Marianela Arianela ALBÁN (Costa Rica)

Marianela Arianela ALBÁN (Costa Rica)

 
Costa Rica, abril 13, 1967.
Promotora/colaboradora de intercambios poéticos, incluyendo el Encuentro Internacional “Poetisas en Paraíso”, Costa Rica, 1999.
Encuentros: Mujeres Poetas en el País de las Nubes, México.
Talleres literarios: Círculo Poetas Costarricenses -Laureano Albán; Poiesis -Ronald Bonilla; Portal Literario Hojas sin Tiempo -Leda García.
Antologías/revistas: Costa Rica, México, Argentina, Brasil, Nicaragua, España.
Publicaciones oficiales: Árbol de tus manos (1998), Mar de día–Mar de noche, Mas siempre Mar (2016).
Publicaciones autor: Cuadernillo de poemas, La llama triple.
Varios poemarios inéditos.
Recopilación continua: Luces del camino.
 
 
 
PROFECĺA
 
Llueve tanto y tanto
hacia los caminos por volar.
Es un vértigo que no recuerdo
porque el musgo dejó de crecer
cada mañana, como un bebé dormido.
Llueve y reconozco la sed
en cada piedra:
huérfano que tartamudea la vida
pero que sabe volar hacia el enigma.
El cielo cae despacio
en sus indescifrables gotas
y yo soy un remanso…
un remanso para siempre.
 
 
 
EL ALELUYA DEL ESPEJO
 
Desde este espejo
me parezco más a mí.
Me descubro crecida en cada cana,
cascada de amaneceres
que Dios me regaló
en cada sueño y piedra que he encontrado.
En cada surco soy como un pan bueno
amasado en aleluyas de Haendel
y en cada uno camino
los caminos que caminé.
 
Me gusta tener siempre
este espejo mirándome
y diciéndome que me amo…
 
La tersura del poro
que he sido en esta gloria acrecentada
del ciclo que sube y sube a mis manos
que el universo marcó en el gene.
Y veo al poema nacer y morir y nacer
en el centro adolorido de mis ojos
para que yo me alegre, ‘
para que yo sufra.
 
Desde este espejo
estallo en mis luces… y no muero.
 
 
NADA ERA INDISPENSABLE
 
“Porque el dolor todo lo rompe y hace renacer todo.”
MTA
 
Nada,
absolutamente nada era indispensable.
 
Las nubes cubrían el mismo cielo
sin desteñir mis ojos
y los versos siempre salían volando
con su don de milagro germinado.
 
Nada era indispensable
porque mis hortensias tenían su raíz
como el alma más arrasadora del universo
y porque mis reinas de la noche
bailaban sus aromas de siempre
sin disimulo en los atardeceres de siempre.
 
Nada era indispensable
porque mi gatita gris-amor
como una perla atesorada
seguía maullándome a mí
sin faltarle otra mano
en la curvatura fiel de su pelaje.
 
Después de que las piedras
inundaron la casa con su traición
invalidada por la mentira incauta
y después de que el dolor
arremetió contra todas las lágrimas posibles,
se reinventó el amor
en todas las cosas indispensables de la vida.
 

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