otoño, yo te abrazo
tierra mía, yo te adoro Cristo mío,
yo te adoro ángel mío,
duende incienso, brava mirra.

Silvia Ortiz, USA, Chicago, 11. 15. 2019.

 

***

Desnudo hoy mis carnes,
la noche se hizo expuesta,
y si la carne duerme
despierto yo los valles,
en el tejado azul
el vértigo en la loma,
engaña pino y pino,
la noche está de rabia
el viento ya parió.

Como la nutria olvida
la aprehenda de su manta,
la sepultura calma,
la tarde siempre calma,
y Silvia la de antaño
se estrella entre los fardos,
la vieja Silvia muere,
arrastro las condenas,
arranco hoy los astros,
el otro enfado arde
los pasos ya me atan.

Su ausente boca marcha,
la falsa bota gime,
me raspan los omisos
los huecos en la calle,
la calma siempre funde
la carne, carne, carne,
en nombre de los Alpes
las sangres se difunden,
arrancan siempre arrancan
filudos del espanto,
evade, evade siempre
el declarante mudo.

Calcíname despacio,
no ostento algún rasguño,
la daga es mi cartera
cincel de pluma loca,
no alquilo las lisonjas
de aquel café nocturno,
no hurto las monedas
en gruta de otro santo,
pequeña soy entonces
desnuda ya sin carnes,
envuelve mis harapos.

Silvia Ortiz, EEUU, 26.11.18

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