SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS – OCTAVO FRAGMENTO / José Revello

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

OCTAVO FRAGMENTO

 

 

José Revello

José Revello

 
Durante estas explicaciones de mi viejo amigo, durante esas nutridas tardes, algo preguntaba. Pero más atendía y seguía mis apuntes en esas pausas que él se daba de vez en cuando. Don Genaro siguió de esta manera su relato
“hace 800 millones de años, asistimos a la inauguración de la primera gran Era terrestre: La edad del surgimiento de los continentes. Después de la condensación de la hidrósfera de la tierra, primero en el océano mundial y después en el pacifico (conviene tener en cuanta esta última masa de agua cubría las nueve décimas partes de la superficie del mundo). El fondo del océano era cada vez más pesado, tanto por los millones de meteoros caídos como por el peso del agua que en algunas áreas alcanzaba los dieciséis kilómetros de profundidad. Así se fraguo el nacimiento de los continentes. Europa y áfrica surgieron del pacifico, al mismo tiempo que las masas denominadas hoy Australia. América del sur y el continente Antártico. Al final de este fantástico periodo, las tierras emergidas representaban casi un tercio de la superficie del mundo, formando un solo gran continente. Esta elevación de las tierras implico unas primeras diferencias climáticas. Elevación del suelo, nubes cósmicas e influencias oceánicas, son los principales factores de las fluctuaciones climáticas. El bode de la masa continental Asiática, por ejemplo, alcanzo un altura de casi 15. 000 metros. Si en aquella Era hubiese existido mucha humedad en el aire de estas grandes altitudes, el hielo habría hecho su aparición, adelantando las glaciaciones y alterando la historia en su orden geológico. Hace 750 millones de años aparecieron las primeras grandes brechas en el continente único de Pangea. Fue un gran hundimiento, de norte a sur, que termino por ser invadido por las aguas. Estas fallas prepararon el camino de la deriva de lo que más tarde serian América del Norte y del Sur y Groenlandia hacia el Oeste. Otra enorme fisura, esta vez de Este a Oeste, separo lo que, en el lejano futuro, llamaríamos África y Europa, arrancando Australia, la Antártida y las Islas del pacifico del continente Asiático. Y asi llegamos a la increíble finalización pero de otro principio. Hace ahora 700 millones de años, la tierra se acercaba a pasos agigantados a lo que debería ser las condiciones necesarias ideales para la prodigiosa “siembra “ de la vida. Esto es: la deriva continental proseguía implacable, el océano penetraba más y más en la tierra bajo forma de largos brazos, proporcionando aguas poco profundas, grandes lechos de ríos y bahías abrigadas, tan necesarios para el asentamiento de la vida marina. Y al tiempo nos situamos en 650 millones de años. Esa nueva Era fue testigo de otra escisión de las masas continentales. A raíz de esto los mares se extendieron mucho más y sus grandes aguas alcanzaron rápidamente el grado de salinidad necesario para el nacimiento de la vida en el temprano mundo. Fueron estos mares y los que les sucedieron, quienes fijaron los anales de la vida, tal como el hombre aprende a leerlos en las páginas de piedras conservadas, volumen tras volumen, conocimientos tras conocimiento, mientras las Eras sucedían a las Eras y las edades a las edades. Fue en estos mares interiores donde, finalmente, aparecería la asombrosa secuencia de la vida…”.”

 

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos de autor Reservados

 

 

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