EL LLAMADO DEL ABISMO (La travesía de Owen) – Fragmento 14 / José Revello

EL LLAMADO DEL ABISMO
(La travesía de Owen)

Fragmento 14

REALIDADES

Desilusionado, me senté en la cama. Recosté mi espalda contra el mamparo cruzando mis piernas. El viento conciliador seguía arremolinando. Me hizo bien sentirlo tonificando mi piel. Cerré mis ojos y lo percibí zumbando mis oídos. De pronto “algo” sentí. Me pareció percibir el eco de aquel “canto” que oyera emanar de Legsana esa tarde. Sin abrir mis ojos preste atención a los sonidos a mí alrededor, relacionado con el crepitar de las máquinas. Pero no llegué a dilucidar su “acorde”. “Tal vez fue mi impresión”. (Siendo reciente los sucesos, aun aleteaba en mi foro íntimo)
El monocorde tic-tac del reloj atrajo mi atención evocando el paso del tiempo humano. Abrí mis párpados y quede mirando la caja de resonancia. Y pensé como el ingenioso correr de agujas era imprescindible para digitar mis días, como su segundero delineaba mi apuro y responsabilidad..
“Como estamos hechos al tiempo -salió pensar- Pero ¿qué es el tiempo sino una línea que encauso una proyección ordenada de los años? ¡cómo estamos hechos al tiempo!, las experiencias adquiridas a veces desvía y confunden lo maduro del porvenir, vivimos acorde a problemas que enfrentamos. No nos adueñamos de las horas sin el propósito de dividir las faenas diarias. Bueno sería vivir mas libre del tiempo dentro del tiempo mismo. ¿Acaso somos sus dueños originales? ¿Es valido su aporte o fue impuesto? ¿Surgió por necesidad o de un concepto equivocado?”
Mientras filosofaba estas cosas (de mis tantas inquietudes) me levante y me prepare el mate, compañero infatigable de mis días. De una botella de plástico extraje agua y llené la pava, la puse en mi calentador a resistencia. Se hallaba en él piso, debajo del escritorio sobre una goma negra. Lo incorpore y lo puse arriba. Era redondo con tres patas. Lo prendí y puse la pava. Mientras se calentaba, gire la llave abriendo la puerta abierta por si me olvidaba. Me senté en la silla y estire las piernas del todo. Me sentía cansado. Me dolían los pies y acuse la flojedad de mi cuerpo.
No había conseguido relajarme de una realidad que parecía sueño. Mire a mí alrededor. El camarote estaba iluminado. Allí no existía la noche. En consecuencia podía ver objetos y efectos personales, diseminados aquí y allá: Mi ropa. Algunos libros en la repisa trincada arriba de mi escritorio. Encima mis papeles. Ciertos ocasionales estímulos que ayudaron a bucear un poco dentro de mí. Efectos de realidades internas. A nadie se lo debía más que a la vida misma. Sin embargo, ¡Cuánto ignoraba de la existencia¡ ¡Cuanto faltaba para resguardar un átomo de su naturaleza de mi ser ante los imprevistos!.
El humo saliendo del pico índico podía cebarme los mates. Pero no lo saque de inmediato, me quede mirándolo con sorpresa, tarde segundos en apagar la resistencia. Quede perplejo por esta reacción. En eso caí en cuenta de ello propiamente, advertido en ese gesto cotidiano y aun desde mi entrada al camarote. Algo peculiar fue pasando. ¿Cómo explicarlo? al mirar mis cosas las sentí ajeno a mí, como si hubiese dejado de tener su importancia o no fuera necesario poseerlas. Los observe en una tentativa de familiarizarme. En realidad necesitaba congraciarme con mi propia vida, con aquello que le dio significado cubriendo mis necesidades. Todo y nada parecía mío. Las cosas en su causa y efecto se movían a mí alrededor. Nada en su condición natural había dejado de ser ni funcionar, salvo yo, durante esas horas. Algo había cambiado en la atmósfera que me hizo sentir usa penosa sensación de cautiverio dentro de ese mole flotante. No era pesimismo. Sino me transporto a una redención de mí ser a planos más austeros, donde yo fluía a sus latitudes. Tuve el creciente deseo de escuchar música, donde el sonido de sus instrumentos –el órgano, el arpa y los oboes- cautivara. ¡Como sentí mi limitación! No tener el como llegar a las profundidades, sondear, descubrir una criatura como Legaña, hermosa, tangible, casi humana…
Pero todo era vana ilusión. La realidad me enfrento. Debía centrarme en lo objetivo, los pasos a seguir. ¿Cómo era lógico actuar? Por un lado tiraba la espera de posibles acontecimientos. Por otro recelaba de mi firmeza de sostenerlo, sujeto a la necesidad de compartir un suceso de tal magnitud ¿Cual era la opción? ¿Revelar su aparición? ¡Demasiado inverosímil para ser tomado en serio!. Aunque dispusieran escucharme ¿Cómo probarlo? Cabía pensar fuera descubierta. ¿Cual sería su actitud? ¿Dialogaría con todos? ¿Desaparecería? ¿Cuál variación tendría la situación? ¿Cual sería la reacción colectiva de la gente? ¿Cómo afectaría sus vidas? Pero recordé aquel pasaje de su mensaje:
“No hablo a tus odios físicos, sino a lo íntimo de tu ser….”. “No es mi deseo ellos me vean..”
Otra vez aquel enigma. Si su intención fue llevar a cabo un encuentro visual ¿Porque su “anonimato”? ¿Cómo explicar aquel arriesgado acercamiento donde se expuso a ser descubierta? Su presencia no se registró en minutos, a juzgar por la hora que salí a cubierta y luego la avisté, Legsana debió rondar las dos horas nadando sobre la superficie. Un tiempo prudencial, demasiado quizás. Pero lo inverosímil fue su acercamiento. No pareció ser vista. Era lo más desconcertante. Por la inmensidad oceánica era difícil confundirla. Pero aparentemente nadie la descubrió. Me rendí ante a la evidencia. Algo inexplicable y misterioso ocurrió. No quedo pensar otra cosa. Aún resonaba dentro de mi esas palabras: “Legsana te vera a ti cuando sea necesario”. ¿Entrevió otro contacto? ¿Cuándo sucedería? ¿Seguiría tenazmente nuestro rumbo? Mi intuición alerto. Venia de mis foros íntimos. En aquel viaje podrían ocurrir cosas de los que fuera su único testigo. Pero algo sostuve, mi persona no fue causa final de su aparición, existió un objetivo oculto, algo que tal vez jamás llegaría a esclarecer. Era evidente debía sujetar mi loca ansiedad. Lo importante era repasar lo sucedido. Debía registrarlo ¡Dios! ¡Nada podía ser dejado al azar! Abrí el cajón del escritorio y saque el libro de actas de tapa negra: Mi diario de viaje. Lo miré pensativo. En un impulso incontenible, comencé a escribir con fervor, casi con desesperación. Sería mi refugio en aquel impredecible viaje. Esas primeras febriles anotaciones, fue cuanto sé leyó hasta ahora. Sin embargo fue un principio e ínfimo en comparación a lo que “sobrevino” después. Pero las sorpresas no finalizaron ese día, y mi equilibrio sensitivo, humilde y humano, volvió a ser sacudido In Profundis esa noche, cuando ocurrió “aquello”…

 

José Revello

(Fragmento de: “El llamado del abismo”)
Hecho el depósito legal que establece la ley 11 723. 
ISBN: 978-987-704-107-1)

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