Luissiana Naranjo Abarca (Costa Rica)

Luissiana Naranjo Abarca (Costa Rica)

 
Tiene una Maestría en Administración Educativa, estudios en Lingüística, Arte y Periodismo. Ha gestionado talleres de Literatura con privadas de liberdad, niños en riesgo social, mujeres indigentes y con cáncer. Es escritora, educadora y promotora cultural.
 
 
HUMANÚMERO
 
La vida se endurece como el pan de hace tres días,
uno no sabe si botarlo o
hacerlo migas para los pájaros que nos recorren el abandono,
porque todos tenemos algo que ya no sirve:
las recetas de nuestras propios vicios,
los amores que se alargan sin desearse más por ser rutina y rastrojo,
los armarios llenos de inconsistencia,
las miles de preguntas que me resumen la actualidad.
 
¿Si mi hija hubiera nacido en Ayotzinapa y la sintiera perdida?
Correría por las calles como loca inventando oraciones de sacrificio a
todos los dioses.
 
¿Si compro peluches del ébola/ virus como si todo fuera un juego de
espacios geográficos? ¿O el cobid como un juego de azar?
¿Si hubiese sido mujer en Irán y alguno de todos me agrediera, iría ya
con la soga de la indefensión?
¿Si digo patria por decirlo en el cementerio, desde un púlpito o en una
asamblea general, dormiría para siempre en los rostros de los
minoritarios?
La poesía me resuelve todo,
-migas de pan que debo recoger-
o panadera de universos.
 
 
 
NO LA SUBESTIME
 
“Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte” –  Nicanor Parra
 
La poesía tiene aroma de zacate de limón,
revierte,
despierta,
anula,
contradice,
palpita,
atraviesa,
demuele,
crece en la desesperación,
apoca el miedo ser del solitario,
convierte,
teme,
valida,
a veces solapadamente cursi,
renegada,
abstracta,
larguísima de asfixias,
o cortita de remilgo abrazo,
carburada,
encendida,
con golpes de tambor o címbalos.
Puede ser tan Poe con sus misterios del aire y del cuervo que habita
descalificado
o puede ser tan Nicanor Parra donde la vida diaria tipifica la especie
humana con su abrupta manera
de verla con asco, tedio y demolición,
pero tan poesía, sin líneas ni mediciones,
solamente escrita para vivir dentro de sí.
 
 
 
AUTOBOMBO
 
Claro, decirse poeta a todas horas del día
como si fuera una memoria desperdiciada,
hoy, llena de un mes cualquiera,
con la costumbre de leer diarreas emocionales,
veo cuchillos de mesa en una soda barata,
pinturas de monotonía que llenan los vicios de vivir,
que el perro acaricia la soledad,
que el gato nos dice de falsos ronroneos poéticos,
que la mesa es alcahueta de los decires del borracho,
del luminoso,
del frívolo que se aterra jugoso de elementos vacíos.
 
No importa,
seguimos con los bramidos y la rutina.
 
Es pasajero eso de decir ¿qué es el amor?,
el amor es nada,
nada de lo que creemos,
más de lo que el espejo juzga,
más de nada que de imposibles,
mi madre, mi hija,
mis cuatro amigos,
leves y honestos cuando me abrazan, eso,
es la disposición
junto al mar,
en toda orilla vertiginosa,
eso, es decir algo cuando encuentras sentido a la sal,
a la incomodidad de otros,
a la peste del inconforme,
a la hipocresía constante de la maldad que existe,
¿cómo negar su daño,
iracundo,
postrado de utopías
para jugarse el último partido con la inmortalidad?

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