EL HOMBRE MENDIGO / José Revello

 

José Revello

EL HOMBRE MENDIGO

 

 

José Revello

 

Amigo que me escuchas. Mujer que tal vez me intuyes.

 

Esta historia ocurrió hace varios años -allá por mi adolescencia- por esa época yo trabajaba en una cadena de supermercados, sección verdulería, de 06 de la mañana hasta 14h. Por esos días, me había hecho amigo del camionero -llamado German- que proveía de las verduras. Un día me dijo se quería ayudarle a cargar el camión. En realidad, lo ofreció porque podía llevarme frutas y verduras a casa. Luego lógicamente íbamos a mi lugar de trabajo. Accedí y comencé a ir al mercado de abasto de buenos aires, entre las tres y cuatro de la madrugada. Yo lo ayudaba con la carga y de paso me proveía de las verduras necesarias. Así con calor, lluvia o frio fueron todas mis noches durante aquellos años.

Pero esa no es la historia.

Una noche, mientras esperábamos sentados dentro del camión nuestro turno de carga, me fije en un hombre que estaba acostado en la vereda, apoyado contra la pared, cerca de la entrada principal. Estaba barbudo y desalineado, la ropa con evidente falta de higiene. Parecía joven. Era un mendigo (victimas de esa ingrata y cruda realidad al que nunca podremos acostumbrarnos).

Pero lo que llamo mi atención fue descubrir a una bella mujer, bien vestida y a dos chicos -una nena y un varón- de unos seis y siete años. La mujer estaba en cuclillas frente a el hablando continuamente, mientras los niños sentados en la vereda, con sus manos cubriendo sus rostros lloraban sin consuelo. Me conmovió aquella extraña escena. Se los señale a German y pregunte si sabía algo. Los miro y permaneció en unos minutos en silencio. Luego con ojos humedecidos recuerdo dijo

“Aquí algunos lo conocemos. La mayoría ni siquiera les interesa. La ayudamos cuanto podemos. Ella se llama Virginia y conversa con cualquier que se acerque a escucharla”

German era padre primerizo de un precioso nene de tres años. Y supe pego en su sensibilidad. De pronto casi con reproche comento.

“¡Yo jamás aria sufrir a mi familia de esa manera…!pero es cierto no estoy en su lugar…”

Le pregunte si sabía lo ocurrido.

” Si. Virginia lo contó una vez… Aunque te parezca mentira, ese hombre es médico cirujano. Tiene 27 años. Ellas es su esposa y esos chicos sus hijos. Durante cuatro meses, todas la noches, religiosamente, viene a su lado, le habla, trae ropa que él nunca se pone, no se, cosas, buscando su reacción. A veces algo contesta. Creo más pidiéndole que se vaya. No se levanta. No sale de su mutismo. Ellos sufren mucho. Pero ella nunca se retira, es incansable. Esa mujer lo ama realmente.”

Me quede mirando esa pobre mujer y los niños. Me imagine su dolor y desesperación por la situación. Costo creer lo que había escuchado. Le pregunte si sabía algo de lo que realmente lo llevo a ese lamentable estado de abandono. German comenzó a contarme su historia.

“Este hombre termino su residencia médica el año pasado en un hospital. Hace seis meses atrás tuvo su primera operación quirúrgica importante. Era un caso bastante delicado. Una chica de 14 años. Pero hacía varios años conocía a esta nena y su familia. La quería mucho. Pero la operación se complicó y murió en el quirófano. Los médicos deben prepararse para cualquier cosa en los quirófanos. Pero el pareció no soportarlo. Entro en crisis. Fue cayendo en el dolor y de pronto dejo el hospital y de a poco a su familia. Un día vino y desde entonces merodea y duerme en el abasto

“Pero ¿nadie intento ayudarlo?…

“han venido del hospital, incluso psicólogos y algunos amigos. Pero de vez en cuando. No te creas lo contrario. Nada paso. Si no lo consigue la familia que te ama José ¿quién podría serlo?”

Durante dos semanas la veíamos venir todas las noches a la abnegada mujer con los niños. Nosotros ya nada comentábamos. ¿Que podíamos decir? Cuando mueren las palabras, impera el gran silencio. Se retiraba a las 5 de la mañana, debía trabajar. Los miércoles era el único día que no había camión. ES decir no entregaba mercadería. Ese día no iba al mercado. Me acuerdo porque estaba próximo mis 21 cumpleaños.

Fue un jueves. Cuando a las tres de la mañana llegue al mercado, encontré el camión en cola de espera. Pero mientras venia no pude hallar al hombre ni a la mujer. De pronto sentí inquietud. Cuando entre en la cabina y me senté lo salude a mi amigo y pregunte por aquel hombre. Me miro uno instantes. Con esa mirada que comencé a conocer de ese hombre cuando algo le afectaba digo esas palabras

“Los niños son el milagro de la vida….

“No comprendo… -dije-… ¿qué ocurrió?…

“Lo que tenía que pasar, José… lo que en algún bendito momento tenía que suceder… Ayer como sabes yo hago carga para devoto. A las 2 de la mañana se apareció la nena, pero sola, no sé cómo se escapó de la madre. No sé, pero la niña vino con ¡una frazada y una almohada! ¿Lo podes creer? sin decir nada tiro la frazada y la almohada al piso. Fue cuando el padre dijo algo. Ella grito entonces -palabra que la escuchamos- que la madre estaba enferma y en cama. Con su hermano fueron a lo de su abuela y había conseguido escapar cuando los viejos se durmieron… que nunca más iba a volver y aquí en la calle se iba a quedar a vivir. El padre comenzó a increparla, pero… ¡Dios bendiga su temple! esta niña lejos de achicarse, lo enfrento con valentía, le dijo de todo…a su edad tener tantas cosas guardadas… pero una que oí y dudo pueda olvidarlo fue cuando ella grito con firmeza…”si eras un padre tan cobarde.. ¿Porque nos tuviste?”… comenzó a empujarlo y tirarle del brazo y lo obligo finalmente a levantarse…¡por Dios santo esa nena lo logro!.. Fue una dramática escena… pero termino cuando de pronto el padre la abrazo y se puso a llorar… juntos lo hicieron…luego me fui y cuando volví, hoy ya no estaban

” a donde fueron ¿lo sabes?

German me sonrío y dijo

“Si lo se José….anoche por primera vez largos meses este hombre se bañó en su casa, sacándose la mugre de oscuros e inciertos días. Lo sé porque Virginia me llamo por teléfono a casa un día se lo había dado. Todavía estaba en cama llorando… una pesadilla

parecía comenzar a quedar atrás… ¡Dios la bendiga su temple! esa valiente y abnegada niña lo consiguió!…¡consiguió sacar a su padre del abismo en que había caído!..

No hubo más comentarios. No pude articular palabra. Ambos nos quedamos en silencio durante la espera,… como si ese final hubiese sido nuestro caso…

Lo que supimos de esto hombre por aquellos años, es que retorno a su oficio de médico, con el tiempo puso su consultorio y nunca abandono a su familia a su mujer.

Amigo que me escuchas. Mujer que tal vez me intuyes.

Si esta historia que salió contarte en algo no te motivo ni te conmovió, prestas atención algo quizás grave estés pasando en tu persona

 

 

José Revello

(fragmento de: “Similitudes del tiempo”)

Derechos de autor reservados

Buenos Aires Argentina

 

 

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