A Gabriel Celaya por Silvia Ortiz

A Gabriel Celaya por Silvia Ortiz

A ti Gabriel Celaya saben fuerte los vientos
y ningún desacierto hubo en la vida de armadura
de palabras y sí hubo el manifiesto fresco
de conciencia innegable y se hablara día a día
hasta el fin de los faroles, se sumaran los pasos
de la conciencia fiera, pasos de la estirpe dorada,
dorada a puño bravo, desafiando los montes
y centinelas, queriendo matar lo vuestro, queriendo
morir de pena, fuiste verdad e incienso bueno
y no frenaron tu lengua.

A ti Gabriel Celaya en la fiesta
y frente a la muerte viva, la muerte frente
a la muerte muerta tuviste la dicha
de llamarte poesía y sin presagiarlo tanto
fuiste tú el emblema de poético cantar,
a ti yo te canto en escritos vanos como el mío
y los tuyos circulando la palma de las manos frías
frías de tanta espera, porque nadie hace nada
y se conturban las frentes y los ojos de reojo
de reojo mueren, de reojo cuentan las piruetas
de muchachos y la vida una ruleta de inmortalidad
rubor.

A ti Gabriel Celaya visitante de temores, anda
traza el camino que es tan fácil ser cobarde
y ya hay caminos bravos que de sonrisas callan,
maestro me visitan torrentes de caña brava
y bravísima sepultura y me impiden respirar
y si solo atino a escribir con los ojos cerrados
de tanta rabia por el pobre del camino y porque
el pan de cada día no se trunque en el altar
y aunque suene a comedia tiene hambre
el hombre y no solo de pan.

A ti Gabriel Celaya y por n vez confieso
que llevo hambre trozada y trozada
de tanta infamia, trozado el pecho
y maldita la inocencia, maldita la verbal
inocencia de esta existencia impura
en que crecen por allí los pastos,
en que se cuecen las habas verde al rojo
al recibir los golpes de pecados nocturnos
ante hombres que jamás rastrillaron
un ABC de confort.

A ti Gabriel, y Gabriel Celaya te llamas
y te llaman como hombre del perpetuo
socorro y de maldiciones verdades,
he aquí la maldición placentera
esa que pocos pronuncian con limpia
lengua, sin espantos de escandalo
alguno, Gabriel, Gabriel han de nacer
muchos que conserven tus ojos finos
y afilada enjuta el alma que no quiebre
la batalla y que no sucumba el ombligo.

A ti Gabriel Celaya que atrevido es
el hombre de llamarse otro poeta sin
saber de la parranda del barro y mojarse
los calzones de tanta peste maldita
en la sociedad de extravío, y qué será
la poesía sin ti amado Gabriel, qué será
de los campos desnutridos de malva, lluvia
y morena, qué será de los ronderos aplacados
en la sed de la justicia y de panfletos
morados y no de justos colores sino
de mofas y tirrias innobles de tantos ojos
tapados y el rabo del verso vendido
y servil de la inconciencia.

A ti amadísimo Gabriel, gran obrero
de la poesía viva es el nombre cantor
de penas que aceleran el pecho
y un martillero apuntando los telares
en que jamás sucumbiste, jamás
un quejido hubo, eran tuyos
los ojos, era tuyo el lamento herido,
y nadie reparo la bala, la bala de tus adentros,
porque la palabra mata como daga-daga
y la conformidad nos mata
y mira que mata bien.

Yo me aúno como sufren los espacios
de las calles y como callan y callan
los cobardes tinteros y los cobardes muerden
por pasaporte funesto de llamarse poeta
y la poesía muere y no porque muere de pena
sino porque la mataron en ruidosos versos
de mimo y de ausente el compromiso,
a ti Gabriel Celaya con la estaca de la pluma
yo te escribo para despertar los mares,
para acortar silencios enmudecidos, y cantar
los cantos en la lengua bravía y parir de veras
que de Gabriel se cubra el mundo y de poetas
duelan como el barro entre los pueblos.

Silvia Ortiz, EE.UU. 03.20.2019, 02. 25am.

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