Mis tardes con Don Genaro ( Fragmento-83 ) / José Revello

José Revello

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS.

El tiempo del no tiempo
Según Don Genaro

HISTORIA DE LA ETERNIDAD.

(Formación decimal astronómica)
Fragmento-83
El universo central y los superuniversos

 

4. LA RELACIÓN DE DIOS CON UN UNIVERSO LOCAL

“No abrigues la idea mi hijo -siguió su relato Don Genaro- de que debido el Padre Universal ha delegado tanto de sí mismo y su poder, es miembro implícito o inactivo de asociación de Deidades. Aparte de dominios de personalidad y otorgamiento de Ajustadores, aparentemente, es el menos activo entre Deidades Paradisiacas, ya que permite a los iguales en Deidad, sus Hijos y muchas inteligencias creadas, funcionar extensamente en realización del propósito eterno. Es el miembro silencioso del trío creativo, solamente, en el sentido de que nunca hace nada de lo que pueda hacer cualquiera de sus asociados coordinados o subordinados. Dios posee comprensión plena de necesidad de cada criatura inteligente para funcionar y experimentar y, por lo tanto, en cada situación, se trate del destino de un universo o bienestar de la más humilde de sus criaturas, Dios se retira de la actividad para dar lugar a la galaxia de personalidades Creadores quienes, sustancialmente, intervienen entre él y cualquier situación del universo o suceso creativo. Pero, a pesar de este retiro, esta exhibición de coordinación infinita, hay de parte de Dios participación real, literal y personal en eventos, por agencias y personalidades prescritas y a través de ellas. El Padre está trabajando en los canales por bienestar de creación. Con respecto a normas, conducta y gobierno del universo local, el Padre Universal actúa en persona de su Hijo Creador. El Padre Universal nunca interviene en siguientes relaciones: interrelaciones de Hijos de Dios, en asociaciones de grupo de personalidades originadas en la Tercera Fuente y Centro, o relaciones entre cualquiera de otras criaturas tales como seres humanos. Siempre prevalece la ley del Hijo Creador, preceptos de Padres de Constelaciones, Soberanos de Sistemas y Príncipes Planetarios. Es decir procedimientos prescritos de tal universo. No hay divisiones de autoridad, nunca interferencias en funciones del poder y propósito divino. Las Deidades actúan en perfecta unanimidad. El gobierno del Hijo Creador es supremo en asuntos de asociaciones éticas y relaciones de cualquier división de criaturas, con otra clase de criaturas o entre dos o más individuos dentro de cualquier grupo. Pero ese plan no significa el Padre Universal no pueda -a su personal manera- intervenir y hacer toda cosa que satisfaga la mente divina con cualquier criatura individual en cualquier parte de la creación, en cuanto atañe al estado presente del individuo o futuras probabilidades en relación con el propósito y plan eterno del Padre. En criaturas mortales de impulso de la voluntad, el Padre está presente en el Ajustador residente, un fragmento de su espíritu prepersonal. El Padre es fuente de personalidad de tales criaturas. Estos Ajustadores del Pensamiento, regalado por el Padre, se hallan comparativamente aislados. Habitan mentes humanas. Pero no tienen conexiones perceptibles con asuntos éticos de creación local. No están coordinados directamente con el servicio seráfico ni administración de sistemas, constelaciones, o universos locales, ni siquiera gobierno del Hijo Creador, cuya voluntad es ley suprema del universo creado. Los Ajustadores residentes conforman uno de los separados, aunque unificados, modos de contacto de Dios con criaturas de su creación casi infinita. Así pues, él, que es invisible para el hombre mortal, manifiesta su presencia y si pudiese hacerlo, se revelaría de otras maneras. Pero esa revelación añadida no es divinamente posible. “Podemos ver y entender el mecanismo -y dicen estas revelaciones- por el cual, los Hijos disfrutan un conocimiento íntimo y completo respecto de universos de jurisdicción. Pero no podemos entender métodos por cuales Dios está familiarizado con detalles del universo de los universos, aunque podamos, por lo menos, entender la avenida por cual el Padre Universal puede recibir información referente a seres de inmensa creación y también manifestarles su presencia. A través del circuito de personalidad el Padre está informado -por conocimiento personal- de pensamientos y actos de seres en sistemas de universos de toda creación. Aunque no podemos comprender plenamente esta técnica de comunión de Dios con sus hijos, podemos fortalecernos en la seguridad de que “el Señor bien conoce a sus hijos” y que “toma buena nota de dónde hemos nacido nosotros”. Hablando espiritualmente, el Padre Universal está presente en vuestro universo y corazón, a través de uno de Siete Espíritus Rectores de morada central, y específicamente, por Ajustador de pensamiento divino que vive y trabaja y aguarda en profundidad de la mente mortal. Dios no es restricción ni señal de personalidad egocéntrica. El Padre se distribuye generosamente a su creación y sus criaturas. Él vive y actúa no sólo en Deidades, sino en sus Hijos a quienes encomienda hacer todo lo que es divinamente posible que ellos hagan. El Padre Universal se ha despojado de cualquiera función que pueda ser realizada por cualquier otro ser viviente. Y esto es tan verdadero en relación al hombre mortal como al Hijo Creador que gobierna en lugar de Dios en sede de universo local. Así contemplamos efectos del amor infinito del Padre Universal. En esta donación de sí mismo, tenemos abundantes pruebas de magnitud como magnanimidad de esencia divina del Padre. Si Dios ha retenido alguna cosa de sí mismo de la creación, entonces, de ese residuo generosamente conceden Ajustadores del Pensamiento a mortales de los reinos Monitores Misteriosos del tiempo, que pacientemente moran en los candidatos por vida eterna. El Padre Universal se ha esparcido de sí mismo, por decirlo así, enriquecer la creación en posesión de personalidad para logro del alto estado mayor espiritual. Dios ha dado para que nosotros podamos ser como él, y se reservó de su poder y gloria, sólo lo necesario para mantenimiento de cosas por cuyo amor se ha desposeído a sí mismo de todo lo demás. Y sin duda alguna esto es el sublime misterio de los misterios.

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos de autor Reservados

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