REVELACION DE UN CRESPUSCULO DORMIDO – Fragmentos de: “Similitudes del tiempo” / José Revello

José Revello

REVELACION DE UN CRESPUSCULO DORMIDO

Ya era hora del crepúsculo. Del cielo los últimos vestigios de claridad caían del firmamento, su fulgor agonizante, se perdía en el horizonte abierto, inmenso, siempre infinito y casi dormido. Tenues sombras parecen asomarse, imperceptibles, soberanas, anunciando la prontitud de la noche. Todo se congeniaba en murmullo de una brisa que en su camino roza una tumba que se imponía a la eternidad. De pronto el revoleteo libre de unos pájaros, se atrevió a romper el silencio, (porque estaban sumidos en sus pequeñas vidas, a ese silencio también llano de magnitud), volando, buscando en las alturas su morada nocturna. Un viento comenzó a mostrarse resistiendo, balanceando sus vuelos. Más de ellos meciendo y agitando sus frágiles alas, son de lo inmenso. Todo en su ambiente predecía quietud… todo en su auge natural se apaciguó, hasta quizás perderse… por fin, allí había paz. Una paz casi escondida que aquietaba un momento los flagelos del mundo, mostrando de los cielos su existencia. Paz para que los sentidos del alma penetren en la entereza. Paz para que la fuerza inmutable de la naturaleza, sin tiempo, se conjugue en lo temporal y aplaque su furia…
Y ahí en esos paisajes bellos, pero para mí algo sombrío, del lado de la presencia en la ausencia de mi amada, procurando ser de esa naturaleza y en mí única esquina, solitario, comprender mi propia, callada y dolida naturaleza. Debo reunir coraje y decir lo profundo que siento, este amor por ti mujer que me desgarra pero que sin embargo consuela. Pero debo sacarlo, extirparlo, se lo debo a mi pobre corazón aunque, sea más que probable, rechaces en esa clase de amor, tan ardiente, y a su vez, madura y callada, verdadera. Se me quieres mucho y dignamente. También no será despectivo ni con sorna, aunque sea de mi dolor, se no lo deseas, conozco tu dulzura, esa espontanea risa que ilumina en su fresco encanto seduces y hacen amarte y más de uno, confundirse. Pero mi amor por ti no es confuso. Es dolorosamente cierto, remanso de un éter profundo, abierto y franco a los años, que no dejo de allanar mi dolor por sentirlo. Pero impredecible y sabio el amor aflora como magia, lo fue conmigo. No es por mí ser casi rendido. Bien sabes de mi turbación, del camino roto por las espinas. Lo se querida mía, lo sé, es solo mío. Es mi cuerpo mutilado por aquella accidental y trágica explosión que me llevo una pierna. Quemo cierta parte de mi cuerpo y malverso mi rostro. Me veo casi como una monstruosidad. Pero mi ser, mi alma está llena de ternura mancillada, pero aun así lo entrego. Pero yo sé, que no en lo profundo de mi callada ausencia, muy íntimamente lo sé. Me amas a tu manera. Me acompañas desde la verdadera amistad de los años. Y has hecho del sufrir de mis días un racimo del pequeño calor de tus propios días sin nada a cambio, solo un poquito para acunarme. Pero descubrí cuan hondamente te amo, te añoro mas no te necesito por el deseo, sino porque elijo vivir contigo por lo que eres simplemente. Pero soy un hombre que el espejo devuelve un cuerpo roto y aun atormentado. Más no es lo que quiero darte, sino confesarme. Mi ánimo y mi ser diario, aunque bueno y aun queriéndote, todo acompaña bajando la mirada. Pero hoy será el día final, un especie de juicio que libere las grietas de mi alma. Desde hace bastante tiempo voy armando la pared de mi coraje. Pero ya no más de hoy seré vena callada. Así lo decidí, no importa cual pozo se abra a mi único pie, pero será liberación y quizás, mi más grande llanto, pero vale la pena. Yo lo sé. Voy a confesarlo. Te lo diré, no sé de rectas palabras, será lo que mi voz exprese como alud postergado íntimo y cerrado, cuanto mi amor renace y es vida amándola… al menos en los sonidos que fueron distantes. Y después seguro me retirare, se el valor de mi coraje, pero también de mi dignidad. Quizás poco importe lo que digas. Nunca en mi será reproche. Seré sufriente, pero estaré liberado…¡¡Dios mío si ahí vienes!!… como tantas otras veces sonriente, te detendrás sin reparo a saludarme y conversar conmigo… ¡pero será el único momento!… ya no más silencio furtivos. Debo hacerlo… mi voz declarando porque liberar debo lo hondo tan guardado ¡debe ser mi corazón valiente y decidido… ¡Dios mío, si bella, fresca y sonriente ya estas a mi lado!…
Amigo que me escuchas. Mujer que tal vez me intuyes.
Yo no lo supe. No fui testigo. Pero hubo quien aseguró vio a un hombre sin una pierna, con muletas, de rostro marcado, llorar su emoción abrazado por una joven y bella mujer que no cesaba de besarlo, de consolarlo… de decirle cosas al oído. Con lágrimas amorosas salida de su igual emoción. Y dicen que así juntos, entrelazados, como racimo de la vida se acoplo la confesión ya compartida, aceptando esa mujer las hojas desechas cayendo de un árbol herido, y quizás, como rima de mágico verso…. se fueron perdieron por la ribera de un camino. Hubo quien dijo que juntos vivieron. Yo no sé. Pero eso dijeron las crónicas de las calles.

(Fragmentos de: “Similitudes del tiempo”)
Derechos de autor Reservados

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