Pablo Narval San José (Costa Rica)

Pablo Narval San José (Costa Rica)

 
Pablo Narval San José Costa Rica 1982.
 
Estudió su primaria en la escuela Dante Alighieri y su secundaria en el liceo José Joaquín Vargas Calvo.
Próximamente iniciará sus estudios en filología clásica en la Universidad de Costa Rica.
 
Creador del ensayo “El silabario del poeta” (editado por el Coleccionista de Espejos 2012) que habla de los temas recurrentes en toda la poesía del premio Nobel santalucino Derek Walcott.
 
Tiene cuatro libros publicados: Cartas para Inventarnos (EUNED 2014), Aquí comienza el mundo (Estucurú Editorial 2018), La mosca en la cortina (EUCR 2017) y Al final del silencio (EUNED 2020)
 
Poemas suyos salen en la Antología Voces de América Latina segundo tomo.
Reseñas de sus libros han sido publicadas por la revista académica Subverso de la universidad Complutense de Valladolid. Y la Revista La Guardaraya de Los Ángeles California publicó poemas suyos en el 2016.
 
Dirige el colectivo Kinoglaz que se encarga de cultivar la literatura y el arte en escuelas, colegios, talleres literarios entre otros.
 
Ganador del premio Lisímaco Chavarría Palma (Costa Rica 2015) por su libro: Aquí comienza el mundo.
 
 
Poemas:
 
El niño cantor de Chelmno
A Simón Srebnick
 
En su garganta se dibujaba un ala,
en su melodía desgarró
a las telarañas de la soledad.
 
Lo oíamos a lo lejos
como un susurro de un pájaro perdido,
desde su canto buscaba
la casita blanca
que tenía en el corazón.
Iba destilando su encuentro infantil
con la voz enterrada de la tristeza.
 
Ya no le cabían
los hombres en la garganta.
 
En Chelmno su voz
nos unía al latido del alma perdida,
algo se dibujaba en nuestra sangre
cada vez que daba
las notas abiertas de su música,
y sobrevivíamos cada día, por su voz
linde que triunfaba encima del horno
y de nuestro miedo.
 
Por el río Ner
escuchábamos al niño cantor,
iba en un bote desaforado
por el agua turbia,
iba remando su nostalgia al aire,
mientras el oficial que iba con él
le obligaba a cantar
la canción de la otra patria,
la patria que nos mató
desde el nombre hasta los pies.
 
Al niño ya no le cabía
la muerte en la garganta.
 
Su corazón se confundía
entre los campos de alfalfa,
entre los campos de nuestras miradas,
pero su voz era un corazón
que destilaba mañanas.
 
El niño cantaba para sobrevivir
un día más en la lágrima,
era como una curruca muy lejana
que había perdido
su entusiasmo de reclamo.
 
El niño soñaba con una casita blanca
que le esperaba siempre en su voz.
Soñaba con un pedazo de asado,
con su propio reflejo en el río Ner
cuando en la mañana lo pescaba el sol.
 
Su canto nos cincelaba
el espíritu y la conciencia.
 
 
En sus canciones resucitaba Polonia,
y nos despertó la dignidad
de ser pájaros para siempre.
 
Al niño ya no le cabían los hombres,
ni la muerte,
ni los ríos en su música.
Su corazón en cada canto
era carne dura que lloraba,
un carbón que lagrimeaba
en las manos de aquellos días.
 
Aún te escucho niño por los tejados,
 
¿Aún seguimos como hombres y pájaros en tu garganta?
 
(Del libro La Mosca en la cortina EUCR 2018)
 
 
 
Canto XI
 
Cuando te vi dije:
Aquí comienza el mundo.
Desde aquí los primeros pasos
que le dieron al Edén su nombre eterno.
Aquí es el río con su niebla,
la forma extraña
de amar todo sin amarlo.
Aquí es donde comienza
la esperanzada mano del viajero
que escapó del infierno.
 
Aquí es donde Rilke dijo:
“Todo ángel es terrible”
y se acomodó la almohada del tiempo.
Aquí el centauro ordena
lo que debe suceder.
 
Aquí en Milena me detengo,
aquí sucedió lo que la rabia
de Cancerbero ignora:
que aún queda luz en el crepúsculo.
Esteban Bartolomé Murillo
pintó aquí a los niños
jugando a los dados
entregando su pobreza al azar
para seguir siendo un niño.
Aquí se guardan los odres llenos del vino
que no pudo tomar Jesucristo
en todos sus milagros.
 
Yo he de morir en el rictus de luz
de esta ciudad
ofrendándose a mis palabras.
 
Milena, calicanto secreto de Zeus
para construir el Olimpo.
 
Aquí comieza la diestra
de Dios padre todopoderoso,
el designio de mi camino
derramándose en el centro
de una bandeja llena de cisnes y paciencia.
 
En Milena comienza el mundo,
aquí me detengo.
 
(Del Libro Aquí comienza el mundo Estucurú Editorial 2018)
 
 
 
Pablo underground
 
Glug, glug,glug,
Yo soy la cerveza.
Yo soy el vino.
 
La noche medita
bajo los calcetines de una sombra.
 
 
La calavera es la máscara del silencio,
fuente oportuna de la verdad,
alma de todos los afueras
donde se comete el crimen de la luna
y los sombreros.
 
El telón se abre por arriba de mis ojos
y sólo me deja ver esta obra fallida
entre el duelo de mis huesos.
 
Se escucha la canción maldita
que devora mi sangre:
Una furtiva lágrima…
Soy el duelo,
soy el canto dentro de mí que me mata.
 
Soy la cerveza,
soy el vino.
 
El Diablo va moviendo las trenzas inauditas del alma
y desciendo más y más
a otra luz que no quiero.
 
Soy joven
y me quemo,
soy fuego
derritiendo el vidrio de mí encuentro.
 
Glug,
glug,
glug.
Se acabó la vida.
 
(Del libro La mosca en la cortina EUCR 2017)
 

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