Randall Roque (Costa Rica)

Randall Roque (Costa Rica)

 

Ha publicado los siguientes libros: Cuando las luciérnagas hablan (Cuentos, 1998), Itinerario de los amantes (Poesía, 2003), Amores domésticos (Fotopoemas, 2009), Estrellas de madera (CD: poemas italiano-español, 2007), Las Lunas del Ramadán y otras alegorías (Libro heterogéneo, 2011), Los alegres somos más (selección poética 2003-2012), Alguien llama a tu puerta (Cuento, 2014), Isla Pop (Poesía ilustrada por Carlos Tapia, 2015), Contracultura (Poesía. Perú, 2017), Desplazados y Adictos (Poesía. España, 2020), El diablo vuelve a casa (Poesía. Nueva York, 2020), Bestiario (Poesía. Perú, 2020), Hago la herida para salvarte (Ed. Arte Poética Press, 2020. Breve selección poética). Traducción a Inglés por el Catedrático de la Universidad Cincinnati Mauricio Espinoza)
Primer Lugar en la Categoría de Poesía en el concurso ‘Letra Joven de Costa Rica, 1998’, Primer Lugar de Poesía en el Certamen Brunca de la Universidad Nacional (Costa Rica, 2004). Primer Lugar en el Premio Internazionale di Poesia Castello di Duino, 2007, reconocido por la UNESCO, la Presidencia de la República de Italia y otorgado por el Príncipe Carlo Alessandro Della Torre e Tasso en el Castillo de Duino.
Su trabajo poético puede hallarse en antologías, entre las que podemos mencionar: “Il gesto della Memoria, 2005” y “Frontiere, 2007”, ambas de Italia; “Festivali Ndërkombëtar i Poezisë “DITËT E NAIMIT” Edicioni XVII, publicada en Macedonia 2013; “Variaciones de la voz-Una muestra de poesía latinoamericana contemporánea, 2015” publicada en Argentina (Revista Gramma Vol 26, No 54 (2015) – Instituto de Investigaciones Literarias y Lingüísticas de la Escuela de Letras, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad del Salvador, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina), Voces de la Poesía Costarricense (2018).
En el 2017, participó en el Festival Internacional Primavera Poética (Perú). En el 2019, participó en el V Encuentro Internacional de Escritores en el Bío Bío, Chile (Entre Culturas)

 

CEMENTERIO DE OBREROS

Una vez miré un entierro
sin amigos ni enemigos,
un muerto solo, de cabo a rabo,
apenas una mujer lo lloraba
y con legítimo esfuerzo.

A muchos les pareció
el entierro más triste
del mundo.

A mí no; por el contrario,
me pareció un buen tipo,
un gran detalle ese
de no dejar gente
llorando tras de sí.

 

TEMO EL DÍA

Siempre esperé demasiado de vos,
un abrazo, un beso, tus cartas
apiladas como dos heridas abiertas,
que dejaras de beber y comprar coca,
de ligarte a cuanta puta conocías,
qué más da, uno espera hasta perderse

Hoy me encuentro sola, francamente sola,
cada navidad, tus adornos me distraen,
cada cumpleaños, te enciendo alguna vela,
no te culpo, siempre esperé demasiado de vos,
temo el día que alguien toque a la puerta
y me diga que has muerto conmigo

 

ESA MUJER

Esa mujer,
de la que todos hablan,
como se habla de una tela sucia,
tiene una llama de luz pequeña,
es apenas,
un fósforo encendido.

Pero

¿Has notado
cómo la oscuridad huye
ante un fósforo encendido?

 

MUJER DE MIDOSUJI

Nada tienen los cerezos en Okinawa
ni los Campos Elíseos de Tokyo,
que no tenga Okuraen en Midosuji.

Blanca y hermosa, semidesnuda,
como la sangre del invierno,
creo que espera el metro de las tres.

Mientras te escribo, ella se marcha.

 

CENTROAMERICANIZARSE

Debe ser que nuestro corazón partido
es un canal terrestre centroamericano
con tu Océano Atlántico a la derecha
y mi Océano Pacífico a la izquierda
y eso, políticamente, ya nos dice algo.

También nos explica otras cosas, por ejemplo,
el Pacífico tiene veinticinco mil islas más
que todos los océanos del mundo
y creo, te explica mi obstinada soledad.

En cambio, el Atlántico no tiene montañas a la vista,
sino una cadena submarina que sube, baja y viceversa,
como una dorsal Mesoatlántica a lo largo de tu espalda,
y eso podría explicar mejor tus estados de ánimo.

Es una bendición centroamericanizarse,
no seremos como el Mar Báltico
y el mar del norte con sus heladas aguas,
dos tipos diferentes, confrontadas,
compartiendo sedimentos,
incapaces de mezclarse.

A nosotros,
a pesar del mar,
nos une la tierra.

 

RÍO EBRO

La primera imagen de su padre
fue verlo volver del Río Ebro,
tocar la puerta lleno de piojos,
sucio entre una manta oscura
de la División Republicana.

Todos regresaron mudos
de aquella guerra civil.

Cuando al fin habló,
después de muchos años,
solo dijo esto:

Yo he visto el Río Ebro
cubierto de rojo

 

MIRADOR DE LOS SOLOS

A veces necesitamos con urgencia
un sitio silencioso y apartado,
como ese banco de madera
en el Paseo de la Concha,
justo antes del Túnel Antiguo,
donde Karmelo observa la vida
de espaldas a la gente que pasa.

La vida, después de todo,
es una banca frente al mar
en el mirador de los solos
que se turnan para contemplar el mundo
y explicarlo a otros de alguna manera.

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