Fragmentos de 240: “Mis tardes con Don Genaro” / José Revello

José Revello

SOBRE LA NOCHE DE LOS TIEMPOS
El tiempo del no tiempo

HISTORIA DE LA ETERNIDAD. (Formación decimal astronómica)

Fragmento-240

Serie tres: Mortales con potencial de fusión con el Ajustador. Todos los mortales fusionados con el Padre son de origen animal, al igual que las razas de la terra o Urantia. Comprenden mortales del tipo de un cerebro, dos cerebros y tres cerebros, con potencial de fusión con el Ajustador. Los habitantes de la tierra, somos tipo del intermedio o dos cerebros, siendo de diversas maneras –humanamente- superiores a grupos de un cerebro. Pero definidamente limitados en comparación con las órdenes de tres cerebros. Estos tres tipos de dote de cerebro físico, no son factores en la dotación del Ajustador de Pensamiento, del servicio seráfico, ni ninguna otra fase del ministerio espiritual. La diferencia espiritual e intelectual entre los tres tipos de cerebro, caracteriza a individuos que, por otra parte, son absolutamente semejantes en dote mental y potencial espiritual, siendo este diferencial mayor en vida temporal, y tendiendo a disminuir en mundos de estancia, a medida se los atraviesa uno tras otro. A partir de la sede central del sistema en adelante, la progresión de estos tres tipos es la misma y su destino final en el Paraíso, es idéntico.
Las series sin número. Según revelas estas jerarquías, estas narrativas no pueden de ninguna manera comprender todas las variaciones vivificantes de mundos evolucionarios. Nosotros sabemos,-en la tierra se ha desarrollado pero ocultado era sabiduría- a través de estos verdaderos conocimientos, que cada décimo mundo, es un planeta decimal o experimental, que fue el caso histórico geológico de la tierra. Pero nada sabemos de otras variables que puntualizan la procesión de esferas evolucionarias de series. Según ha sido revelado-prosiguió el sereno e imperturbable anciano-, existen diferencias demasiado numerosas para narrarlo -aun entre órdenes de criaturas vivientes- , así como planetas del mismo grupo. Pero esta exposición nos aclara diferencias esenciales en relación directa con carrera de ascensión. La carrera de ascensión, es factor importante en toda consideración de mortales del tiempo y del espacio. En cuanto a oportunidades de supervivencia mortal se aclaró esto por siempre: todas las almas de toda fase posible de existencia mortal sobrevivirán. Pero siempre y cuando, libremente manifiesten deseo de sentir, conocer y cooperar con sus Ajustadores residentes y exhiban, en algún momento, el impulso de hallar a la Diedad y lograr perfección divina. Aunque por seguro estos deseos no sean sino pálidos destellos de comprensión primitiva de «luz verdadera que ilumina a todo hombre que nace en el mundo». las jerarquías de Uversa, -apunto Don Genaro- no pueden sino exhortar a cada mortal de la tierra a buscarse “muy dentro suyo” y “hacia dentro” de sus espíritus. Ahí hallaremos verdadera fuente de la vida Eterna en su condición temporaria pero filtrante de limitaciones mortales.
6. LOS HIJOS DE DIOS POR LA FE
Las razas mortales -como hemos dicho antes- son representantes de la orden más baja de creación inteligente y personal. Nosotros -aun en soledad de las dudas- somos divinamente amados, y cada uno de nosotros, al paso experiencial del tiempo, puede elegir aceptar el destino certero de experiencia gloriosa. Pero no somos aún -por naturaleza- de orden divina. Somos ciertamente completamente mortales. Se nos considerará hijos ascendentes en el instante en que ocurra la fusión. Pero el estado de mortales del tiempo y el espacio es el de hijos de la fe, antes del advenimiento de amalgama final del alma mortal sobreviviente con algún tipo de espíritu eterno e inmortal. Es un hecho solemne y excelso, que estas criaturas tan bajas y materiales, como somos la especie de seres humanos de la tierra, seamos hijos de Dios, hijos por la fe del Altísimo.
Don Genaro rememoró estos pasajes bíblicos.
«Mirad, ¡cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios!». «A todos los que le recibieron les dio potestad de conocer que son hijos de Dios». Aunque «no parecería que fueseis» aún ahora «sois los hijos de Dios por la fe»; «pues no habéis recibido el espíritu del cautiverio para temer nuevamente sino que habéis recibido el espíritu de la filiación, por el cual exclamáis Padre nuestro». Dijo el profeta de la antigüedad en nombre del Dios eterno: «Yo les daré un lugar en mi casa y nombre mejor que el de hijos. Yo les daré un nombre perpetuo, que nunca perecerá». «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el espíritu de su Hijo».
Todos los mundos evolucionarios -continuo el anciano- de habitación mortal albergan estos hijos de Dios por inmaculada fe, hijos de la gracia y la misericordia, seres humanos que pertenecen a la familia divina y, por lo tanto, son llamados hijos de Dios. Nosotros, los mortales de la tierra, -según declaran estas jerarquías- tenemos pleno derecho a considerarnos a sí mismos hijos de Dios porque:
1. Nosotros somos hijos de la promesa espiritual. Hijos de la fe original. Nosotros habremos aceptado el estado de filiación. Creemos aun en ópticas diferentes, en la realidad de nuestra filiación con el universo, la “línea que tiende al infinito ” y por lo tanto nuestra filiación con la Deidad Causa-Centro-Primera se torna eternamente real.
2. Históricamente, según fuera revelado, Un Hijo Creador se ha vuelto uno de nosotros. Obtuvo su origen humano mortal por misterioso designio y derecho propio voluntario. Es nuestro “hermano mayor” de hecho y verdaderamente. Y si en espíritu, aun las diferencias raciales de historias, conceptos y crianzas territoriales y de generación, nos reconocemos, nos apreciamos en las diferencias y nos toleramos, no volvemos hermanos por la condición primaria física, realmente emparentados con la maravillosa epopeya humana de Micael de Nebadon, entonces en espíritu, también debemos ser hijos de ese Padre que nosotros tenemos en común y aun Padre Universal de todos. Pero es lógico esto llega a través de la curiosa voluntad experiencial de la comprobación, del conocimiento y las certidumbres de crecimiento interiores.
3. Somos hijos porque el espíritu de un Hijo ha sido derramado sobre nosotros, ha sido libre y certeramente otorgado a todas las razas urantianas o terrestres. Este espíritu por siempre –de una forma u otra- nos atrae hacia el Hijo divino, que es la fuente madre, y hacia el Padre Paradisiaco, que es la fuente de ese Hijo divino.
4. Por su divino libre albedrío, el Padre Universal nos ha otorgado la personalidad de criatura viviente pensante. Hemos sido dotados con medida de espontaneidad divina de acción de libre albedrío, que la Deidad comparte con todos aquellos que pueden volverse sus hijos porque es la fuente de crecimiento espiritual de conocimiento.
5. Dentro de nosotros mora la sublime “chispa” del átomo maestro. Un misterioso fragmento del Padre Universal. Y por lo tanto, nosotros –según veneran estas Jerarquías- estamos estrechamente emparentados con el Padre divino de todos los Hijos de Dios. De alguna forma se nos dice que llegaremos a trascender, conocer, personalizar y compartir el trato unificado con todas las ordenes regentes de Uversa y Nebadon.

(Fragmentos de: “Mis tardes con Don Genaro”)
Derechos de autor Reservados

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