Alfredo Trejos (Costa Rica)

Alfredo Trejos (Costa Rica)

 
Alfredo Trejos (San José, Costa Rica,1977). Poeta. Hizo estudios en Antropología y Filosofía en la Universidad de Costa Rica (UCR). Fue miembro del Café Literario Francisco Zúñiga Díaz y del grupo Enésima Silla. Mención de honor en el Premio per la Pace (Centro Studi, Cultura e Societá, Turín, Italia, 1996) y Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en la categoría de poesía en los años 2011 y 2017.
Ha publicado los poemarios Carta sin cuerpo (2001), Arrullo para la noche tóxica (ediciones de 2005 y de 2006, esta última en Ciudad de México), Vehículos pesados (ediciones de 2009 y de 2010), Cine en los sótanos (2011), Prefiero ver estática (2012), Riviera Paradise (2014), Crooner (2015); Antiguas Tareas. Cuatro testamentos parciales-Poesía reunida 2001-2011 (2015); Prusia (2017) y Sad Hill (2019).
 
 
 
POETA EN NUEVA YORK
 
A los poetas
no nos invitan a hablar
ante las Naciones Unidas.
 
Sería absurdo y perverso.
 
Pero si el mundo se vuelve
un lugar tan ridículo como para que lo hicieran
y fuera yo el elegido
y me pagaran el tiquete a Nueva York
y los tragos y un poco de sana diversión local
y un par de noches en el Waldorf-Astoria
y entradas al Yankee Stadium
durante las finales
y colirios y un cuello ortopédico
para ver los rascacielos y las strippers,
¿para qué diablos querría yo
ir a perder mi tiempo
a las Naciones Unidas?
 
El poeta es un mal embajador
de su infortunio.
 
 
 
ISABEL VARGAS LIZANO
 
Chavela Vargas entraba al templo de San Joaquín de Flores, revólver al cinto, junto a una quinceañera de ojos muy negros. Nos odió como país y como país la odiamos. Ahora está en el infierno y se sigue llamando Chavela Vargas. Embarrada de putas y crucifijos, su tormento es cocinarse en agua bendita. Aquí se dice su nombre secreto para ver cómo atardece el mundo. A dos tintas está impresa la hora del desgarro. Llueven sobre Coyoacán las mismas treinta monedas de ácido con las que le pagaron a Chavela Vargas un último corrido. Y Chavela Vargas se saca el ojo derecho para ver la mitad de lo que le duele. Porque con la mitad le basta.
 
 
 
EL CUCHILLO
 
Quien escribe con un cuchillo,
que duerma con uno bajo
la almohada.
 
Que espere con un cuchillo,
que beba con un cuchillo
junto a la botella.
 
Que hable con un cuchillo
entre los dientes.
 
Que asalte cementerios,
abastecedores, basureros,
que irrumpa en los sagrarios,
los quirófanos, las tabernas,
con un cuchillo.
 
Que haga el amor con un cuchillo
cortado por otro cuchillo,
pensando en un cuchillo,
afilando el más letal de los cuchillos.
 
Que sea un cuchillo.
 
 
 
CIUDAD DE DIOS
 
“¿De quién es esta tierra pétrea y lluviosa? De la muerte”.
Ted Hughes
Esta luna es la carta boca abajo
de lo que te digo.
 
Porque lo que te digo
es una pregunta invisible.
 
¿Es esta la herida,
es esta la huerta de sangre
que nace de mi boca golpeada,
del martirio de mis venas?
 
Es que si no te veo conmigo
allá en el espejo al verme,
¿dónde estarán mis ojos,
dónde mis manos predecibles?
 
¿Dónde estará la ropa que cae
sin tu aprobación?
 
La luna así
es la carta en blanco de la baraja.
 
El as mudo, impertinente y vacío.
 
La tormenta eléctrica
que nos impone su color
sobre las sienes.
 
Y ver a la ciudad de San José
como un gran derrame de calles:
el lagrimeo de un suicida
que come una cucharada de plomo virgen.
 
Al fondo, “Perfume de gardenias”
en el bar La Victoria.
 
La modelito del Diario Extra
ensalivada de pies a cabeza
por un millón de cornudos
sin oficio y sin esperanza.
 
Debo ser prudente.
 
Escribo mal y me delato.
 
Escribo peor y estoy
en las listas de allanamiento
de la policía montada.
 
Me formo en las filas
de quienes toman instantáneas
de los balleneros que atraviesan
avenida 10, desde La Sabana
hasta el embudo coronario
de las más desafiantes cantinas
y las más oscuras y empolvadas salas de masaje.
 
Termino hablándote de una ciudad
que suele madrugar
sin grandes pecados en el horizonte.
 
Quizá en su desteñida bandera
habite el papel crujiente
de la papelería más impar del mundo.
 
Quizá el apocalipsis
elija a San José y no a Jerusalén
como su sede oficial,
como su capital extinta.

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